Pertenecía, como yo, a un Partido, el PSOE de la transición, que hoy en día ya no existe, sino más bien su contrario. Pero este PSOE de hoy ha decidido utilizar el aniversario de su martirio “pro domo suo” y ha “orientado” los medios sometidos para que destaquen grandemente un único aspecto de su visión política: su opinión de que había que acabar con el terrorismo a base de diálogo con los terroristas y sus cómplices separatistas. Ese era, a nuestro juicio, un enorme error político y estratégico, probablemente ligado a su condición de hombre de bien y de humanista. Pero el político no tiene el deber de ser un santo ni un mártir, cosa que sí puede ser muy eficaz en cuestiones de fe o religiosas, el político debe imperativamente proteger física y materialmente el bien común, vida y hacienda, de la polis, de los ciudadanos, y tanto más contundentemente cuánto más virulento es el ataque del mal. Que el enfoque del malogrado y añorado LLuch es un gigantesco error político tiene una inapelable y dolorosísima demostración evidente: le llevó a su asesinato y ahora, “ETA en modo no cruento” y sus cómplices están en las instituciones y co-gobiernan.
Eran tiempos difíciles en los que se podía ser dubitativo, tal vez, pero hoy en día esto no se puede ignorar. Diríamos incluso que no se puede ignorar sin cometer un crimen de lesa sociedad. Otras sociedades que han coqueteado con el angelismo, el buenismo y el serafismo parecen haber aprendido la lección. Por eso reproduzco dos frases del Presidente Macron que deberían grabarse en mármol en los verdaderos demócratas españoles (cada día menos). Dijo Macron hace un mes: “La democracia es tan preciosa como frágil, hay que protegerla” y dijo, hace una semana, “Con los terroristas NO se dialoga”.
Añado yo, ni con los terroristas cruentos ni con los incruentos. ¿Nos aplicaremos el cuento, o es demasiado tarde?