Mientras las imágenes de las caravanas centroamericanas que pretenden entrar a la nación norteamericana inundan los medios de comunicación, en la conmemoración del Armisticio de la I Guerra Mundial, Emmanuel Macron en un discurso bajo el Arco de Triunfo dijo que el “patriotismo es exactamente lo contrario del nacionalismo”.
Y el debate está servido. Dicen que el patriotismo es amor a la patria y que el nacionalismo es la defensa de la patria.
Para algunos, esa frase del presidente francés estaba dirigida a Donald Trump, presente en el acto conmemorativo, por su negativa a permitir la entrada de las caravanas de los centroamericanos.
Además, Donald Trump emite una Orden Ejecutiva prohibiendo las solicitudes de asilo a los migrantes que entren ilegalmente al territorio de Estados Unidos. Un juez federal decide frenar la Orden Ejecutiva.
En los medios de comunicación se ha producido un apoyo de las caravanas y además de las justificaciones humanitarias por las crisis y la violencia en los países de origen de los participantes, uno de los argumentos se fundamenta en “los derechos del emigrante”.
Se supone que en la creación de un estado nación el territorio y sus fronteras son imprescindibles en su definición lo que le permite normar, legislar y aplicar sus propias leyes por lo que es una responsabilidad de los gobiernos hacer respetar las fronteras, las leyes y la soberanía de la nación.
Parecería que en el lenguaje de lo políticamente correcto, lo que importa son “los derechos del emigrante” y las consideraciones humanitarias y la decisión de Donald Trump de impedir la entrada a la invasión centroamericana es vista como un desprecio a los que buscan mejorar sus vidas.
Dice Stephen Fry “que los avances de la Ilustración están siendo empujados hacia atrás de manera sistemática y deliberada”.
¿El poder de las emociones sobre la razón?