Exterior

Ceuta: frontera endiablada y la necesidad de una estrategia de prevención y defensa

El peñón de Alhucemas, perteneciente a las islas Alhucemas.

· La llegada de más de sesenta mil migrantes al enclave español, según un cálculo de las autoridades locales, reaviva el debate sobre las fronteras, se convierte en una problemática europea y la decepcionante reacción del Gobierno de Pedro Sánchez contribuye al auge de movimientos xenófobos que logran afianzarse a escala nacional

Luca Pollipoli | Miércoles 05 de agosto de 2026

Las impactante imágenes de jóvenes africanos nadando desde Castillejos – si bien algunos cruzaron la divisoria andando bajo la inapetente mirada de la gendarmería marroquí – hasta la ciudad autónoma han trascendido el debate interno para escalar hasta Bruselas y elevar de inmediato la tensión en Europa. Las políticas fronterizas y las imperantes y necesarias directrices para limitar y regularizar los flujos migratorios han vuelto a situarse en el centro del huracán político. Moncloa ha intervenido tarde e indebidamente, alimentando las sospechas de que el secretario general del PSOE no pueda por factores que le afectan ad personam enfrentarse al chantaje de la monarquía alauita.



En todo lo relacionado con el país vecino queda la alargada sombra de la sustracción de hasta 3 gigabytes de información del terminal oficial del presidente del Gobierno y de los teléfonos asignados a los ministros de Interior, Fernando Grande Marlaska, y de Defensa, Margarita Robles (se aconseja visionar el excelente reportaje de El Confidencial sobre el uso de Pegasus al enlace https://shorturl.at/vlLL7). Si bien el paso del tiempo acostumbra debilitar la memoria, hace falta recordar el giro inesperado y forzado que el mismo Sánchez impuso en primavera de 2022 invalidando la exquisita neutralidad de España, en línea con lo defendido por Naciones Unidas, sobre el Sahara Occidental. Con una simplona misiva y sin que una decisión tan importante pudiera debatirse en las Cortes – “gobernar sin el concurso del legislativo” – siendo la política internacional un asunto de estado, Pedro Sánchez consideró el plano de autonomía de Rabat como “la base más seria, realista y creíble” para encontrar una resolución al conflicto.

Que Marruecos lleve utilizando la política migratoria como un instrumento para lograr reforzar su ascendente sobre el palacio de la Moncloa es hecho más que evidente. Recuerde el lector el ingreso sin problemas de diez mil jóvenes tanto varones como mujeres en Ceuta en mayo de 2021. No hacía falta tener acceso a datos reservados ni pertenecer a cualquier servicio de información para vincular el pasotismo de las autoridades africanas con la hospitalización en Logroño de Brahim Gali, el líder del Frente Polisario y gran enemigo de Mohamed VI. Han transcurrido 24 años desde la crisis del Perejil y las mofas del ciudadano español hacia el uniformado marroquí. En este periodo de tiempo cabe asumir que los equilibrios se han invertido, y quienes esbozan una mordaz sonrisa no utilizan colchones viscoelásticos a las afueras de Madrid, sino que adormecen en el Dar al-Majzén de Rabat.

De poco ha servido el despliegue del ejército en la ciudad autónoma y tampoco debe otorgarse veradicidad a quienes aseguran que “la situación en Ceuta ha vuelto a la normalidad”. Algo imposible de corroborar al haber transcurrido menos de una semana del aterrador ingreso de una masa enfervorizada equivalente a dos terceras partes de los habitantes de la urbe española. Trazando un paralelismo, es cómo si Madrid se encontrara con más de tres millones de personas necesitadas de cualquier ayuda primaria deambulando por sus calles y avenidas. Y nuevamente desde el Gobierno se ha intentado situar a los pies de los caballos a su servicio de inteligencia reconociendo a la prensa más afín que “no se recibió informes que alertaran de la magnitud de las cifras”. Después de haber sacrificado a Paz Esteban en los altares del separatismo catalán en 2022 para lograr una estéril mayoría parlamentaria, el denominado “galgo de Paiporta” no ha tenido escrúpulos en cargar el muerto a quienes cotidianamente realizan una labor necesaria y crucial en la defensa de los intereses estratégicos del país.

Tampoco vienen a cuento las palabras de Sánchez agradeciendo la colaboración (?) de Marruecos mientras afea “falta de solidaridad” al resto de los países comunitarios. Quienes crean que algo similar pudo haber ocurrido sin la aquiescencia de la monarquía alauita y sea una operación impulsada por las mafias – cabría preguntarse también por la impunidad de aquellas que convierten a diario la provincia de Cádiz en una narcoregión - ha conseguido doctorarse en trampas al solitario. Como bien señala el periodista Ignacio Cembrero en sus acertados reportajes, no se mueve una hoja en el país magrebí sin el conocimiento de la temida Dirección General de Vigilancia del Territorio (GDST) o del Bureau 21, departamento que enlaza el servicio de inteligencia interior con el palacio real.

La caída en desgracia del líder socialista desde junio de 2022, cuándo se planteó no recandidarse obnubilado por quienes vociferaban que tendría una fulgurante carrera en algún organismo internacional al hilo de la exitosa cumbre de la OTAN que tuvo lugar en Madrid, es digna de una tesis doctoral o de un ensayo. En este artículo nos limitamos a señalar el arrinconamiento y desgaste que sufre el Estado en un tablero endiablado como el de las relaciones internacionales. Como bien ha señalado el investigador Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), “es imposible que las relaciones entre dos países limítrofes sean catalogadas por uno de los dos como de excelentes, siembre habrá unos contenciosos”. Enfrentarse a Israel como alter ego de un intrépido hidalgo teniendo a Irlanda y Eslovenia de Sancho Panza tampoco ha resultado provechoso y nuevamente la política exterior se utiliza como manta para tapar de forma berlanguiana las desvergüenzas palaciegas.

Además, las reacciones a nivel comunitarios han sido inmediatas. El primer ministro transalpino Giorgia Meloni amenazó con la suspensión de espacio Schengen entre Italia y España como “herramienta extraordinaria”, mientras que la danesa Mette Frederiksen, que forma parte de la corriente socialdemócrata, defendió la posibilidad de que Bruselas suspenda la cooperación con Madrid en materia de libre circulación. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyden, calificó de “inaceptable” lo vivido en Ceuta y similar preocupación fue expresada por Magnus Brunner, comisario de Migración. La crisis también ha repercutido al otro lado del Atlántico. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, declaró que el mandatario Donald Trump lleva tiempo advirtiendo a Europa sobre lo desacertado de “sus políticas migratorias globalistas”. Y si bien Pedro Sánchez no enturbia mininamente el sueño del tycoon, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, o el Hudson por Nueva York, cualquier recado a Mr. Handsome deleita el ala oeste de la Casa Blanca.

El pasado 20 de julio, Sánchez viajó a Argel para recuperar el diálogo con el gran rival de Marruecos y aliado histórico del Frente Polisario. Setenta y dos horas después, la Comisión de Justicia del Congreso aprobó un proyecto de ley que allana el camino para otorgar la nacionalidad española a los saharauis nacidos durante la administración y a los descendientes. Moncloa ha nuevamente descartado cualquier nexo entre ambos sucesos. No obstante, persiste el hecho de que Rabat ha golpeado cuándo más le interesaba respondiendo a una maniobra que juega en contra de sus intereses estratégicos.

La clara debilidad de España respecto a Marruecos en ámbito diplomático y la relación privilegiada de Rabat tanto con Washington como con Tel Aviv (sobre el auge industrial del país y sus nexos con grandes potencias internacionales véase artículos que EMF tuvo la cortesía de publicar en julio de 2024 y marzo de 2025 a los enlaces https://shorturl.at/dQXwP y https://shorturl.at/Qw8VK) pueden influir negativamente de cara al futuro y reforzar una temida supeditación en eventos tan importantes como la celebración del mundial de fútbol de 2030. Es un secreto a voces que la final podría jugarse en Casablanca y no en el Santiago Bernabéu o Camp Nou. En aquel entonces es probable que Sánchez no dispondrá de los resortes presidenciales y, en caso de judicializarse algunas de las sospechas de la Guardia Civil, tendrá que enfrentarse a un engorroso laberinto judicial. O a lo mejor resurgirá de sus cenizas.

Quién sabe si Alexandre Dumas ha encontrado el verdadero Conde de Montecristo y no la oronda silueta de Gerard Depardieu. Trátense más bien de la parodia de una soberbia novela que, por ironía de la vida, redactó un cuarto mestizo…

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