Fue en marzo cuando los esturiones viajaron hasta la pequeña localidad de Riofrío. Pronto, los ejemplares, de más de 20 años y cerca de 100 kilos de peso, se adaptaron perfectamente al agua que mana apenas a unos metros, en la Sierra Gorda de Loja, y el equipo de biólogos comenzó a estudiar cómo reproducirlos. Para la fecundación se escogen el semen y las huevas más fértiles, se realiza una reproducción controlada y, una semana después aproximadamente, eclosionan. En esos primeros diez días se alimentan de su saco vite lino y poco después de un crustáceo microscópico llamado Artemia Salina.
Cumplidos los tres meses empiezan a ingerir el pienso ecológico que comen todos los ejemplares. Cuando cumplan 15 años, a través de una ecografía se diferenciará los machos y a las hembras. Y éstas, a partir de los 20-25 años, podrán producir el codiciado caviar Beluga.
Carlos Cadenas, consejero delegado de la firma, celebra el logro: “ Ser capaces de reproducir la especie Beluga en cautividad, a demás de ser una nueva vía de negocio, cumplir con la misión de recuperar el ciclo de vida de los esturiones tal y como vivían en la Península Ibérica, significa compensar las pérdidas acaecidas tras la riada de 2018, cuando se perdieron más de 11.000 ejemplares