En el transcurso de la conversación, como si se tratase de un viaje organizado por Julio Cortázar, damos la vuelta al día en ochenta mundos y salen a relucir luminarias del balompié y de la literatura como Diego Armando Maradona y Yukio Mishima. Se nota que mi entrevistado ama lo que hace y hace lo que ama. Su faceta de periodista deportivo es sólo un vehículo de expresión para unos ojos que analizan el deporte como parte inseparable del teatro de la vida. Una vida que es una escuela y el fútbol una de sus aulas.
Deseo agradecer expresamente a Toni la gentileza de recibirme y sacar tiempo de una agenda que estos días está muy ajustada por la gira y la consiguiente ronda de presentaciones de su más reciente (y espléndida) entrega literaria: “El Historiador en el Estadio” (Principal de los Libros, 2021).
Todo. El estadio es un lugar de encuentro de individuos y colectivos. Es un foro de expresión de opiniones, sentimientos y emociones. El fútbol te marca, te foja como persona: es una escuela de vida.
A título personal, te contaré dos detalles. Mis padres se encontraron en Sabadell y, profundizando en su muto conocimiento, descubrieron que ambos eran socios del C. E. (Club Esportiu) Sabadell. Fíjate en cómo dos personas de orígenes geográficos diferentes (uno andaluz y el otro catalán) coincidieron en su afición por el fútbol. Con posterioridad, tuve la oportunidad de viajar con mi padre por toda España y el fútbol me dio la oportunidad de ensanchar horizontes, enriquecer mi acervo cultural visitando campos de fútbol de ciudades tan diferentes como Sevilla o Zaragoza. Allí pude prestar atención al comportamiento de los individuos y al de los grupos o colectivos a los que estos pertenecen.
Sin duda. En mi caso, además muy presente. Siempre he tenido la oportunidad de proponer a mis jefes temas en los que convergen el historiador y el periodista. Y, hablando de agua, el Club Natación Sabadell es un punto de referencia en mi biografía por ser un lugar de mención obligada a la hora de hablar de la historia de mi ciudad como foro de encuentro de culturas y orígenes.
Malaparte no tiene parangón. Fue un ser humano único, excepcional que, sin embargo, no tuvo relación alguna con el deporte. Siempre a contra corriente, sediento de polémica y con una necesidad irrefrenable de discutir. Él exponía lo que pensaba con suma crudeza (en ocasiones, sin tacto alguno) no sin caer en la arrogancia. Lo que me atrae de personajes de este calibre -pienso en Diego Armando Maradona en el plano futbolístico- es su capacidad para escapar de las redes del discurso oficial. No se limitan a aceptar un relato fraguado por los vencedores de turno.
Quizás, Jorge Luis Borges. Messi vive por y para el fútbol. Fuera de ese ámbito, no se le conocen aficiones o inclinaciones culturales alejadas de ese mundo que ama y domina como nadie. Y a su compatriota Borges le ocurría lo mismo respecto a su particular universo.
Sí. La bíblica historia de David y Goliat. Uruguay, un equipo muy modesto que nadie consideraba el favorito fue capaz de derrotar a la “todopoderosa” selección brasileña, que ejercía de anfitriona. Me parece una alegoría, un símbolo que evoca la justa derrota del más fuerte a manos de un oponente, a priori, muy inferior. Un símbolo que evoca el triunfo del talento humilde y esforzado que el capitán de aquella selección charrúa, Obdulio Varela, personifica a la perfección.
Verás, tu pregunta no es fácil de responder por la cantidad y variedad de perfiles más que interesantes que me evoca. Sin duda, Francesco Totti sería una elección fija por su actitud de anti-divo, dentro y fuera del terreno de juego. Es un hombre singular, muy especial, que en lugar de en italiano se expresa en romanesco. Un tipo que dijo NO a cuantiosas y tentadoras ofertas. Por supuesto, el anteriormente citado Obdulio Varela sería uno de mis elegidos y también el genio húngaro Béla Guttmann, que entrenó y condujo a la victoria en la copa de Europa al mítico Benfica de los años 60 en dos ocasiones. Su biografía es un mapa vital de la Europa de entreguerras y de la posguerra porque, como judío, lo pasó especialmente mal.
Delantero más bien malo, sin técnica (risas). En serio, procuro moverme por todo el campo. Tengo un temperamento futbolístico peleón y nunca doy por perdido un balón.
Ante todo, escribo textos para adultos. Procuro cuidar el relato desde su inicio hasta su conclusión con la intención de que permita a la gente entrar en otros mundos. Mi estilo de narrar está marcado por la cercanía, la proximidad. No puedo evitar pensar en quienes me van a leer porque soy un narrador de historias. El fútbol es un mero vehículo que me permite contar lo que veo y compartirlo.
Permíteme expresar un sueño en voz alta: que mi equipo, el C.E. Sabadell, vuelva a jugar en la Primera División española y que, de igual modo, regrese a las competiciones europeas (en su día, llegó a jugar la Copa de Ferias). El apartado de los deseos lo dedicaría por entero a desear un reparto general de salud y estabilidad.