El cierre de Garoña es el penoso anticipo a un deterioro de España como país potente y competitivo.
GRAVE RETROCESO PARA ESPAÑA
Golpe a la confianza para la demanda industrial: la pelota queda en el tejado del Gobierno de España
Redacción | Martes 21 de octubre de 2014
España desciende drásticamente en consumo de energía eléctrica pero, sin embargo, continúa teniendo una comprometida dependencia energética del exterior. Si España quiere crecer y parecerse a los grandes, no puede ni debe quedar atrás en este indicador fundamental del desarrollo del país y debe apostar por el consumo industrial y por el sostenimiento de un progresivo crecimiento en los usos domésticos, pero con una fiscalidad que no penalice el consumo ni la producción.
Garoña no se cierra por problemas de seguridad, era una central rentable pues los costes de su construcción habían sido ya amortizados hace tiempo. La central nuclear de Garoña fue desconectada a las 23 horas de este sábado pasado, 15 de diciembre, lo que para muchos analistas ha sido un grave retroceso en la apuesta que España debe acometer para lograr su autonomía energética y su capacidad productiva de energía para la industria y el consumo.
El cierre ha sido posible por el acuerdo del consejo de administración de Nuclenor el viernes pasado. En cualquier caso, el cese definitivo de la explotación, previsto para antes del 31 de diciembre, podría revertirse, si no se acabase promulgando el Proyecto de Ley de Medidas Fiscales para la Sostenibilidad Energética impulsado por el Gobierno que preside Mariano Rajoy, o si, una vez promulgado, las condiciones impuestas variasen sustancialmente respecto del Proyecto de Ley actualmente en trámite, y que será debatido en el Congreso de los Diputados esta semana.
Si finalmente se confirmarse el cierre, se pondría fin a 41 años de producción eléctrica. Garoña iba a ser desenchufada a finales de año, pero la posible entrada en vigor de la Ley puede adelantar el cierre para ahorrar 153 millones de euros en impuestos.
Santa María de Garoña fue gestada el 2 de marzo de 1957. La entonces Iberduero y la Electra de Viesgo crearon Centrales Nucleares del Norte S. A. (Nuclenor) para levantar la instalación. Actualmente pertenece a Iberdrola y Endesa. Con Garoña el régimen de Franco entraba en la modernidad y, además, en la era nuclear. Las obras comenzaron en 1966 y la estadounidense General Electric hizo el montaje del reactor. El más avanzado del momento en Europa, del tipo BWR-3, que funcionaba con uranio enriquecido. En 1970 el complejo fue puesto en marcha y el 2 de marzo del año siguiente fue conectada a la red.
El pasado marzo, el Foro Nuclear, que aglutina a empresas con intereses en esta energía, propuso ampliar en 20 años su explotación y que ninguna cerrase antes de 2030. Garoña tenía marcada su fecha de defunción para 2013, aunque el Gobierno anunció que prolongaría su existencia hasta 2019, realizándose las oportunas mejoras de actualización. Sin embargo, las eléctricas no van a poder mantener su uso si el Gobierno persiste en su nueva iniciativa legal, que hace inviable la continuidad de Garoña e incluso puede llegar a poner en peligro la continuidad de las demás nucleares españolas. No digamos ya de las proyectadas, que han quedado postergadas sine die.
Cierres previstos
Según el Foro Nuclear, diez años más tarde cerraría la cacereña Almaraz 1 y su gemela de Almaraz 2 en 2043. Las dos centrales de Ascó cerrarían entre 2042 y 2045; Cofrentes lo haría en 2044, Vandellós 2 en 2047 y Trillo, la más nueva, en 2048. Sin embargo, en septiembre, comenzó el principio del fin. El pulso que mantenían las eléctricas y el Gobierno por la renovación del contrato de explotación de Garoña condenó a la planta al cierre. Nuclenor fijó el cese de la nuclear en 2013, tal y como previó el anterior Ejecutivo socialista, pese a que Mariano Rajoy se había mostrado a favor de alargar su vida útil. A finales de noviembre, la presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear, Carmen Martínez Ten, anunció en el Congreso de los Diputados que la central dejaría de producir energía el 6 de julio de 2013.
El viernes el consejo de administración de Nuclenor anunció que la central era desenchufada porque, en caso de ser aprobada la Ley de Medidas Fiscales de Sostenibilidad Energética con su redacción actual, tendría que 153 millones de euros en 2013, por el nuevo impuesto que gravará la descarga final del núcleo tras el cese de actividad con 2.190 euros por kilo en los elementos trasladados a la piscina de almacenamiento.
Normas internacionales
El Consejo de Seguridad Nuclear prevé desmantelar Garoña según los parámetros del Organismo Internacional de la Energía Atómica, lo que puede durar entre nueve y diez años. Así habrá tres niveles de trabajo. En el primero será construido un almacén temporal y la piscina donde se depositará el combustible del reactor. En el segundo nivel serán desmantelados los edificios y el blindaje del reactor y se sellará el mismo. Los residuos radiactivos resultantes se almacenan fuera del emplazamiento. En el tercer nivel se sacará el reactor con su blindaje y se rehabilitara el emplazamiento.
De momento y aunque en los próximos diez años habrá trabajo en Garoña, ya se han levantado voces a favor y en contra del cierre. Entre las primeras está el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, que calificó la decisión de Nuclenor de "gran error" porque causa un "enorme perjuicio social y económico" y pide al Gobierno que analice "seriamente" la razón expuesta por las eléctricas.
Pocas centrales nucleares
Para la mayor parte de los expertos en energía, España cuenta hoy con pocas centrales nucleares para mantener el tirón de su crecimiento económico. La diversificación energética no ha conseguido suplir aún la demanda y, aún cuando existe un destacado comportamiento de algunas sostenibles, como la eólica, en momentos de puntas de necesidades, lo cierto es que entre todas las sostenibles juntas no han conseguido reemplazar a la nuclear. Y pese a que nuestro país es de los que más ha apostado por ello.
Actualmente se mantienen activas las centrales nucleares de Ascó I y Ascó II, Vandellós II (Vandellós I fue clausurada), Cofrentes, Trillo I, y Almaraz I y Almaraz II. Siete centrales nucleares en total, Garoña estaba entre ellas, lo que sumaban ocho.
Pero había otras nueve centrales proyectadas y en marcha, que han quedado paralizadas por la moratoria nuclear: Regodola en Galicia, Santillán en Cantabria, Lemóniz I y Lemóniz II en el País Vasco, Escatrón I y Escatrón II en Aragón, Trillo II junto a su hermana gemela, y las de Valdecaballeros I y II. Desmanteladas o en fase de desmantelación –puede tardarse más de diez años en desmantelar una central nuclear-, están las de Zorita y Vandellós I.
Un país vecino, Francia, cuenta con 19 centrales nucleares y 58 reactores nucleares instalados, una potencia que incluso le permite exportar corriente a quien se lo demande y lo pague. Alemania, por ejemplo, cuenta con 17 centrales nucleares, con una potencia de alrededor de 20.000 MW. El Reino Unido cuenta con 14 centrales en funcionamiento, pero un país como Italia, mantiene en marcha 12 centrales nucleares, incluyendo una en Sicilia y otra en Cerdeña para las necesidades insulares.
España no merecerá la confianza del exterior si no es capaz de garantizar una apuesta decidida por el crecimiento industrial, y la potencia de energía eléctrica es una de las condiciones. La pelota para el diseño de un plan energético nacional serio y competitivo, queda ahora en el tejado del Gobierno de España.