La primera sesión en el complejo oropesino, cuyo terreno de juego ha sido puesto a punto para paliar la carestía de instalaciones propias del Castellón (más notorias ahora en Segunda A, al limitar el uso de Castalia para no dañarlo, ya que un mal estado provoca multas de LaLiga, como le ha pasado al Logroñés con el Nuevo Las Gaunas), se desarrolló bajo la atenta mirada del grueso de la dirección deportiva del club, la que ha cerrado una plantilla con 29 jugadores (14 fichajes), entre ellos Àngel Dealbert, Xavi Galván, Carlos Montesinos y Javi Rubio, la última de las incorporaciones en este departamento.
El protagonista de la sesión fue Arturo Molina, el último de esos 14 refuerzos, después de que Castellón y Levante cerraran la cesión del centrocampista ofensivo a una hora del cierre del mercado.
El murciano agradece al Castellón por haberle dado «la oportunidad de iniciarme en el fútbol profesional» en un «proyecto muy ambicioso». Molina se define como «un jugador bastante vertical y dinámico», que llega para aportar a un equipo que «tiene el estilo bastante definido, siendo protagonista con el balón». El centrocampista ofensivo viene de hacer gran parte de la pretemporada con el primer equipo granota.