Esta complicada situación probablemente hará que las conversaciones sean largas y difíciles. Los programas del FDP y de los Verdes son difícilmente compatibles: los objetivos ecológicos del FDP son los menos ambiciosos con la excepción de la AfD y los Verdes quieren más inversión y más flexibilidad presupuestaria. Al igual que en 2017, el FDP prefiere a la CDU y, los Verdes prefieren hacer negocios con el SPD. Como resultado, no podemos descartar la posibilidad de que ambas posibilidades de coalición arriba mencionadas fracasen por no haber un acuerdo entre los Verdes y el FDP. Eso crearía la posibilidad de una enésima Gran Coalición, pero con una posible ampliación que incluyera a los Verdes.
En cualquier caso, las conversaciones deberían dar como resultado un presupuesto ligeramente superior al del gobierno anterior. Sin embargo, la diferencia será probablemente escasa, ya que no hay posibilidad de una coalición de izquierdas y, por tanto, no hay presión para hacer más. Aunque el FDP es un aliado centrista del partido LREM de Emmanuel Macron en el Parlamento Europeo, su presencia en el Gobierno podría, paradójicamente, socavar la posición europea del nuevo canciller. La postura muy ortodoxa del FDP en cuestiones presupuestarias lo diferencia de sus aliados europeos y el partido también desató la polémica cuando su candidato en Turingia fue elegido temporalmente con el apoyo del partido de extrema derecha.