El mundo no puede seguir ejerciendo el diente por diente ni tomarse la justicia por la mano ya sea con disputas ciudadanas o mediante el ejercicio despótico del poder. Las satrapías criminales de gobernantes autoritarios que prostituyen la democracia en cualquier hemisferio, deben combatirse con respeto al derecho internacional, la integridad territorial y la independencia política de los Estados. Por mucha ira e indignación que provoquen sus acciones, los precedentes de invasión territorial o derrocamiento de gobiernos por la fuerza, tienen ya demasiados ejemplos bélicos: Kuwait, Afganistán, Irak, Siria, Líbano, Libia, Congo, Somalia, o los sangrientos ataques a Gaza y Ucrania. Ello, sin enumerar la multitud de golpes militares producidos en Latinoamericana.
Habrá que preguntarse qué haría el trumpismo despótico cuando China invada Taiwán, más allá de ir a por sus siguientes presas como Colombia, Cuba, Nicaragua, Panamá o desplegar un avispero aún mayor en Europa con la conquista de Groenlandia. El autoritario presidente de EE.UU. -dolido tras perder el Nobel de la Paz frente a María Corina Machado- deberá resolver más pronto que tarde el post chavismo golpista e ilegítimo de Venezuela tras 26 años en el poder, para demostrar que su Doctrina Monroe es algo más que "América para los americanos" y sus intereses van más allá de controlar el petróleo ajeno o combatir el narcotráfico de los Estados.
De puertas adentro, los estertores del sanchismo cabalgan a golpe de cuponazos independentistas que hipotecan las arcas del Estado, soliviantan al resto de autonomías y agrandan la precariedad social; mientras su predecesor, Zapatero, se postula para seguir blanqueando -y beneficiándose- del ‘Delcygate’ junto a Nicolasito, con nuevas elecciones ‘limpias’ como adalides del desinflado régimen militar.
Los cohetes económicos de Sánchez y la diaria precariedad social
España sigue batiendo récords estadísticos, más allá del crecimiento económico del que presume Sánchez con sus 91 subidas de impuestos, tasas o contribuciones achacadas por la oposición, que cada vez esquilman más el bolsillo ciudadano. Buen ejemplo de ello son las dos últimas medidas como el ‘basurazo’ o las balizas, de las que España es el único país europeo en aplicar.
Una población atrapada entre la pobreza social, la precariedad laboral, subida récord de precios, merma del poder adquisitivo, encarecimiento de la vivienda o escalada del alquiler, lleva tiempo mirando con incredulidad y cabreo los datos macroeconómicos de un crecimiento que genera indiferencia además de indignación. El sector más afectado por tan acuciante situación es el juvenil, cuya realidad se manifiesta en empleos temporales, bajos salarios y la imposibilidad de emancipación, con impacto negativo de su propia salud física y mental. La edad media para dejar el hogar familiar en España se sitúa ya en los 30,4 años, una de las más altas de Europa. Así, no es de extrañar que este segmento de la población haga oídos sordos al mantra de que la economía va como un ‘cohete’, encubriendo los datos que afectan a su futuro y al propio estado de bienestar.
Fritos a impuestos
El crecimiento de nuestra economía -2,9% según las últimas previsiones- sobrepasa la media europea, aunque sin traducirse en una prosperidad generalizada, con un PIB per cápita -riqueza por habitante- muy por debajo de la eurozona (32.630 € frente a 43.310 € y 10.680 euros de diferencia), junto al incremento del gasto público y la inflación que presionan la futura fiscalidad.
Nuestro país cerró 2024 con el mayor gasto público de la historia -722.846 millones- en espera de haber superado 2025 con un gasto todavía mayor: 800.000 m. de euros. Semejante gasto genera un déficit consolidado del 2.5%, según el BdE, equivalente a 50.000 millones de euros. A ello se suma el elevado volumen de deuda pública que se sitúa en el 103,4% del PIB (1,710 billones en setiembre), en un país que no puede pagar lo que debe ni con toda su producción y además debe afrontar un coste cada vez mayor por el pago de intereses, cuya carga en 2025 llegará a otro récord de 41.726 millones, según las previsiones de la AIREF.
Una realidad paralela: pobreza y brecha generacional
En el terreno social España es uno de los estados desarrollados con mayor desigualdad de oportunidades y el de mayor tasa de desempleo y paro juvenil (16-24 años) de la OCDE, alejado de la idílica realidad que pregona. El gobierno eleva cada día más la tensión intergeneracional entre los denominados milenials (nacidos entre los 80 y 90) y los boomers (nacidos en los 60), cuyas raíces políticas y económicas revelan la necesidad de acometer profundas reformas. El ingreso real de los trabajadores menores de 30 años ha caído un 3% desde 2008, mientras que el de los mayores de 65 ha crecido un 18%. La diferencia de riqueza entre los menores de 35 años y los mayores de 75 se ha triplicado también en las últimas décadas, según el Banco de España, con la percepción de que cada vez hay menos oportunidades económicas se ha generalizado más del 30% de menores de 40 años asegura tener muchas menos que sus progenitores
Pobreza y exclusión social
En España, 12.5 millones de personas (el 25.8% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza y/o exclusión social, según el último informe de EAPN-ES de 2025, que sitúa la pobreza infantil como la más preocupante y la más elevada de la UE. Ya somos el tercer país con mayor tasa de exclusión, sólo por detrás de Rumanía y Bulgaria. Un 8.3% de la población vive en pobreza severa, con ingresos muy bajos y el mayor porcentaje de mujeres y hogares monoparentales en riesgo de exclusión.
Crisis estructural de la vivienda
En 1987 bastaban tres años de salario para comprar una vivienda, hoy, los jóvenes necesitarían el equivalente a 14 años de sueldo. El descalabro del sector se ha convertido ya en una crisis estructural marcada por el disparatado precio del alquiler y de la compra con una demanda creciente y desigual, además de una escasez de oferta asequible y de nueva construcción. Los mayores afectados son los jóvenes y familias con bajos ingresos, incapaces de adquirir una casa propia o asumir alquileres estratosféricos para afrontar una emancipación digna fuera del entorno familiar. Factores como la especulación, el auge del turismo, aumento de la población, falta de mano de obra en la construcción y regulaciones insuficientes agravan la situación, llevando a la exclusión residencial, el retraso de la independencia familiar e incluso problemas de salud mental para quienes no pueden acceder a una vivienda digna.
El Banco de España cifra en 100.000 viviendas el déficit de casas para equilibrar el mercado y evitar la pobreza de un segmento de la población que ha dejado de ser joven sin haber adquirido su primer inmueble y tampoco encuentra alternativa en un mercado de alquiler no solo escaso sino prohibitivo en muchos casos. El INE, certifica a su vez que la vivienda se ha encarecido un 71% en la última década (2015-2025). La subida supone más que duplicar la actualización de la renta de los jóvenes. La edad media de los inquilinos en España ha subido hasta los 36 años, frente a los 32 en 2020. Según la Federación de Asociaciones Inmobiliarias (FAI), casi el 21,6% de quienes viven de alquiler tiene entre 40 y 50 años. El Gobernador del BdE, Jose Luis Escrivá, sitúa la vivienda como uno de los grandes retos de la economía nacional, por lo que urge a la “movilización” de todas las administraciones que, de no atajarse, irá a peor. Continuará…