EL RITMO DE LOS CAMBIOS
Empresa privada y sector público
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
|
| Juan B. Lorenzo de Membiela |
La empresa privada no es el paradigma de la gerencia. De ordinario se define con un significado cuando en realidad es una polisemia, tan amplia o tan vacía de contenidos que es imposible reducirla a unas mínimas características comunes. Adolece de defectos que demuestran insuficiencias por varios motivos que el autor expone en la siguiente columna.
La empresa privada no es el paradigma de la gerencia. De ordinario se define con un significado cuando en realidad es una polisemia, tan amplia o tan vacía de contenidos que es imposible reducirla a unas mínimas características comunes. Adolece de defectos que demuestran insuficiencias por varios motivos:
a) No todas la empresas son multinacionales , tampoco corporaciones que requieran de un sistema de gerencia complejo . E incluso grandes empresas carecen de una estrategia directiva que responda a unos mismos diseños de organización eficientes y competitivos .
b) Concurren diversidad de estrategias gestoras que denotan, por esa misma variedad , la insuficiencia de soluciones definitivas de gestión. Todo se encuentra en constante evolución que no significa que la empresa privada se adapte siempre y se adapte bien competitivamente . Por eso hay empresas que se mantienen y otras que desaparecen. Unas que van bien y otras que podrían ir mejor.
Con estos antecedentes querer asimilar la administración pública al concepto « empresa privada » , no deja de ser una metáfora, un deseo y anhelo por un cambio.
La empresa privada como tal es un concepto difuso , vago , impreciso en técnicas directivas. Pero es muy concreto en el logro de rentabilidades y lucha por la ganancia que le permite sobrevivir a cualquier precio.
Por la vía de la rentabilidad, Martín Mendicute ( 1974) apoyó una asimilación que no es fácil. Muchos servicios públicos o los presta el Estado o nadie más podría asumir las pérdidas. Y son esenciales, tanto para algunos ciudadanos necesitados a los que todo Estado debe amparo en su función benefactora. Como para el propio Estado que encuentra en esa función una causa más de legitimación de sus distintos poderes, entre ellos, el de la compulsión y fuerza sobre las personas.
La OCDE ( Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos) y la UE ( Unión Europea) conminaron a las administraciones de los países miembros a una gestión por objetivos y a la calidad total , en los servicios ofrecidos . Resultado de una presión política y académica para racionalizar la maquinaria burócrata. Y se han aplicado. Pero no son suficientes para los desafíos contemporáneos , matizados , además, por una alta incertidumbre financiera.
Hoy, lo económico y financiero , las iniciativas cívicas, las organizaciones civiles , las redes sociales… reclaman más retos a los gobiernos y a sus administraciones . La competitividad es un imperativo necesario para subsistir en una economía global . Y ello necesita ofrecer bienes y servicios de calidad aprovechando la energía con el menor consumo ( eficiencia). Analizar el entorno en donde interactúa, enfatizar el « Know-how » ( el saber hacer) del servicio que se presta, las formas en cómo se realiza el trabajo ( Kerbir, 1998). Y potenciar el conocimiento del personal como recurso estratégico produciendo una disminución en la intensidad del trabajo físico y de la vigilancia de ese trabajo ( Valdaliso y López, 2007).
En definitiva la competitividad marca el ritmo de los cambios. Y afecta a la organización pública y a la privada en su diversidad innumerable .
Una organización para ser competitiva requiere de habilidades adquiridas que permitan explotar los servicios mejor que otras y aumentar su cuota de mercado; compartir con su elemento humano valores y creencias que permitan conocer qué es lo excelente de la empresa frente a otras ( liderazgo) . Situarse en « posiciones estratégicas excelentes » que ofrezcan ventajas competitivas; diferenciarse de otras empresas para adquirir valor. En la actualidad se aprecia la capacidad de reaccionar ante el caos, flexibilizar estructuras potenciando la polivalencia técnica de los operarios .
Estos son los fines , pero ¿ cómo implementarlos en la administración con una normativa que no da muchas concesiones al diseño de la organización?
Junto a estas exigencias concurren otros desafíos: la sostenibilidad y la ecoeficiencia.
La « Agenda 21 » firmada en Rio de Janeiro en 1992, fue firmada por 173 naciones comprometiéndose a implementar en sus estrategias administrativas y económicas valores sobre el respeto y la protección del medio ambiente, la equidad y justicia social y el desarrollo económico equilibrado.
Posteriormente asumido por la Unión Europea bajo la denominación «Hacia un Desarrollo sostenible » que con modificaciones se ha mantenido hasta hoy. Persigue ( § 11 del programa): promover la participación de todos los sectores de la sociedad con ánimo de compartir responsabilidad, incluidas las administraciones públicas, las empresas públicas y privadas y la población en general como ciudadanos y consumidores.
La relación organización - ecoefiencia pretenden:
a) Mejora de la competitividad empresarial.
b) Confianza de los clientes .
c) Control sobre la empresa.
d) Calidad de los productos.
e) Aplicación del derecho de la UE en sus distintas facetas.
f) Implementar la sociedad del conocimiento.
g) Integrar el medio ambiente en todas las políticas sectoriales de la UE y de sus Estados Miembros.
Como vemos muchos son los condicionantes que perjudican la competitividad de las Estados miembros de la UE . En lo privado hay más autonomía y libertad de decisión gerencial pero tampoco ello garantizan resultados siempre positivos.