EDITORIAL
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
Parecía que Esperanza Aguirre se iba de la política cuando abandonaba la presidencia regional, y los marianistas respiraban por el tiempo dado de tregua. Las semanas que han deparado desde que anunció su renuncia “por motivos personales” hasta la actualidad han demostrado que el discurso de la “tigresa” tiene aún mucha más influencia en el partido y en los votantes de lo que se pensaba.
Nadie puede negar a Esperanza Aguirre coherencia con sus planteamientos, que son rigurosos en la aplicación a la vida política. Ella sostiene que en política se “está de paso”, y que hay que tener otras actividades personales y profesionales que permitan el desarrollo personal para no depender de la política de por vida. Y parece además que ella lo ha llevado a la práctica, abandonando en uno de sus mejores momentos la presidencia de la Comunidad Autónoma que le ha dado tantos triunfos al Partido Popular.
Cuando estalló el “caso Gürtel” ella fue una de las primeras en actuar con firmeza. La dimisión de Sepúlveda como alcalde de Pozuelo de Alarcón data de aquellos momentos, y también “liquidó” unos cuantos cargos públicos y pidió el acta de algunos diputados, como López Viejo.
Cuando hoy reclama mayor firmeza por el “affair Ana Mato”, está apuntando una manera de actuar: ella la habría cesado, probablemente, en las veinticuatro horas siguientes a que estallara el caso. No es lo mismo cesar tu, que te obliguen a cesar. Si Ana Mato tiene ahora que dimitir o ser cesada, no es igual que si se hubiera hecho esto hace una semana. Los que lo piden ahora no son solamente tus enemigos políticos, sino incluso los tuyos mismos.
Mariano Rajoy está sufriendo un desgaste innecesario por el proceso de Ana Mato, que se suma a los frentes abiertos del “caso Bárcenas”, pero que se suma también a los frentes sociales y económicos que agobian las calles españolas.
Pero además hoy se está poniendo mucha atención desde la Unión Europea sobre los casos de corrupción política de España, que se extienden como una mancha de aceite por la geografía española. El "modelo español" es ahora del que se quiere huir en Europa y el Gobierno de España debe dar ya muestras de firmeza para que la confianza en las medidas económicas y fiscales que se pretenden aplicar tengan en resultado adecuado, si no queremos que queden en simples cosas que se pusieron en un papel pero que nadie cumple.
Voces como la del ministro José Manuel Soria, acusando a la cúpula del partido de permitir que Bárcenas se enriqueciera con más de 20 millones de euros en un cuenta en Suiza, indican que existe indignación en el seno del Gobierno liderado por Rajoy y que se exige aplicar mano dura. Llegan tiempos difíciles para los políticos, que ya no se arreglan con sobres ni con confeti.