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El capitalismo ¿obstáculo o ventaja para lograr la Prosperidad Mutua? (parte II)

· Tras este escueto pero necesario análisis para describir aspectos claves de la situación económica entramos en el tema clave del artículo: ¿Qué es realmente el capitalismo? ¿Es correcto calificar al capitalismo como régimen cruel y malvado?

By Enrique Sánchez Motos
miércoles 03 de septiembre de 2025, 19:16h
Última actualización: viernes 05 de septiembre de 2025, 10:28h
El capitalismo ¿obstáculo o ventaja para lograr la Prosperidad Mutua? (parte II)
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No, en absoluto. El capitalismo no es una emoción sino un sistema económico que, por sí sólo, al igual que un hacha, puede ser usado para bien o para mal, cosa que no sucede con el sistema económico marxista el cual, aunque se implante con la mejor de las intenciones, lleva siempre al fracaso económico, porque propugna un sistema erróneo. En efecto, el marxismo sustituye las reglas del mercado por decisiones burocráticas sobre cómo, dónde y cuándo producir, qué salarios pagar, quiénes deben gestionar las empresas, y a qué precios vender las mercancías y servicios en cada lugar. Esa maraña de reglas rígidas e ineficaces, genera multitud de artículos no deseados por los consumidores y por tanto invendibles, cuya mera existencia es un despilfarro. Por su parte los consumidores se sienten a su vez insatisfechos y desde luego no consideran que eso sea prosperidad mutua y en ese contexto surgen las corruptelas de aprovechamiento prioritario por quienes detentan el poder desde el Partido Único Comunista.

(Acceda aquí a la PRIMERA PARTE de este artículo >>> https://www.elmundofinanciero.com/noticia/123201/economia/el-capitalismo-obstaculo-o-ventaja-para-lograr-la-prosperidad-mutua.html )

Al definir qué es el capitalismo conviene recordar las críticas del filósofo británico Francis Bacon (1521-1626) a los “ídolos del mercado” que según él no eran otra cosa que “usar un lenguaje incorrecto, como son los conceptos prejuiciosos o ambiguos, que resultan inadecuados para la comunicación y por ende para el conocimiento científico”.

En efecto, el concepto de capitalismo se ve muchas veces perjudicado por los “ídolos del mercado”, es decir por conceptos prejuiciosos. La realidad es que el capitalismo es simplemente un sistema económico que afirma la necesidad de tres instrumentos fundamentales: el mercado, la iniciativa privada y la propiedad privada de los medios de producción. El mercado, porque la oferta y la demanda permiten establecer los precios. Sin ellos, los productores carecen de indicadores para saber qué productos deben producir para obtener una ganancia y a la vez satisfacer al consumidor. La iniciativa privada porque es imprescindible para crear nuevos productos y servicios y para diseñar y hacer más eficientes los procesos para producirlos. La propiedad privada porque toda iniciativa conlleva un riesgo y es necesario tener propiedad para avalar las inversiones que se van a hacer o los préstamos que se van a pedir.

En suma, el sistema capitalista no sólo no es un obstáculo, sino que es imprescindible para que los ciudadanos, como resultado de su funcionamiento, podamos disponer de bienes y servicios y crear mejores medios de vida. En él coexisten desde el autónomo individual, hasta la pequeña, mediana y gran empresa, desde el pequeño bar hasta la gran cadena hotelera, etc. En conclusión, sin el capitalismo, es imposible hablar de Prosperidad Mutua en su vertiente económica.

No obstante, el mero marco económico capitalista no es suficiente. Por ejemplo, en la América Hispana cabe pensar en el desastre económico y social en que cayó un país tan potencialmente rico como Argentina, aunque afortunadamente no llegó a la situación del comunismo de Cuba y Venezuela. Cabe preguntarse ¿ha sido ello culpa del capitalismo? Mi respuesta es rotunda: No. El fallo no ha sido del capitalismo sino de la clase política populista que no ha respetó el marco de estabilidad y sostenibilidad, que requiere el correcto funcionamiento del capitalismo.

Ante esas fracasadas realidades populistas ha surgido recientemente la propuesta de una revolución liberal que, además de apoyarse en el sistema capitalista (mercado, iniciativa y propiedad privada) exige seriedad fiscal al Estado, esto es un nivel de gastos acompasado con sus ingresos, la renuncia a la maquinita estatal de hacer dinero y el mantenimiento de un tipo de cambio de la moneda nacional, no basado en meras decisiones administrativas sino en una política económica que equilibre exportaciones e importaciones.

Milei, presidente de Argentina, es posiblemente el ejemplo más vivo hoy de esa nueva revolución social y económica. Está actuando de forma firme y sensata para las sustituir políticas económicas despilfarradoras de anteriores gobiernos por decisiones políticas serias que implican una clara opción de Gobierno por crear un marco de sostenibilidad y estabilidad que promueva la libertad y la claridad de normas que relancen la creación de empresas y del empleo subsiguiente. Sus primeros resultados son profundamente esperanzadores y, muy probablemente, el modelo Milei, contagiará positivamente a corto plazo a toda la América Hispana e incluso a la Unión Europea y puede ser un ejemplo para muchos otros países del mundo.

Por tanto, ¿cuál es mi respuesta al título de este artículo? Muy sencilla y muy rotunda. El capitalismo (mercado, iniciativa y propiedad privada) no sólo no es un obstáculo, sino que es mucho más que una ventaja para caminar hacia la Prosperidad Mutua, es imprescindible para lograrla. Eso no quita que el capitalismo tenga un marco de reglas (laborales, tributarias, urbanísticas, etc.) que rijan la actividad económica. Ahora bien, el capitalismo no puede hacer milagros si se encuentra ante Gobiernos despilfarradores, que pretenden conseguir o mantener el apoyo ciudadano con políticas de gasto que no aportan valor real, al menos el equivalente a su coste. O con gobiernos que, por un lado, caen en el error de confundir gobernar con dictar una maraña de reglas confusas o innecesarias que perjudican la actividad económica y la vida social, mientras que, por otro, eluden imponerse reglas que controlen su actividad de gobierno y que le obliguen a consultar la opinión de los ciudadanos sobre la calidad de los servicios que prestan.

Finalmente cabe señalar que la responsabilidad política es clave para caminar hacia la Prosperidad Mutua: Para ello la ciudadanía debe tener formación suficiente para entender las bases de la política económica y poder votar con suficiente conocimiento. Hay un refrán español que dice que “el infierno está lleno de buenas intenciones” lo que quiere decir que para llegar al cielo (de la Prosperidad Mutua) no basta con la buena voluntad. Es necesario que Gobierno y ciudadanos tomen las decisiones adecuadas que permitan que crezca la riqueza, se promueva el desarrollo del sistema económico y se tenga como objetivo la Prosperidad Mutua, todo ello en el contexto de un estado de derecho que promueva la corresponsabilidad, la sostenibilidad y la eficiencia del sistema económico capitalista.

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