El desliegue que se está desarrollando en Oriente Medio está poniendo de relieve algunas de las debilidades y carencias más flagrantes nunca vistas en el seno de los aliados de la OTAN, desde la descoordinación entre sus miembros, con silencios y secretos mal guardados, hasta el fracaso de las herramientas puestas sobre el tapete del conflicto. Con independencia o no del papel jugado -o no junado- por la OTAN, al parecer no informada acerca de las operaciones que se iban a desarrollar conjuntamente entre EE.UU. e Israel, lo cierto es que este conflicto abierto contra Irán nos deja más dudas que certezas acerca de nuestro futuro más inmediato como potencias aliadas. El portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford (CVN-78) es el buque de guerra más avanzado y costoso de la Armada de Estados Unidos y uno de los mejores de su tipo en todo el mundo. Pocas potencias militares pueden presumir de disponer de uno de los portaaviones más moderno, grande y poderoso del mundo, con un coste superior a los 13.000 millones de dólares. El buque insignia de la Armada de los Estados Unidos fue enviado a Oriente Medio en apoyo a la Operación Epic Fury con un gran despliegue como pieza clave de la ofensiva militar estadounidense en su guerra contra Irán, aunque el buque tuvo que abandonar la zona de combate tras unos acontecimientos cuyo origen, fecha y circunstancia han sido mantenidas en secreto hasta que el buque ha sido declarado fuera de combate y retirado hasta las costas de Croacia para intentar ser reparado. La versión oficial es que ha quedado fuera de combate por el "incendio en una lavandería".
El portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78) no navega solo, viaja como parte del Grupo de Ataque de Portaaviones 12 (CSG-12), y cuenta con una escolta predeterminada que se tiene que mover con él done quiera que vaya. En su actual trayecto hacia Split, Croacia, para realizar reparaciones tras el incidente que ocurrió presumiblemente este mes de marzo durante los ataques a Iran, el buque está siendoacompañado por una escolta de destructores y cruceros diseñados para su defensa aérea y submarina.
Los buques de escolta principales son el USS Winston S. Churchill (DDG-81), un destructor de misiles guiados de la clase Arleigh Burke. Es una de las escoltas fijas asignadas al grupo de combate del Ford en este despliegue. Le acompañan también el USS Mahan (DDG-72), un destructor que ha formado parte activa de la escolta durante su tránsito por el Estrecho de Gibraltar y operaciones previas, el destructor USS Bainbridge (DDG-96) con misiles guiados integrados en el grupo de ataque y el USS Mitscher (DDG-57) y USS Forrest Sherman (DDG-98), que son unidades adicionales que proporcionan una burbuja de seguridad contra amenazas aéreas y de superficie. La situación fututra inmediata de estos buques es, además se secreta, incierta, por el portaavvioens americano no puede navegar en solitario y siempre debe llevar escolta, al igual que ocurre con bique francés Charles de Gaulle (R91), escoltado entre otros por una fragata española.
Los desastres en torno al depsliegue "aliado" están quedando de manifiesto, pues incluso la posición del mismo portaaviones francés fue desvelada cunaod uno de los marinos hizo uso de su aplicación deportiva online: algunos tripulantes han estado haciendo uso imprudente de sus herarmientas online y desvelando lo que no se debe.
Las fuentes oficiales de la Armada norteamericana y del Gobierno han tardado mucho además en ofrecer información al respecto y se han mostrado dubitativos y contradictorios, incluyendo al mismo presidente Trump.
Hasta este 29 de marzo aún permanece una gran controversia y versiones contradictorias acerca del posible ataque de Irán contra el portaaviones USS Gerald R. Ford en el marco del conflicto actual en Oriente Medio, algo que los persas confirmaron hace unos cuantos días.
De acuerdo con la versión de Irán, la defensa de la Guardia Revolucionaria aseguró haber impactado el portaaviones como parte de su estrategia de represalia tras los bombardeos conjuntos de EE. UU. e Israel y llegaron a afirmar que el buque sufrió daños severos que lo obligaron a retirarse. Lo cierto es hace casi un mes también afirmaron que habían atacado al portaaviones Abraham Lincoln, algo que Estados Unidos negó.
Las dudas abiertas acerca de las diferentes versiones ofrecidas por las diferentes partes no eluden que, ciertamente, el buque norteamericano ha quedado fuera de combate. Otras versiones apuntan a misiles de origen ruso que han sido empleados por las fuerzas persas e incluso a sabotajes no aclarados. Cuanto más tiempo dejen pasar los norteamericanos más se alimentan las dudas y las contradicciones.
La versión oficial de los Estados Unidos negó oficialmente desde el Pentágono y el Comando Central (CENTCOM) cualquier impacto de misiles o drones enemigos sobre el Gerald Ford y están atribuyendo la retirada del buque a la Bahía de Souda, en Creta, y posterior traslado a Croacia a un "incendio accidental" en la zona de la lavandería y a problemas de mantenimiento (como inodoros atascados) tras meses de despliegue ininterrumpido. Un "de oca en oca y sin parar".
Que un incendio en una lavandería deje fuera de combate a un portaviones de esta categoría nos lleva a dudar acerca de las verdaderas capacidades tanto del buque como de su tripulación. Y, puestos a pnsar, del resto de la flota, porque este es el mejor entre sus buques puestos a flote. Es probable que estemos asistiendo a un episodio que nos invite a reflexionar acerca de las herramientas defensivas de las potencias de Occidente en este momento tan clave de las capacidades operativas, de la preparación de los hombres que forman parte de las unidades dispuestas para el combate. Si esto ocurre con un incendio e una lavandería, imaginemos lo que podría ocurrir con un ataque verdadero. Ya no podemos estar seguros de las autocapacidades reales de respuesta que estos buques puedan tener en fuego real, pues ya comprobamos lo que ocurre con un simple incendio de colchones, sábanas, calcetines y uniformes: el buque queda fuera de combate.
Y la reflexión va más allá: si esto le ocurre a la mayor potencia militar del mundo con unidades de militares profesionales, imaginemos lo que nos podría ocurrir a los aliados de la OTAN, entre los que se encuentra España, que no asume ni el 2% de gasto de Defensa, y cuenta con unos recursos humanos diezmados y poco incentivados. Las capacidades de Occidente menguan y los grandes debates quedan estériles en nuestras sociedades adormecidas, acerca de la defensa de lo colectivo o de la participación de nuestros ciudadanos en la seguridad y defensa, por ejemplo, a través de un renovado Servicio Militar ni siquiera se pueden plantear. Chinos, rusos, iraníes o marroquíes no lo dudan, y cuentan con una prestación militar de todos sus ciudadanos sin excepción.
El incendio producido en el buque parece no ha dejado solamente "fuera de combate" al portaviones, sino con cerca de 1.000 tripulantes quejosos, de los 4.500 con que cuenta, sin letrinas y sin camas donde dormir, teniendo que acomodarse sobre mesas, en pasillos o en turnos de sus compañeros sobre "cama caliente".
En definitiva, un buque de esa categoría dejado fuera de combate, oficialmente por un incendio en la lavandería, nos abre muchas dudas: si esta es la explicación real, nos desvela las grandes debilidades del buque, y si fuera fruto de un ataque iraní, no se explica el porqué de la ocultación, y nos abre otras nuevas incógnitas acerca de las contramedidas de la escolta y del propio buque y, en fin, acerca del caos del despliegue que se queda sin buque insignia en plena conflagración. El Charles de Gaulle tambien está desplazado, precisamente parece que para proteger a la isla de Chipre. Nadie sabe por qué tardó tanto la Armada Británica en reaccionar a los supuestos ataques de Irán sobre Chipre, UK cuenta con una base en la isla.
El presidente Donald Trump ha generado además confusiones inoportunas con sus declaraciones recientes donde admitió que el USS Abraham Lincoln fue atacado con un centenar de misiles sofisticados, y algunos reportes indican que también habría reconocido un ataque "certero" contra el Gerald Ford que lo dejaría fuera de servicio por un tiempo prolongado.
Algunos analistas y fuentes cercanas al conflicto estiman que el buque podría estar inoperativo entre 15 meses y 2 años debido a los daños sufridos, ya sean por el incendio oficial o por el supuesto ataque: es decir, que el buque ha quedado realmente fuera de combate, y ni está ni se le espera para sucesivos eventos. Recordemos que el Gerald Ford tomó parte también en el despliegue caribeño contra Nicolas Maduro con motivo de la extracción del dictador venezolano.
Estos últimos movimientos dejan por tanto al USS Abraham Lincoln como el principal activo naval de EE. UU. operando frente a las costas iraníes en este momento, un buque antiguo que cuenta ya con más de 40 años desde su puesta de quilla.
¿Incendio en la lavandería?
Lo que comenzó como un incendio en la zona de lavandería el 12 de marzo de 2026 se ha convertido en un símbolo de las tensiones acumuladas tras nueve meses de despliegue continuo, el más largo de un portaaviones estadounidense en décadas. El incendio, si fue así, se ocultó hasta ahora. Y nadie ha explicado los motivos del incendio, que también podría haber sido fruto de los ataques iraníes.
El Ford no es un portaaviones cualquiera. Botado en 2013 y comisionado en 2017, es el buque insignia de la clase Ford, diseñado para reemplazar a los de la clase Nimitz, como el Abraham Lincoln, con tecnologías revolucionarias: catapultas electromagnéticas (EMALS), sistemas de detención avanzados y una capacidad de generar más salidas aéreas por día.
Sin embargo, desde su entrada en servicio ha enfrentado problemas de “dientes de leche”: ascensores de armas defectuosos, sistemas de lanzamiento inestables y costos de mantenimiento elevados. En 2026, estos desafíos se han agravado por el uso intensivo en un entorno de alta amenaza.
La misión del Gerald Ford que ha roto récords
El despliegue del Gerald Ford ha sido frenético, en realidad han sido varios despliegues: comenzó el 24 de junio de 2025 desde Norfolk, Virginia. Inicialmente destinado a operaciones en el Mediterráneo y el Caribe —donde participó en acciones contra Venezuela—, fue redirigido en febrero de 2026 al Mar Rojo para apoyar la Operación Epic Fury, parte de las operaciones estadounidenses contra Irán. El buque cruzó el Canal de Suez a principios de marzo y operó junto a destructores como el USS Bainbridge, USS Mahan y USS Winston S. Churchill, realizando miles de salidas aéreas en apoyo a ataques aéreos.
Para mediados de marzo de 2026, el Ford acumulaba 266 días en el mar, una duración que amenazaba con superar el récord post-Vietnam de 294 días establecido por el USS Abraham Lincoln en 2020. Las extensiones repetidas —ordenadas por la Casa Blanca ante la escalada en el Caribe y Oriente Medio— impidieron los ciclos normales de mantenimiento. El buque no ha tenido pausas para revisiones profundas, lo que aceleró el desgaste de sistemas mecánicos, eléctricos y de habitabilidad.
El incendio que lo cambió todo
El 12 de marzo de 2026, un incendio se declaró en la lavandería principal de popa (aft laundry facility). Según la Armada, no fue causado por combate, sino posiblemente por acumulación de pelusa o un fallo eléctrico. El fuego se extendió durante varias horas —informes varían entre varias y más de 24—, requiriendo esfuerzos masivos de control de daños. El humo invadió áreas de alojamiento cercanas, afectando alrededor de 100 literas (berths). Más de 200 marineros fueron tratados por inhalación de humo; uno fue evacuado médicamente y otros dos sufrieron laceraciones menores. La lavandería quedó inoperativa, lo que obligó a la Armada a requisar 1.000 colchones del futuro USS John F. Kennedy y miles de uniformes para la tripulación. El Kennedy hace poco que navega por primera vez en mar abierto y se trata de otra nave de última generación aún por probar.
El fuego tardó horas en ser controlado y, aunque la propulsión nuclear y la cubierta de vuelo no sufrieron daños, el humo afectó gravemente a la tripulación, dejando un gran impacto en el interior del buque: según las fuentes, entre 200 y cerca de 1.000 marineros requirieron tratamiento por inhalación de humo. Además, unas 100 literas quedaron destruidas, dejando más de 600 tripulantes sin un lugar adecuado para dormir.
Lo que ha ocurrido en el Gerald Ford no ha sido realmente revelado y permnece en secreto lógido su alcance.
Todo ello ha evidenciado una serie de profundos problemas crónicos de infraestructura que parece que ya eran conocidos: el buque ya arrastraba fallos en su sistema de fontanería, con inodoros obstruidos de forma persistente que afectaban la habitabilidad tras un despliegue prolongado de casi diez meses y con una logística insostenible. Los daños en la lavandería parece que han obligado a la Marina a usar helicópteros para trasladar la ropa sucia a otros barcos de la flota, una situación que lo hacía inviable en el corto plazo, para una tripulación de más de 4,500 personas, como una pequeña ciudad.
Aunque el sistema de propulsión nuclear no se vio afectado y el buque siguió “totalmente operativo” en un primer momento, el incidente fue “la gota que colmó el vaso”. El 17 de marzo se dirigió a la Naval Support Activity Souda Bay, en Creta (Grecia), para reparaciones en muelle. Llegó el 23 de marzo y, posteriormente, se reportó su traslado a Split (Croacia) para continuar las labores. La Armada insiste en que el grupo de combate sigue cumpliendo misiones, pero el Ford quedó fuera del frente iraní.
Costes que se disparan y problemas acumulados más allá del fuego
El incendio no fue un hecho aislado. Durante el despliegue prolongado, la tripulación reportó problemas crónicos en el sistema de saneamiento: inodoros obstruidos que generaban una llamada de mantenimiento diaria promedio. Los marineros dormían en el suelo o en literas improvisadas, y la moral se resintió gravemente. Familias relataron ausencias en nacimientos, funerales y aniversarios; algunos tripulantes consideraban dejar la Armada al final del despliegue.
Como buque de primera clase, el Ford requiere mantenimiento especializado más complejo que los Nimitz. El ritmo operativo —miles de salidas en entornos de alta amenaza— impidió el mantenimiento diferido habitual. Expertos señalan que la combinación de daños por humo (estructurales y de habitabilidad), el backlog de revisiones y el desgaste natural de un portaaviones nuclear en combate prolongado podría extender las reparaciones a 12-14 meses. No es solo parchear la lavandería: se trata de una revisión integral que normalmente toma meses, pero ahora se complica por la falta de pausas previas y a todos preocupa en Estadoss Unidos la inoperatividad seguda del Gerald Ford.
Algunos analistas y fuentes en redes cuestionan la versión oficial y especulan sobre posibles impactos de misiles iraníes, pero la Armada y medios como USNI News y The New York Times afirmado, apoyndo las fuentes oficiales, que fue un incendio no relacionado con combate. La retirada, sin embargo, deja un vacío temporal en la proyección de poder estadounidense en Oriente Medio, cubierto parcialmente por el USS Abraham Lincoln o el George H.W. Bush en preparación.
Y, en todo caso, un “bautismo de guerra” fracasado para el Gerald Ford, que deberá esperar casi 2 años para poder volver a esta operativo para el combate.
Implicaciones estratégicas y lecciones para la Armada norteamericana
La salida del Ford revela vulnerabilidades más profundas en la flota de portaaviones de EE.UU. La clase Ford, pensada para ser el futuro, muestra que incluso el buque más moderno sufre bajo presión sostenida sin ciclos de mantenimiento adecuados. La fatiga de la tripulación —cerca de 4.500 personas— y los problemas de retención podrían afectar la disposición futura de la totalidad de la flota, armada con buques que están en renovación o en trance de sustitución. La guerra puede acelerar gravemente el tener que poner en disposición urgente buques que estarán precariamente dispuestos para el combate.
En un contexto geopolítico donde EE.UU. mantiene operaciones simultáneas en el Caribe y Oriente Medio, la dependencia de unos pocos portaaviones nucleares se hace evidente. La retirada temporal obliga a redistribuir recursos y genera dudas sobre la resiliencia de la flota ante conflictos prolongados. Analistas advierten que este caso podría ser un “mal augurio” para las futuras unidades de la clase Ford si no se resuelven los problemas de mantenimiento y diseño iniciales.
El USS Gerald R. Ford no ha sido “hundido” ni destruido en combate, pero ha quedado temporalmente fuera de la línea de frente por una combinación letal: un incendio aparentemente leve o menor, nueve meses de operaciones ininterrumpidas y un mantenimiento que se postergó demasiado.
El Ford, símbolo de la innovación naval, se ha convertido también en recordatorio de que incluso la tecnología más avanzada necesita pausas, mantenimiento y, sobre todo, respeto por los límites humanos y mecánicos pero dejando una nota de ridículo sobre la primera potencia del mundo, que ha tenido que evacuar su buque insignia de una zona de operaciones poquedad fuera de combate.
Su regreso a la plena operatividad podría tardar más de un año, tiempo en el que el equilibrio de poder naval global seguirá en juego en un momento en el que otras potencias navales emergentes podrían dar un disgusto a cualquiera.
Este episodio no solo afecta la proyección naval estadounidense en un momento crítico, de su imagen y reputación casi infalible, sino que pone de manifiesto el precio real de mantener la supremacía marítima en un mundo cada vez más volátil. Mientras la Armada realiza las reparaciones en el Mediterráneo y evalúa el alcance total de los daños, la pregunta persiste: ¿está la flota estadounidense preparada para guerras de alta intensidad que exijan despliegues interminables?
Entretanto, el Gerald Ford ha tenido que abandonar la zona de operaciones con el “rabo entre las piernas”.