Es conocido que los vicepresidentes han de hacer, decir o insinuar lo que los presidentes no hacen, dicen o insinúan. Por lo visto, Calvo está en esa onda. Sus declaraciones, como suelen, a veces ligeras e irreflexivas y otras muy graves, en esta ocasión alarmaron. Leídas en Internet por un contertulio avispado, en principio consiguieron atención, después una afirmación rotunda:
- ¡Con la prensa cerca, Carmen Calvo es más peligrosa que una piraña hambrienta en un bidet!
- Vuelve a leerlas. - pidió alguien.
Y se leyeron: "Los indultos están cerca y pido al PP que no se enfrente a Cataluña". "La derecha no acaba de entender ni la historia de España ni los acontecimientos recientes". "La foto de la manifestación de Colón es la foto de la impotencia". Acusa, en Córdoba, al PP "de actuar contra Cataluña durante diez años ". Y la última, lo que declaró a La Vanguardia: "La única alternativa viable para Cataluña es normalizar las relaciones institucionales, parar la tremenda confrontación provocada por el independentismo y la derecha española, y estabilizar la situación".
Son reales. Y están publicadas. Por eso hay que repasarlas. Y calibrar lo que ha dicho como lvicepresidenta del Gobierno de España. Sus declaraciones, sean propias o por sugestión, mandato o delegación del Presidente del Gobierno, por estúpidas, falta de rigor y necias, hay que, primero, definirlas, para después rechazarlas y conducirlas, con su autora al lugar que merecen: La atención de los Órganos del Estado encargados de contrastar comportamientos con la Ley.
Para definirlas, repasemos lo dicho por Calvo: "confrontación provocada por el independentismo y la derecha española". No sabe, o no quiere entender que lo que ella ve en Cataluña y nos quiere imponer no es una confrontación de nadie contra nadie. Es la violación penada de unos delincuentes que dieron un Golpe de Estado que la Justicia española ha juzgado y condenado. Apelar a una confrontación, a la confrontación que define (independentismo contra derecha), es un sinsentido absurdo del que puede que (seamos benévolos con suposiciones casi ilógicas), intente sacar provecho. Por eso, y por estúpidas, hay que rechazarlas. Una vez hecho, para no entrar en una discusión que es irracional e inadmisible, y evitar que la sociedad pierda el tiempo y el respeto que pueda tener, aún, por la insensatez de según qué tipo de políticos, parece necesario encauzar el asunto a la única opción lógica:
Poner a Carmen Calvo, por lo que dice y hace, frente a la Ley.
Si no se hace y se tolera su posición, como Vicepresidenta del Gobierno de España o fuera de él, nuestro sistema de convivencia y la sociedad que formamos (España no, porque está por encima de estos avatares) pueden estar en un aprieto absurdo: En una situación pareja a la del incauto o incauta que somete sus partes pudendas al alcance de una piraña hambrienta en un bidet.