Según los detalles iniciales del plan, los fondos serían distribuidos de acuerdo a las necesidades de cada país según el grado de afectación de la pandemia, mientras que el repago de estos préstamos se haría bajo las reglas de contribución establecidas en el presupuesto. Eso se traduce en que, países como Alemania y otros grandes contribuyentes al presupuesto comunitario estarían prácticamente garantizando el repago de la mayor porción de deuda que contraerían países afectados como Italia y España.
La noticia tiene un impacto especialmente simbólico, después de varios meses de desacuerdos sobre la emisión de los llamados coronabonos. El hecho de que Alemania acepte este compromiso es en sí mismo tan prometedor como inesperado. Sin embargo, el diablo está en los detalles. Aunque aún no se conocen con exactitud todos los particulares asociados a esta iniciativa, es probable que existan requisitos asociados a estos fondos en materia de niveles mínimos de impuestos, impuestos a los servicios digitales, entre otros. Bajo este esquema, Alemania podría virtualmente forzar a los países del área a alinear las políticas tributarias con las estrictas reglas fiscales promovidas por Berlín, con el objetivo de imponer pautas de disciplina fiscal en el área y, sobre todo, bases fiscales competitivas entre los países de la región.