La “obra” en cuestión costo 96.000 euros IVA incluido, que el susodicho no tuvo empacho en soltar rápidamente y en hacerlo público, como queja de que alguien en IFEMA sugirió que “la obra” fuera retirada por considerarla ofensiva. No deja de llamarme la atención, la facilidad que tiene la izquierda y los separatistas para soltar grandes e ingentes cantidades de dinero. Fianzas millonarias, caprichos excéntricos, viajes a Suiza, Bélgica o Venezuela son pagados sin remordimiento alguno. Se ve que ser de izquierdas o separatista facilita mucho el acceso al dinero. Lástima que sea gastado en estas cuestiones y no en aportaciones para las pensiones, la mal nutrición infantil o la pobreza energética, cuestiones que según nos dicen son prioritarias para este sector ideológico español, pero que a la hora de la verdad, la preocupación termina, cuando acaba la manifestación o concentración de toque en cada momento.
No sé qué tipo de enfermedad mental, no sé como de podrido debe de estar el cerebro de un hombre, como para gastarse 96.000 euros en llevarse las fotos de 24 delincuentes a su casa. Lo que si tengo claro, es la catadura moral del “artista” y de todos aquellos mierdas, empezando por nuestra alcaldesa de Madrid, que ven arte, allí donde solo existe degeneración, insulto y mal gusto. Puedo llegar a comprender que alguien confunda un extintor colgado en la pared como expresión máxima de la belleza, o incluso que desee adquirir a cualquier precio, un vaso de agua medio lleno, como les he dicho, la “tontuna” humana es infinita, inagotable, pero querer hacernos ver, querer convencernos de que 24 fotos mal hechas de asesinos, maltratadores, golpistas y terroristas es arte, entra dentro de la degeneración, de la maldad y de la imposición de las nuevas teorías de ingeniería social que pretenden que aceptemos como normal, cosas y hechos que no lo son.
La falsa polémica creada con esta “obra”, nada tiene que ver con la libertad de expresión y si mucho con los nuevos cánones que nos son impuestos, forma parte de lo que debemos considerar como políticamente correcto.