Padecer alopecia androgénica está marcado por múltiples factores, no solamente la predisposición genética, que ciertamente es importante en el caso de la alopecia en varones. El estilo de vida, además, cobra un rol fundamental en este tipo de alopecias, puesto que hay estudios que demuestran cómo el estrés juega un papel importante como detonante del comienzo de la calvicie.
Sabemos que momentos de estrés, como puede ser el fallecimiento de un ser querido, un post operatorio o incluso el momento de pandemia que estamos viviendo, precipitan el comienzo o la exacerbación de la caída en sí misma. El estrés no solamente produce alopecia androgénica, sino que también es un detonante para los efluvios o caídas autolimitadas, así como la aparición de alopecias autoinmunes, como en el caso de la alopecia areata.
En resumen, pertenecer a la raza caucásica y la predisposición genética que tenemos en Europa, y particularmente en España, hace que los países europeos estén en el top 10 de los países que sufren en el mundo más calvicie. A eso, como hemos dicho, debemos sumarle un estilo de vida cada vez más estresante.
Como hemos ido comentando, en el caso de los varones, la predisposición genética es alta, mientras que en la alopecia en la mujer está más relacionada con el propio estrés, los cambios hormonales, problemas endocrinos y, cómo no, con la menopausia.
La alopecia androgenética está causada por el efecto directo de una hormona llamada DHT, derivada de la testosterona, que produce un daño paulatino en el riego del folículo, produciendo a su vez daño en los capilares que riegan el folículo. Ese daño mantenido en el tiempo provocará que el pelo disminuya de grosor, es decir, que se miniaturice y que cada vez sea más fino, hasta el momento en el que el folículo por falta de riego termine muriendo.