Los escasos socios que le quedan al sanchismo descuentan los días y las horas para intentar detener el ‘asalto’ democrático de la derecha a la Moncloa. Es tal el pánico del socialismo y de la izquierda radical que hasta el republicano Rufián está dispuesto a renegar de su independentismo para abanderar una nueva mayoría frankenstein con la que sostener el gobierno, consciente del rechazo a la era más ignominiosa desde la Transición tras colonizar las instituciones, despreciar el Parlamento, fulminar la división de poderes, erosionar el Estado de derecho e incluso prostituir la democracia. A pesar del ‘caso Zapatero’ y de sus graves imputaciones, que activa el final del sanchismo, ni Feijóo presentará una moción de censura, ni el propio Sánchez adelantará las generales, de momento. Este último piensa ganar todavía más tiempo, mientras el líder de la oposición no quiere llegar al poder sin las urnas.
Cuenta atrás para el sanchismo
Lo que sí está claro ya es que la legislatura actual se ha convertido en el mayor calvario para el presidente del ejecutivo, igual que lo fueron los últimos años de mandato de Felipe González. La puntilla al gobierno de Pedro Sánchez y a su propia formación la acaba de dar la justicia con la imputación del ex presidente socialista, a quien muestra su incondicional apoyo y concede la presunción de inocencia, la misma que negó a sus dos ex secretarios generales investigados y encarcelados por corrupción. Uno de ellos, el ex ministro Ábalos, advierte desde la prisión que si cae Zapatero caerá todo, convencido de que “después de Sánchez no hay nada”. El apoyo y la solidaridad gubernamental con el primer presidente de la democracia investigado, deja en estado de shock al partido que gobierna, cuyos críticos comienzan a pedir elecciones al tiempo que sume en el desconcierto a su propia militancia.
Ni moción de censura de Feijóo, ni adelanto electoral de Sánchez
Por mucho que Abascal exija dar un paso al frente al PP y registrar una moción de censura para derrocar al gobierno, el líder de la oposición no se arriesgara, de momento, a un posible fiasco, ni aunque los socios críticos del ejecutivo frankenstein (Junts o PNV) le firmen su apoyo por escrito. Feijóo no quiere pasar a la historia como el segundo presidente democrático en llegar a la Moncloa por la reprobación parlamentaria de su rival, en lugar de conseguir el triunfo en las urnas con un claro apoyo electoral. El dirigente de la primera fuerza política ve la imputación de Zapatero como la "gota que colma el vaso" de la corrupción sanchista, pero esperara a que la degradación tenga un descalabro político nacional, autonómico y municipal todavía mayor para la marca PSOE. Su previsible socio gubernamental, de mantenerse la tendencia de las encuestas, exige que todo el Congreso se “retrate” frente al enésimo episodio de corrupción para constatar qué formaciones siguen apoyando al ejecutivo.
Estrategia de Sánchez y aviso de sus socios
Los escasos socios del gobierno permanecen pendientes de que el PSOE no cruce su línea roja de la financiación ilegal, mientras rompen su complicidad aparcando las acusaciones iniciales de acoso de la justicia o lawfare. Es el caso de Sumar, que pide investigar ‘todo lo que se tenga que investigar’, según su portavoz adjunto, Enrique Santiago, tras advertir que, si se han cobrado cantidades por gestiones políticas, es “un delito”. Podemos avisa que el futuro del ejecutivo está ligado al de Zapatero y el republicano Rufián cuestiona a Sánchez para saber "dónde acaba el lobby y empieza el tráfico de influencias". El PNV por su parte opta por la prudencia.
La estrategia de Pedro Sánchez es la de ganar más tiempo, pese a la descomposición que afecta a su gobierno y a su entorno personal, y las continuas derrotas electorales que erosionan sus bases autonómicas. El presidente insiste en que no convocará elecciones hasta 2027 y, además, que está dispuesto a seguir "cuatro u ocho años más". El hipotético super domingo electoral el año próximo para hacer coincidir las autonómicas y generales es criticado por igual por sus barones territoriales que rechazan mezclar la imagen de Sánchez al considerarla un lastre.
Trama internacional de ZP
El ‘caso Zapatero’ como presunto “líder” de una trama internacional dedicada al tráfico de influencias, según el demoledor auto de la Audiencia Nacional, compromete al Gobierno y, de forma personal, a Pedro Sánchez. El nuevo golpe judicial impacta de lleno en el corazón ideológico del poder, y lo hace por tercera vez, después de los escándalos de corrupción de José Luis Ábalos y Santos Cerdán. La excepción parece revelarse como norma ya que, si Zapatero pudo usar su influencia en las altas instancias del Estado para lucrarse presuntamente, con al menos dos millones de euros, fue por el protagonismo que el presidente y secretario general del PSOE le concedió a su predecesor. Aunque retirado de la primera línea política, el ex presidente lleva años actuando como líder “moral” y principal revulsivo electoral socialista.
El auto dictado por José Luis Calama describe al ex presidente como supuesto dirigente de una “trama organizada” que operaba tanto en España como en el extranjero. La “red ilícita” mantenía contactos con operadores económicos y autoridades de Venezuela, China y Emiratos Árabes Unidos con el objetivo de influir en decisiones administrativas y facilitar operaciones financieras de gran escala. Lo que reportó cerca de 1,9 millones de euros a Zapatero y a sus hijas mediante pagos a sociedades vinculadas y comisiones derivadas de distintas operaciones. Su intermediación para hacer negocios estaría íntimamente ligada a su relación y blanqueamiento del chavismo venezolano durante más de una década. Una diplomacia seguida a rajatabla por el gobierno de Sánchez -y defendida ante la UE- a pesar de los crímenes y el fraude electoral de Maduro en 2024.