Economía

El capitalismo ¿obstáculo o ventaja para lograr la Prosperidad Mutua?

Marzo propuso el final de la supuesta explotación social mediante la promoción de la violencia a través de la "lucha de clases", algo ilógico que generó aún más violencia.

· El mundo del siglo XXI aparece hoy sumergido bajo una nube oscura, que no nos deja ver la luz de los avances que se han logrado en la era cristiana

Enrique Sánchez Motos | Jueves 04 de septiembre de 2025

En especial, en el pasado siglo XX, se ha dado un gran progreso económico y social, impensable en los siglos anteriores. En él, consciente o inconscientemente, se ha puesto énfasis en la prosperidad mutua, y se han alcanzado logros increíbles, no solo en el desarrollo de los sistemas de democracia y participación ciudadana sino también en la productividad económica, en la elevación del nivel de vida general, en el incremento de la clase media y en la creación y extensión a toda la población de servicios hoy considerados básicos.

(Acceda aquí a la segunda parte de este artículo >>> https://www.elmundofinanciero.com/noticia/123197/economia/el-capitalismo-obstaculo-o-ventaja-para-lograr-la-prosperidad-mutua-parte-ii.html )



Claro ejemplo de ellos lo tenemos en el reconocimiento de la educación universal como derecho, así como en la generalización de la asistencia sanitaria. Los modelos que se utilizan para ello son muy diversos, unos centrados en lo público, otros con mayor o menor involucración del sector privado en su prestación. Sigue abierta la discusión sobre cuales ofrecen más calidad y cuáles son más eficientes económicamente, ya que los servicios de educación y sanidad, como todos los servicios, tienen un coste que debe ser racional y sostenible.

Igualmente ocurre con la prestación de aseguramientos ante la vejez o ante circunstancias de desempleo que, más allá de su coste requieren el establecimiento de la corresponsabilidad de los ciudadanos, para que las prestaciones cumplan su propósito y para evitar que se utilicen de forma deshonesta y tramposa.

Todos esos servicios, junto con los crecientes niveles de vida, contribuyen a generalizar el principio de prosperidad mutua, como un valor clave para la creación de un mundo de libertad, justicia y fraternidad. ¿Quién lo hubiese creído posible hace 200 años? Nadie. ¿O incluso a principios del siglo XX? Casi nadie. Sin embargo, se han hecho realidad. ¿Por qué renunciar a creer que se pueda ir más lejos? Son avances hacia la prosperidad mutua, hacia la consideración del mundo como una gran familia. No tiremos la toalla. Hay que creer con racionalidad que se puede seguir avanzando.

En aras de la Prosperidad Mutua, es forzoso hacer referencia al marxismo, la importante ideología que postuló desde 1848, una revolución económica y social, que parecía muy completa y racional, constituida por cuatro grandes e inseparables bloques. Primero, un concepto ontológico del ser humano como mera materia evolucionada. Segundo, una explicación del origen del bien y del mal, atribuido a la aparición de la propiedad privada de los medios de producción (tierras, fabricas, maquinaria, etc.) Tercero, un método de progreso, la dialéctica marxista de enfrentamiento a muerte entre el pueblo llano y los detentores de los medios de producción. Cuarto, una interpretación de las etapas de la historia como resultado de ese enfrentamiento, de esa lucha entre clases, que fueron pasando de la sociedad esclavista, sociedad feudal, sociedad burguesa capitalista, y que pasarían a la sociedad socialista y finalmente a una idílica final sociedad comunista, plena de libertad en la que no habría lugar a alienación ni explotación alguna.

Su aparente solidez ideológica, el contexto revolucionario y el uso de la fuerza armada, llevó al marxismo al poder en 1917 y, en el siglo XX, se impuso, como dictadura del proletariado, a un tercio de la humanidad y de los territorios del mundo. Sin embargo, hoy es innegable el fracaso de sus intentos de crear esa idílica sociedad comunista.

Dado que este artículo se centra en la Prosperidad Mutua, vamos a limitarnos tan sólo a una breve crítica a la propuesta económica marxista.

La gran obra de Marx y Engels se denomina EL CAPITAL, obra de un millón de palabras, que muy pocos han leído y que, sin embargo, durante mucho tiempo, y aun hoy, ha sido alabada como una gran obra científica que ponía al descubierto la naturaleza explotadora del capitalismo, el cual por el solo hecho de existir exprime siempre al trabajador y lo lleva a vivir en la más absoluta miseria, dándole lo mínimo para vivir y reproducirse, para que siempre haya mano de obra barata.

Por razones de brevedad, no vamos, en este artículo, a describir los errores y las conclusiones equivocadas de EL CAPITAL, pero afirmamos que considerarlo científicamente fundado es insostenible, ya que cuando el propio Marx da ejemplos, en EL CAPITAL, del comportamiento de las empresas de su época respecto al incremento de salarios y la reducción de jornada, contradice sus teorías claves, las del valor trabajo y la de la plusvalía.

A ello hay que añadir el innegable fracaso de las teorías marxistas cuando se han puesto en práctica. Baste con señalar que China, desde 1978, con Deng Xiaopin, abrió paulatinamente la puerta a la propiedad privada, y especialmente al explotador Capitalismo Internacional. De hecho, el desarrollo económico actual de China se fundamenta en haber abandonado las tres grandes bestias de Marx: la propiedad privada, la iniciativa privada y el mercado libre. En palabras precisas y contundentes: China ha tirado el famoso libro EL CAPITAL de Marx y Engels a la basura.

Sin embargo, la izquierda marxista, con el apoyo financiero de la extinta Unión Soviética, dedicó ingentes cantidades de dinero a promover sus falsas doctrinas y lo hizo con éxito, en especial en el mundo de la intelectualidad, la universidad y los medios. Logró así que los ideales de justicia, la preocupación por los pobres y todo lo progresista fuera asociado a creer y aplaudir las ideas de Marx y Engels.

El mundo de la derecha creyó que podría vencer a la propaganda ideológica marxista con los innegables progresos económicos y sociales que ha producido el mundo capitalista, pero no se dio cuenta de que los anhelos de los jóvenes idealistas habían sido engañados por la boina del Che Guevara y que Cuba, que cayó bajo el comunismo en 1959, era tomada como un referente a seguir. La mentira de la izquierda se plasmó de forma muy eficaz y por ello, mientras que muchos recuerdan hoy al idealista Mayo 1968 francés, casi nadie se acuerda del Septiembre 1968 cuando la Primavera de Praga checa fue aplastada sangrientamente por los tanques soviéticos.

Hoy en día, en 2025, el marxismo, o el marxismo subliminal, sigue erre que erre, en las propias sociedades occidentales, pretendiendo eliminar la propiedad privada de los medios de producción, sustituir a empresas privadas por empresas públicas, e intentar que los grandes servicios públicos, la sanidad y la educación, sean producidos sólo por instituciones públicas. Procuran excluir a las instituciones privadas, hospitales y centros de enseñanza privados, de la producción de esos servicios al ciudadano. Tiene un eslogan dogmático: lo público es lo mejor. Viva la sanidad y la educación pública. Pero, eso sí, evita hacer valoraciones de los costes de los servicios de sanidad y educación prestados por las instituciones públicas y tampoco hace encuestas para saber el grado de satisfacción de los ciudadanos con ellas.

Al marxismo puro y duro, centrado en la propiedad pública de los medios de producción, le ha sustituido la izquierda socialdemócrata y la derecha populista que quiere conservar el voto ciudadano y para ello frecuentemente recurre al desaforado aumento del funcionariado público, a la creación alocada de chiringuitos que en muchos casos no aportan valor real que compense su coste, o al ofrecimiento de ayudas o al regalo de servicios culturales u otros bajo un enfoque de gratis total, todo ello pagado con dinero público.

El problema está en que ese gasto supera en muchas ocasiones los presupuestos disponibles, lo que lleva a un nivel creciente de deuda pública y al subsiguiente incremento de los intereses. Asimismo, en los países que disponen de un Banco nacional con capacidad para emitir dinero es muy frecuente se recurra a esa emisión para cubrir el déficit público, lo que aumenta desproporcionadamente el dinero en circulación y perjudica la estabilidad que necesita todo sistema económico, produciendo primero inflación, después perjuicios al funcionamiento de las empresas privadas, a continuación desempleo y lleva a todos los (stakeholders) agentes de la economía, incluidos empresarios, asalariados, ahorradores y consumidores al “sálvese el que pueda”, lo cual es lo contrario a toda posible Prosperidad Mutua.

A título de ejemplo cabe pensar en los diversos países de la América Hispana en los que se han producido dolorosas detenciones del progreso económico y social y donde, incluso, se ha caído en la miseria, por la aplicación de políticas populistas que, teóricamente, querían dar todo a todos y que al final lo que han hecho ha sido destrozar el estado de derecho y el sistema productivo y distributivo, generando un contexto descontrolado, propicio para la corrupción, caracterizado por una ingente deuda pública, déficit, hiperinflación, desempleo, etc.