Pues bien, hemos llegado a un punto en que la política española empieza a tener estos tintes. Por supuesto, no se producen actos cruentos, pero lo que está ocurriendo en el pasado reciente en España, empieza a rayar en material para una buena novela negra. Y me cuesta estar de acuerdo en algo con el Sr. Abascal, pero me parece que una moción de censura es más necesaria que nunca, aunque se pierda.
Felipe González protagonizó la primera moción de censura de la entonces reciente democracia española contra Adolfo Suárez, y por mucho menos de lo que está pasando en los tiempos que nos ha tocado vivir. Felipe perdió la moción a sabiendas de que esto iba a ocurrir, pero ganó las elecciones en 1982 dando un golpe de muerte a la antigua UCD que pasó de 168 escaños obtenidos en la elecciones de1979 a tan solo 24, cuando Landelino Lavilla se presentó a las citadas elecciones en el año 1982, y algo tuvo que ver la brillantez de la exposición de Felipe en su discurso en el Congreso dos años antes.
Sabemos que el Sr. Núñez Feijoo no es Felipe, pero si dejase de cometer los errores naif que ha cometido en la recta final de las dos últimas elecciones, a lo mejor se podría conseguir que Elliot Ness volviera a triunfar, esta vez en España y que se erradicasen para siempre unas prácticas que hieden y que desde luego no queremos nadie, salvo “ellos”, en España.
Lo de Escrivá cargándose el Servicio de Estudios del Banco de España porque no le gusta lo que dicen sus economistas (aunque sea verdad). Lo de Cuerpo queriéndose cargar la OPA de BBVA desde el minuto uno simplemente porque no le gusta, lo de Díaz metiéndonos 800.000 fijos discontinuos y 600.000 nuevos funcionarios para decir que el empleo va bien. Lo de Gallardo, retorciendo la ley para conseguir el aforamiento y evitar que se le juzgue en los tribunales ordinarios. Lo de Leire, a lo que sólo le faltaba el foco de luz sobre la mesa para recordarnos las películas de cine negro de los años cincuenta. Señores: estamos en una democracia representativa y no en la Sicilia profunda.
Así que, Sr. Feijoo, le toca mover ficha. Ya vale de líder blandito y conciliador. Es hora de una moción de censura y de que la prepare adecuadamente para evitar errores pasados. Le recomiendo que haga como hacía Felipe González, que en su primera intervención tocaba genéricamente muchos temas, pero se guardaba la artillería para su segunda intervención cuando le había revocado la oposición. Era sumamente efectivo porque dejaba a su oponente sin apenas argumentos.
Sr. Feijoo, ya no hay excusas. Esta no puede ser una moción esperpéntica como la que protagonizó Vox hace dos años. Esta debe ser una moción fundamentada y técnica, llena de datos económicos y sociales, no del “y tu más”; así que, no consulte a Tellado ni a Gamarra, sino a los técnicos que seguro que tiene en el partido y prepárela a conciencia. No lo digo por Vd., sino por lo que nos supone a todos los españoles. Dos años más así, puede ser peor que lo que les espera a los estadounidenses con Trump. Sánchez no está tan fuerte como él cree.
Dígales a sus técnicos que ataquen por donde más le puede doler, a saber:
Y en ningún momento le habríamos hablado ni de Begoña, ni de Koldo, ni de Ábalos ni del Fiscal General, que es lo que el “Don” se espera. Hay argumentos suficientes para desmontar el discurso del ínclito sin recurrir a asuntos de papel couché.
De verdad, Sr. Feijoo, no es que quiera ayudarle porque sí, es que España lo necesita. Tenga en cuenta que ese ego, ese narcisismo, esa arrogancia es lo que le puede hacer caer. Pero los españoles le necesitamos. Después, en caso de ganar y si quiere, convoque elecciones y deje al pueblo que hable, porque tampoco tendría la mayoría parlamentaria necesaria para gobernar; pero lo importante, por simple sanidad democrática, es sacar de las instituciones a los que las utilizan para su propio interés y no para el bien común de todos los españoles.
Si hace esta moción de censura, aunque no la gane, a lo mejor consigue gobernar en breve y sin Vox. Si lo hace bien, y además cesa de una vez a Mazón, puede convertirse en la versión española de Elliot Ness en el siglo XXI. Y ya verá como cuando el “Don” ya no mande, se rompe la omerta, y nos empezaremos a enterar de muchas cosas más que hasta ahora han conseguido que no salgan a la luz.