Análisis y Opinión

El fin de la era Merkel

ANÁLISIS DE FLOSSBACH VON STORCH

Por Julian Marx, analista de Flossbach von Storch

Redacción | Jueves 16 de septiembre de 2021
Uno de los puntos fuertes de la ronda de despedidas de la canciller alemana Angela Merkel fue cuando, a finales de junio, fue recibida por la reina Isabel de Inglaterra. Durante el reinado de 69 años de la monarca, ha habido 14 primeros ministros. Durante los 30 años de mandato del emperador emérito de Japón, Akihito, hubo 17 jefes de gobierno. En comparación, la República Federal de Alemania es especialmente estable. Desde que se constituyó en 1949 hace 72 años solo ocho candidatos han llegado a la cancillería. Merkel lleva en el cargo desde 2005. Junto con Helmut Kohl, ha aguantado durante cuatro legislaturas. Esto es motivo suficiente para dar un repaso a la era de Merkel, desde un punto de vista meramente económico. La canciller de la properidad, «Una economía fuerte posibilita la prosperidad de todos»: así lo afirma la canciller alemana en su página web angela-merkel.de. No sin razón: cuando asumió el cargo a finales de 2005, el crecimiento de Alemania era débil. El país había incumplido reiteradamente los límites de deuda del Tratado de Maastricht. La ratio de deuda se elevaba al 67 % del producto Interior Bruto (PIB), y no se vislumbraba cuándo dejaría de aumentar. La tasa de paro era elevada. Al mismo tiempo, la economía de algunos países como España y el Reino Unido iba viento en popa.

Durante las cuatro legislaturas de Merkel desde noviembre de 2005, la economía alemana ha crecido sobradamente un 20%. Anualizado, esto corresponde a un crecimiento real del 1,2% al año. Esto parece moderado en comparación con la historia de la República Federal de Alemania; solo su predecesor en el cargo, Gerhard Schröder, tuvo un historial aún más bajo.

No obstante, las tasas de crecimiento bajo los distintos cancilleres solo pueden compararse de manera limitada. La era de Konrad Adenauer a partir de 1949 se caracterizó por el esfuerzo de reconstrucción, con unas tasas de crecimiento elevadas en todo el mundo, mientras que el mandato de Merkel hubo una crisis tras otra. Por ejemplo, solo en los
años 2009 y 2020, el crecimiento mundial se contrajo en un 5,7% y un 4,9% respectivamente.

Aún es más notable la recuperación de las empresas alemanas en comparación con las de la EU. Por ejemplo, en 2005, un francés ganaba de media aproximadamente lo mismo que un alemán, mientras que, en 2021, será casi un 10 % menos (véase el gráfico 2). Aunque el aumento de las tasas de crecimiento raramente se debe únicamente a factores políticos, Merkel marcó un rumbo importante, especialmente en sus dos primeras legislaturas: por ejemplo, en 2007 se redujo la cotización al seguro de desempleo, se elevó el impuesto sobre el valor añadido y la edad de jubilación aumentó hasta 67 años. Además, el tipo del impuesto de sociedades se redujo del 38% al 30%.

Otro indicador para evaluar la evolución económica es la tasa de paro, que cayó de casi el 11% en diciembre de 2005 a un poco más del 4% a principios de 2021. Al mismo tiempo, la población activa en Alemania aumentó en casi seis millones de personas. En torno a la mitad de este incremento se debe a un retroceso del número de desempleados, lo que también se consiguió gracias a las reformas introducidas por el predecesor de Merkel, Schröder. Asimismo, la proporción de mujeres trabajadoras ha aumentado en más de diez puntos porcentuales desde 2005, hasta más del 70%, gracias, entre otras cosas, a la expansión masiva de plazas de guardería de la era de Merkel.

Por otra parte, el patrimonio de los hogares se incrementó entre finales de 2005 y finales de 2020 en un impresionante 76% hasta más de 7 billones de euros, lo que equivale a
aproximadamente un 3,8% anual. Más del 90% de esta cifra corresponde a un aumento de los activos financieros. Por lo tanto, en conjunto, durante los 16 años de su cancillería, la prosperidad de los ciudadanos ha crecido.

La canciller de la crisis

Elegida en septiembre de 2005 con una débil mayoría, la canciller, apodada «Miss Germany» por el periódico Bild tras su elección, tuvo que entrar en lo que The Economist llamó una «coalición no demasiado buena» con el SPD y recortar considerablemente sus ambiciosos planes de reforma. Sin embargo, hasta que estalló la crisis financiera, la tasa de desempleo fue descendiendo hasta el 7% aproximadamente.

A partir del 15 de septiembre de 2008, con la quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers, el estallido de la crisis económica y financiera reclamó su atención. Los bancos de todo el mundo se vieron en aprietos.

«Decimos a las ahorradoras y los ahorradores que sus depósitos están seguros», anunciaron Merkel y su ministro de finanzas de entonces, Peer Steinbrück, el 15 de octubre.

Esto calmó los ánimos, aunque seguía sin estar claro en absoluto en qué medida una tal «garantía de los depósitos» podía ser legamente vinculante. Ese momento puede señalarse como el del nacimiento de Merkel como «canciller de las crisis». Su generosa política fiscal habrá sido seguramente una especie de modelo para las crisis posteriores: «Podemos afirmar que, al controlar esta crisis [refiriéndose a la gran crisis financiera] hemos encontrado muchas respuestas a preguntas que, sin duda, nos ocupan en todo momento; por ejemplo, si el Estado puede o no intervenir en este tipo de situaciones de crisis y emprender una política económica activa. [...] Creo que está claro: no solo puede, sino que, en determinadas circunstancias, debe intervenir», afirmó Merkel el 8 de septiembre de 2009 ante los diputados del Bundestag.

Los nuevos órdenes de magnitud para combatir la crisis se convirtieron en un elemento permanente de los recursos a disposición de la canciller de las crisis: desde la Ley de Estabilización del Mercado Financiero en octubre de 2008, que, con un volumen de 500.000 millones de euros, era la ley más cara de la historia de la República Federal de Alemania, hasta el paquete de estímulo económico de la UE de 750.000 millones de euros para hacer frente a la crisis de la COVID-19.

Por otra parte, se impusieron de nuevo unos límites al gasto público en tiempos de bonanza. Así, con el freno de la deuda adoptado en 2009, la ratio de deuda pública se redujo a partir de 2012, hasta el estallido de la crisis de la COVID-19. El servicio de la deuda asciende a unos 40.000 millones de euros menos que cuando Merkel llegó al poder.

Europea convencida

Tras su reelección en septiembre de 2009, se acababa de elaborar el programa de coalición con el FDP cuando la elevada deuda pública de Grecia saltó a los titulares en diciembre de 2009. Los tipos de interés de la deuda pública griega se dispararon. Otros países periféricos de la zona euro estaban en riesgo de verse arrastrados en esta espiral de deuda. Sin embargo, Merkel se pronunció en contra de conceder ayuda financiera en el debate presupuestario del 17 de marzo de 2010. Argumentó que en el Tratado de Lisboa había una «cláusula de no rescate» (art. 125): los países que se vieran en dificultades debido a su elevado endeudamiento no debían esperar ninguna ayuda de los demás países de la UE.

Merkel cedió al cabo de poco tiempo, pero con la condición de que Grecia introdujera unas medidas de austeridad determinadas a cambio de las ayudas y que el Fondo Monetario Internacional (FMI) participara. El (primer) paquete de ayuda de mayo de 2010 incluía compromisos por más de 110.000 millones de euros. En caso de que Grecia fuera incapaz de incumplir sus obligaciones, Alemania perdería, en tanto que el mayor contribuyente neto de la UE, unos 20.000 millones de euros. Apenas la Canciller lo había hecho aprobar por el Bundestag, los tipos de interés de los bonos del Estado portugueses y españoles empezaron a subir. Por consiguiente, los jefes de gobierno de los países del euro acordaron poco después un fondo de rescate que se dotó con 500.000 millones de euros. El volumen de préstamos de la EFSF era inicialmente de 440.000 millones de euros, con otros 60.000 millones de euros aportados por el Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera (EFSM), que se financiaba con el presupuesto de la UE. Se allanaba el camino hacia una unión europea de pasivos.

Sin embargo, como las medidas adoptadas sólo podían contribuir a calmar el mercado de forma limitada, el Banco Central Europeo (BCE) también entró en un nuevo territorio.
En mayo de 2010, los guardianes monetarios decidieron el «Programa de Mercados de Valores», en virtud del cual el BCE compró bonos del Estado de los Estados del euro afectados por la crisis en el mercado secundario. Finalmente, el presidente del BCE, Mario Draghi, tranquilizó a los mercados financieros al asegurar en julio de 2012 que el BCE haría todo lo que hiciera falta para apoyar al euro.

Tras estos turbulentos años, Angela Merkel dejó clara la importancia que otorga a la UE y al euro en su comparecencia ante el Parlamento Europeo el 7 de noviembre de 2012:

«Lo importante es darse cuenta de que nuestra moneda común es mucho más que una moneda. Es el símbolo del éxito de la unificación pacífica y democrática de Europa. Es el símbolo de una Europa de libertad, prosperidad y progreso. [...] O perdemos todos, o ganamos todos. Nuestra postura común, señoras y señores, sólo puede ser: Queremos ganar y ganaremos juntos. Ese, en todo caso, es mi objetivo».

Promotora de la Unión de transferencias

La economía alemana iba viento en popa en el año electoral 2013 y Merkel ganó con holgura. Entró en coalición con el SPD. A partir de esta legislatura, la política económica se centró principalmente en una política de distribución. También se hizo hincapié en la gestión posterior de la crisis del euro: la revista británica Economist llegó a calificar a Merkel de «indispensable» para Europa.

En la UE, las ayudas continuaban. Con respecto al tercer paquete de ayuda para Grecia, Merkel zanjó el 17 de julio de 2015 ante el Parlamento federal: «doblegar nuestros tratados y reglas hasta que no valgan nada sería el fin de Europa como comunidad basada en el estado de derecho; pero abandonar a Grecia sería el fin de Europa como comunidad basada en la responsabilidad». En consecuencia, se comprometieron 86.000 millones de euros más en pagos del MEDE.

Al cabo de unos cinco años –incluidas unas nuevas elecciones y otra gran coalición–, Merkel inició, tras el estallido de la crisis del coronavirus y junto con el presidente francés
Emmanuel Macron, el Fondo Europeo de Recuperación «Next Generation EU»: un paquete de ayuda de 750.000 millones de euros de la Unión Europea (UE), que sacudía la «Europa como comunidad basada en el estado de derecho» mencionada por Merkel y reforzaba con contundencia la «Europa como comunidad basada en la responsabilidad».
672,5 de los 750.000 millones de euros se destinan al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR). Cabe destacar que, con 312.500 millones de euros, una gran parte del MRR se concederá en forma de transferencias directas. Sin embargo, a diferencia de la crisis del euro, la ayuda no está vinculada a ningún programa de reforma. La clave de asignación del MRR se basa en la tasa de desempleo, así como en el grado de colapso económico relacionado con la pandemia. Las estimaciones de la UE parten de la base de que España e Italia recibirán un total del 41% de las transferencias, y Alemania sólo algo menos del 8%.

El paquete de ayudas es, pues, una redistribución inducida políticamente dentro de la UE y el comienzo de la Unión Europea de Transferencias.

El gasto se financiará mediante un préstamo de la UE, que emitirá bonos con este fin. A partir de 2028, los Estados miembros deben pagar estas deudas de la UE a lo largo de
muchos años, hasta 2058. Para ello, la UE tuvo incluso que emitir una nueva decisión de recursos propios el año pasado, en base a la cual las contribuciones de los Estados miembros aumentarán significativamente en el futuro. Se trata de una novedad que representará una carga para las generaciones futuras y que es problemática. Por ejemplo, el Centro de Política Europea (CEP) considera que «la generación de ‘ingresos adicionales’ a gran escala es contraria al sistema de recursos propios previsto en los Tratados de la UE y a los principios fundamentales del derecho presupuestario de la UE». Desde el punto de vista económico, este mecanismo de la UE también se presta a controversias: si las promesas de pago en un futuro lejano de los Estados que necesitan las ayudas de la UE debido a su situación económica pueden declararse recursos propios para pedir préstamos, entonces, en el futuro, casi cualquier préstamo que deseara obtenerse podría justificarse mediante unas garantías dudosas.

La canciller de los grandes proyectos

Aunque en la era de Merkel se ha logrado elevar la prosperidad de los alemanes, la introducción de una unión de transferencias no será la única carga para su sucesor.

El tema de la jubilación se ha convertido en un proyecto de envergadura. Debido a la evolución demográfica, la pensión legal, conforme a la cual los cotizantes financian las rentas a los pensionistas, cada vez es más frágil. En la era de Merkel, lo único que ha mejorado su viabilidad es el aumento de la edad de jubilación hasta 67 años. Un informe publicado a principios de mayo por el Comité Científico del Ministerio Federal de Economía y Energía alemán concluía que para 2045, suponiendo que se mantengan el nivel de las pensiones y los mismos tipos de cotización, harían falta distribuciones federales adicionales por un valor del 23% del presupuesto para el seguro de pensiones. Esto supondría que aproximadamente la mitad del presupuesto federal se destinaría a sufragar las pensiones.

Además, Europa ha perdido terreno en términos de competitividad en comparación con Estados Unidos y Asia. La producción económica real de EE.UU. y China será significativamente mayor en 2021 que en 2019, mientras que esto no ocurrirá en la eurozona hasta 2022 como muy pronto.

Además, se tiene la impresión de que la digitalización ha pasado en gran medida por el «viejo continente» sin dejar rastro en comparación con otras regiones del mundo. Ni
siquiera 20 de las 100 empresas más valiosas del mundo siguen siendo europeas. Todos los gigantes tecnológicos que encabezan esta lista tienen su sede en Estados Unidos.

Un indicador que señala el menor poder innovador de Europa en el sector tecnológico. Todavía queda trabajo por hacer para el sucesor de Merkel. Europa y Alemania se enfrentan a inmensos desafíos económicos.

La excanciller ya esbozó una posible forma de dominar estos retos cuando se dirigió al Parlamento Europeo en noviembre de 2012:

«Hoy quiero recordarles un motivo básico, un motor de la unificación europea: la libertad, que es lo que hace posible una vida en paz y prosperidad. La libertad en todas sus formas libertad de expresión, de prensa, de religión y de reunión debe defenderse siempre. Sin libertad no hay Estado de Derecho. Sin libertad no hay diversidad ni tolerancia.

La libertad es la base de una Europa unida y decidida. Especialmente en la gran prueba que Europa tiene que pasar hoy, el poder de la libertad puede ayudarnos a sacar a Europa de la crisis con más fuerza. Porque el poder de la libertad ésta es mi convicción también nos da el valor de cambiar. Es precisamente esta valentía para el cambio la que debemos demostrar ahora para afirmarnos como Unión en la competencia internacional del siglo XXI».