Irene Montero, definida por De Prada como choni - mujer joven que habla, se comporta y viste de forma vulgar, y que no ha disfrutado de una buena situación socioeconómica –, es una mujer lista y con pretensiones. Acreedora de los epítetos publicados, que toma partido por las (vocales) fuertes frente a las débiles ¿Igualdad en la ministra de Igualdad? No. Rotundamente. Lo contrario. Siguiendo una trayectoria prevista: Degenerando, degenerando, desde el puesto de dependienta en la cadena de electrónica y electrodomésticos Saturn, en la que estuvo, hasta su llegada a la política, según la expresión-razonamiento de un banderillero del gran Juan Belmonte, que, con una peripecia vital parecida, ‘degeneró’ de banderillero a Gobernador civil de Huelva. Montero en un ministerio nuevo hecho a (su) medida, diseñado al favor de Unidas Podemos con el beneplácito de Pedro Sánchez. Acaso con Sálvame como posible destino provisional, punto de paso, o solución de continuidad o final para una forma de vida con trayectos de ida, al show en televisión, y vuelta a la actividad política que pueda aparecer en el futuro. En una ocasión o varias. Ad kalendas graecas o cuando sea. Porque lo cierto es que disfrutando, ya, de un estado de privilegio, Montero puede pretender lo que quiera. Fruto del favor del macho alfa que apunta De Prada, o como resultado de la autoridad y doma impuestas al resiliente consecuencia de aquél.
De momento, la ministra de Igualdad parece que ha mandado al exilio a las (vocales) débiles. Las (vocales) fuertes, hijo, hija, hije, niño, niña, niñe suenan a troche y moche. Pero las débiles ‘hiji’, ‘hiju’, ‘niñi’ o ‘niñu’, no. En absoluto. Ni en bable, Oscurantismo total. Igual con los ‘todes’, ‘escuchades’ y los engendros fuertes, en detrimento de los débiles ‘todis’, ‘todus’, ‘escuchadis’, ‘escuchadus’ y demás barbaridades lingüísticas ministeriales, publicadas o silentes.
Ha nacido, así, alrededor del Ministerio de Igualdad, una dicotomía entre fuertes y débiles que hasta ahora sólo es válido referido a las vocales. Hasta ahora. No obstante, siquiera como posibilidad y dada la entidad ‘no igualitaria’ de la ministra en los ámbitos públicos y privados en los que se mueve, parece procedente ampliar la partición. En consecuencia, no está de más que estemos atentos a la afición de la hasta ahora ministra, ministro o ministre de Igualdad. Mientras siga en el cargo-estatus actual o en trasiego de cargos y privilegios que puedan derivarse por su continuidad en el Gobierno, con las idas y venidas posibles con puertas giratorias o sin ellas.
Porque es posible que en el trasiego, cambio y giros de Irene Montero siga con los fuertes, para imponer a la sociedad la hoja de ruta que se le antoje sin importarle las risitas coyunturales que De Prada avisa en ABC. Así que, ojo, porque puede comportarse como ministra-o-e de igualdad sin débiles.