Hay muchas maneras de erosionar y oprimir el papel de la Justicia en una Nación. Repetimos, la función, la labor, no la independencia. Con este Gobierno parece que se estén dando todos. Una manera es cometer la imprudencia de nombrar el Gobierno los altos cargos judiciales que le corresponden con un perfil notoriamente sectario o de manifiesto bajo nivel competencial. Un alto cargo no respetado “de facto” por una masa crítica de miembros del mundo judicial generará desconfianza en la Justicia, y encontronazos. Y un Ministro de Justicia tiene que saber cosas como que los carros de combate no existían en el siglo XIX. Hay que exigir un nivel. Otra manera de someter el papel de la Justicia es declararle abiertamente la guerra por parte del Ejecutivo, y utilizar el legislativo para crear leyes “ad hoc” y a veces “ad personam” para conseguir sentencias que el Gobierno necesita (¿la rebelión?, ¿la sedición?). En esa dinámica cobra especial relevancia el desprestigiar sentencias y actos judiciales, y abandonar la Justicia frente a activistas totalitarios, incluso a nivel internacional. En esa guerra abierta la frase de nuestro Ministro comunista Garzón: “ Tenemos problemas con las altas instancias del poder judicial…” o la propia idea machacona de la “desjudicialización” de un golpe de Estado son un enorme aldabonazo totalitario.
Por sólo citar el peor ejemplo de arrinconar el papel de la Justicia hablemos del último recurso del totalitario: si todos sus intentos previos de sumisión o manipulación de la Justicia fallan, sencillamente se orilla el papel de la Justicia. O se hace inhibir la fiscalía, o, sencillamente, no se cumplen las sentencias, impunemente, o no se ejecutan. En román paladino, se “pasa” de lo que diga o haga la Justicia si no conviene. Una Justicia que ya se habrá desacreditado o desprotegido mediáticamente por el mismo Gobierno.
Esos rasgos, y otros que no caben en breve billete, van creciendo en España. Y todos llevan a una Justicia anulada o muy sometida “de facto” a intereses del Partido de Gobierno. Y eso crea enorme desprotección de ciudadanos e instituciones democráticas. Lo que se llama totalitarismo.