Algo similar tenían que firmar en Suiza Donald Trump y Maosud Pezeshkian antes de que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suiza cancelara de forma abrupta por los incumplimientos del Gobierno de Netanyahu y la respuesta de Hezbolá. Demasiado optimismo mediático y una excesiva ostentación diplomática. Reequilibrar un área geopolítica tan explosiva requiere de argucia y templanza. Y los mandatarios estadounidenses e israelí carecen de ambas. Mientras los ayatolás logran reforzar el control sobre los noventa millones de iraníes y la Guardia Revolucionaria se impone paulatinamente en el organigrama teocrático.
Las prioridades de cada uno no pueden ser más heterogéneas. El tycoon neoyorquino busca apresuradamente una resolución a su Vietnam particular antes de las elecciones de noviembre, Teherán apuesta por el desgaste y en Tel Aviv el presidente del Likud necesita utilizar la política exterior como señuelo. En este endiablado juego de roles el tiempo puede convertirse en el arma más eficaz y verdadero árbitro del conflicto.
Las cifras no engañan: desde el pasado 28 de febrero Washington pierde dos mil millones de dólares diarios según una investigación del International Centre of Strategic and International Studies (CSIS) (es posible consultar el documento al enlace https://shorturl.at/nCn8e). Los acólitos y seguidores del movimiento Maga y el resto de estadounidenses miran al bolsillo cada vez que rellenan el depósito de sus vehículos. La gasolina ha alcanzado los 5 dólares al galón y el diésel los 6, y el descontento contra la administración republicana ha explotado durante las finales de la NBA en el Madison Square Garden, obligando a Trump a seguir el partido entre los victoriosos Knicks y los jóvenes Spurs desde un reservado. Los disturbios en la Cámara de los Representante son el colofón perfecto a la borrasca que asola el tablero político mundial.
Hace una semana, la CNN contabilizó hasta 38 anuncios falsos de un acuerdo inminente de paz, o mejor dicho del fin de las hostilidades. Quizás los anunciado en Versalles ha sido el trigésimo noveno, aunque esta vez se habían fijado ubicación – Ginebra – y la fecha. Y a pesar de la habitual fanfarronería del líder republicano, todo indica(ba) que Trump había caído en la trampa iraní.
Entre lanzamientos de misiles y acusaciones recíprocas de violar el alto el fuego, con “Bibi” como tercero en discordia y pepito grillo de todos los contratiempos, esta agotadora negociación para devolver una mediana tranquilidad a Oriente Medio demuestra que ni estadounidenses y tampoco los iraníes tienen intención de alargar el conflicto. Pero es incuestionable que después de una toma de decisiones absurda y disparatada – en contra de la opinión de todos sus asesores – es el empresario inmobiliario quién tiene verdaderamente prisa. Sus anuncios compulsivos en el Air Force One o la displicencia que reserva a entrevistadores que se salen del guion anhelado y le aprietan las tuercas difieren completamente del tono más sosegado de los líderes iraníes. Y no se trata de diferencias culturales. Trump necesita el dichoso acuerdo porque es consciente del rechazo interno a sus estrafalarias meteduras de pata. Crece imparable la hostilidad de los votantes de ambos partidos hacia la guerra y su persona.
Irán actúa diversamente y con inteligencia. El estancamiento tiene un coste financiero insostenible para la república teocrática. Esta partida de ajedrez solo puede durar unos meses. Pero el acertado cálculo de los tiempos le consiente negociar como si fuera el vencedor indiscutible de la guerra. Las exhortaciones de tycoon a los iraníes a rebelarse contra los ayatolás han caído en saco roto, No había un movimiento disidente organizado en Teherán y cada día sin un acuerdo refuerza la dictadura islámica y extenúa la presidencia republicana obligándola a hacer concesiones.
Miles de iraníes cansados del yugo teocrático salieron a las calles y arriesgaron sus vidas en nombre de la anhelada libertad. La respuesta del régimen ha sido brutal y desafortunadamente, ha vuelto a unir los destinos de opresores y oprimidos. Según la agencia Bloomberg, dos tercios de los objetivos alcanzados por los cohetes israelíes y norteamericanos desde el 28 de febrero ha sido civiles. Algo similar a lo ocurrido en 1980 durante el ataque de Irak. Quizás todo este sufrimiento no habría estallado si JD Vance o Marco Rubio, que inicialmente no secundaron los planes de Trump, se hubieran documentado para comprender a quién se enfrentaban. Algo más que factible existiendo una vasta bibliografía sobre Irán. En cambio, se limitaron a secundar los planes de un Netanyahu obsesionado con Teherán.
La eliminación de Ali Hoseini Jamenei y de sus más estrecho colaboradores no ha ocasionado la caída del régimen. Como explicado en un anterior redactado (véase enlace https://shorturl.at/GDerF), hubo un reemplazo inmediato y una solución de continuidad, La actual clase dirigente nació después de la Revolución de 1979” y, según el académico Riccardo Redaello de la Universidad Católica de Milán, “su visión nacionalista de la política y de la seguridad está redefiniendo la República Islámica al tratarse de una forma muy diferente de gobernar”.
Si hace una década los ayatolás exigían una responsabilidad principalmente religiosa, ahora mismo lo que más interesa a la Guardia Revolucionaria es un compromiso con la nación. Y sigue sin existir una oposición estructurada que pueda ahondar en esta realidad de nacionalismo compartido. Por lo tanto, Teherán no puede abandonar sus aliados – quienes forman el denominado eje de la resistencia – aunque no les consideren una vanguardia de la revolución islámica. Más bien forman parte de una estrategia de disuasión que obliga a Israel a sabotear cualquier distensión o acuerdo de paz.
El pogromo del 7-O significó un punto de inflexión y el país necesitará tiempo para recuperarse. De momento, la avanzada de los tanques hacia Beirut o la destrucción del enclave palestino sirven al Gobierno para justificar su misma continuidad y aplacar las iras de los ultraortodoxos, “cada vez más influyentes a nivel político y social” en opinión de la ex alcaldesa de Jerusalén Fleur Hassan. “Bibi” es conocedor de que no existe una solución exclusivamente militar para derrotar al Partido de Dios. El país de los cedros es mucho más que la guerrilla chiita, y el problema requiera tiempo y sagacidad diplomática. Netanyahu se refugia en un 69% de los israelíes que pretende mantener el asedio norteño, pero estira un chicle ilusorio y maniqueo.
Quién le hubiera dicho a Trump que en su salón de baile, cuyo valor se ha disparado hasta los 600 millones de dólares y según el Washington Post se financiará al 50% con las aportaciones de los contribuyentes, se aprenderá el Qasemabadi – danza originaria del mar Caspio – a expensas del line dance que resonará en breve en la localidad segoviana de Riaza.