Así, si uno no se atreve a jugar de verdad al Escape room, siempre se puede optar por que los que lo pasen mal sean ellos, los personajes de esta simpática obra, dirigida y creada por Joel Joan y Héctor Claramunt, en la que los protagonistas se atreven – alguno se lo piensa, pero se atreven – con un Escape Room bastante siniestro en el que sí, lo pasan realmente mal. Y en el que nos iremos dando cuenta poco a poco a medida que avanza la obra de que en realidad el verdadero Escape room que se nos propone en este juego teatral no tiene tanto que ver con escapar de una angustiosa habitación después de ir superando pruebas y solucionando acertijos más o menos ingeniosos, sino con otros asuntos más “profundos” y personales.
Pero que nadie se altere, que aquí lo profundo acaba resultando la mar de divertido. Porque está todo ello muy acertadamente planteado al mezclar un ambiente muy original –el de este juego tan de moda, con sus enigmas y sus cosas – con mucho sentido del humor, unas veces negro y otras no. Y porque todo lo que se cuenta se hace con bastante cachondeíto de por medio y con continuas referencias a la actualidad, sobre todo a la política, de las que algún partido político sale especialmente mal parado, todo hay que decirlo.
Para introducirse de lleno en el ambientillo que propone la obra, es clave conocer bien a los personajes, que son al final, por encima del espacio escénico, lo que prima en esta propuesta teatral. Conviene no desvelar mucho, pero podemos decir que Antonio Molero es Edu un buen tío que se lleva mal, muy mal, con los conflictos, y es quien decide liar a sus amigos para ir al Escape room y de paso presentarles a su nueva novia. Se trata de Marina, interpretada por Marina San José, una tía diez en casi todo y muy comprometida con los temas sociales, especialmente con la igualdad de género, a la que se le va viendo que es muy pero que muy diferente al resto…, incluso a Edu. Por otro lado está la parejita ¿perfecta? formada por Ray (Leo Rivera) y Viky (Kira Miró), el primero un tipo más bien creidito que se irá desinflando a medida que avanza la obra; y la segunda, una actriz venida a menos (si es que alguna vez fue a más) que esconde unas cuantas cosas, pero que si algo deja bien clarito desde el principio es que ella, de profunda, nada de nada.
Con tal panorama, los cuatro intrépidos muchachos se van a acabar colando en la misteriosa casa de marras, sabiendo, para más inri, que está situada en un barrio en el que se ha cometido un asesinato pocos días antes. Pero cuando parece que toda la trama va a girar en torno a sucesos macabros, descuartizamientos, asesinatos nazis incluso, el texto es lo suficientemente hábil como para llevarnos poco a poco hacia otros derroteros, que tienen más que ver con una “escape” muy personal, con la necesidad que tenemos cada uno de sacar lo bueno y lo malo que llevamos dentro. Es decir, de salir pitando del propio yo, que es lo que la final les acaba sucediendo a estos sufridos personajes.
Escape Room
Teatro Fígaro de Madrid (Calle Doctor Cortezo, 5)
Dirección: Joel Joan y Héctor Claramunt
Reparto: Antonio Molero, Marina San José, Leo Rivera, Kira Miró, Ferrán Carvajal