Hace unos días, el líder de Unidas Podemos llevó a cabo un movimiento de tablero de ajedrez que pretende conseguir tres victorias a un tiempo. A saber: contribuir a dotar de mayor solidez al Gobierno de coalición de las izquierdas, convertirse en reconocido ariete contra el “neotrumpismo” de Isabel Díaz Ayuso y forzar de facto la unidad de acción de toda la izquierda avalado por unos buenos resultados electorales. La decisión de abandonar el Gobierno de España para ser candidato ha sorprendido a propios y extraños, consiguiendo agitar las aguas, provocando reacciones que van desde el hostil histerismo de tertulianos hasta la simpatía buenista, pasando por el escepticismo de los prudentes.
Sea como sea, el secretario general de Unidas Podemos ha salido con fichas blancas y aceptado batirse en duelo electoral “a sable o pistola” con una versión del Partido Popular que se distingue por su ilimitada capacidad de faltar al respeto tanto a quienes no coincidimos con su ideario político como a figuras históricas de la izquierda española que desde las filas del PCE (Partido Comunista de España) y del sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.) se comprometieron con la libertad, haciendo gala de generosidad y ausencia de sectarismo para rubricar un decisivo pacto constitucional en 1978 que el líder espiritual de Díaz Ayuso -el “humilde” e “infalible” José María Aznar- ni votó ni se atrevió a votar en contra (se abstuvo) pero reivindica y monopoliza a la menor ocasión. Cuando Ayuso plantea de manera sectaria y tramposa la disyuntiva “O Comunismo o Libertad” plantea un insulto a la inteligencia y a la historia reciente de España que nadie que exhiba una visión responsable, conciliadora y tolerante hacia el otro -ese que Machado veía como el espejo y mitad irrenunciable de cada uno de nosotros cuando escribió: “Busca tu complementario que suele ser tu contrario”- respondería de un modo sanguíneo, injusto e irresponsable al grito de “O Libertad o Franquismo de Gomina y Polo Lacoste”, en clara alusión a la vestimenta propia de un nutrido sector de militantes del Partido Popular.
En cuanto al partido mayoritario de la izquierda española, el PSOE, la salida de Iglesias del Gobierno alivia de cargas al Presidente Sánchez y marca un punto de inflexión en la marcha de la legislatura. Sin duda alguna, los resultados electorales de los próximos comicios de mayo en la Comunidad de Madrid redefinirán el equilibrio de fuerzas entre el PSOE y Unidas Podemos, muy favorable a la franquicia española de la socialdemocracia desde que se formó el actual Gobierno de coalición. Así las cosas, Pedro Sánchez podrá optar entre apurar la legislatura en un clima menos tenso y más proclive al acuerdo multipartidario tras la salida de Pablo Iglesias del Ejecutivo, o volver a hacer una apuesta arriesgada recurriendo a una convocatoria electoral que ponga punto y final a la legislatura en curso. Esta última es una posibilidad que se ha estado barajando pero cuyo fundamento descansa en la idea de aprovechar un previsible revés electoral de Unidas Podemos para que su concurso en un futuro Gobierno no resulte numéricamente imprescindible, tal y como sucede en la actualidad.
Lo que ofrece pocas dudas es que el ya ex vicepresidente del Gobierno de España plantea una batalla social y electoral al “neotrumpismo” incrustado en la filas del Partido Popular y, sobre todo, en VOX como un cruzado dispuesto a disputar el control de las instituciones a la entente conformada por la derecha y la extrema derecha, tras la consolidación de la caída libre en las encuestas de la única opción genuinamente de centro-derecha (Ciudadanos). Le salga bien la apuesta o no, Pablo Iglesias es un conocido seguidor de las tendencias sociales, un populista de izquierda que sigue muy de cerca las evoluciones de los medios de comunicación social. Por eso ha lanzado un video de difusión masiva, portador de un mensaje claro y directo: él es el dique de contención frente a los partidos de derecha y extrema derecha. ¿Qué hay detrás de este ardid? Hacer que las elecciones madrileñas del próximo mes de mayo pasen de ser un episodio político más a escala regional a ser un capítulo clave de la defensa de los valores sociales de la izquierda (tal y como los entiende Iglesias) frente al auge de la extrema derecha de VOX y el repunte de un Partido Popular faltón con el discrepante, tramposo con la historia, sectario y que monopoliza un concepto de españolidad -bañado en castellanismo irredento y resabios nacionalcatólicos- representado por Isabel Díaz Ayuso, que saca de quicio a compañeros de partido moderados, hábiles e inteligentes como el gallego Alberto Núñez Feijoo. A priori, la estratagema ajedrecística del osado Iglesias persigue aglutinar el voto de la indignación contra el estado actual de cosas en una comunidad de Madrid marcada por sus altos niveles de desigualdad y por el extremismo ideológico neoliberal de su actual presidenta. Pero también quiere intentar una reconstrucción de Unidas Podemos a golpe de votos, cosechando buenos resultados electorales y situándose como referencia obligada en la batalla frontal y descarnada con el otro populismo, el de derechas, ya en su versión edulcorada (Partido Popular) ya en su versión más agria (VOX).
En un contexto estrictamente madrileño, da la impresión de que Pablo Iglesias no ha querido que su arriesgadísima apuesta electoral renuncie a borrar del mapa a Más Madrid. Parece que la presencia del líder de Unidas Podemos como cabeza de cartel complica, sobre el papel, las opciones de un Más Madrid cuyo instinto primario de supervivencia les ha llevado a no aceptar la propuesta de Iglesias de concurrir juntos a las elecciones, toda vez que nacieron de una ruptura fruto de las desavenencias irresolubles entre Iñigo Errejón y el autocrático politólogo y fiel seguidor de la célebre serie televisiva “Juego de Tronos”.
Pase lo que pase el próximo día 4 de mayo en las elecciones a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, si el líder de Unidas Podemos no obtiene los resultados esperados y el gobierno autonómico no cambia de signo político, el futuro del proyecto político que encabeza entrará en una profunda crisis que hará inevitable el análisis adulto y riguroso, la autocrítica profunda y la cirugía de hierro para evitar una debacle que anuncie la desaparición definitiva del mapa político español. En consecuencia, ¿ha visualizado el propio Iglesias que su movimiento era el único posible para intentar dar un giro radical a la tendencia a la baja del apoyo popular a Podemos y así revitalizar un partido que no termina de ver que a cierta edad es muy importante comprender que entre blanco y negro hay una amplia gama de tonalidades de gris? Ayuso in eam spem venerat se sine pugna rem conficere posse. Quo vadis Domine Paulus? La respuesta no está en el viento, sino en las urnas.