Crear significa traer a la existencia algo inédito con valor. Sin creatividad solamente hay repetición y rutina. Es necesaria para cambiar, mejorar y abrir nuevas perspectivas y horizontes. Y esencial para la subsistencia de organizaciones porque la mercancía al alcance de todos no genera ganancia. El prof. Edward De Bono, centra en la « posibilidad » el origen mismo de lo creativo. Esta circunstancia explica cómo China, hace dos milenios, poseyendo pólvora y cohetes, no conquistara todo el mundo. Los eruditos chinos pensaron que el progreso se alcanzaba de « hecho a hecho », nunca desarrollaron la compleja cuestión de la « posibilidad » o de la «hipótesis » (De Bono, 2012:17-8).
Es decir, no creyeron que pudieran ir más allá porque no visualizaron un futuro distinto al marcado por hechos del presente. Aquí se encuentra el reto del cambio que obliga a romper inercias y abrir perspectivas casi siempre transversales.
Einstein pensaba que la imaginación es más importante que los conocimientos (Leboeuf, 2002:72-3). Y en cierto modo es así, si pensamos que lo creativo rompe el binomio newtoniano acción-reacción, para implantar otro, de naturaleza cuántica, en donde los hechos suceden sin causa previa. Todo nuestro conocimiento obedece a este teorema y de él se desprende lo que llamamos « lógico ». Esta racionalidad excluye lo imprevisible e inaudito creativo, que hasta su materialización, solamente pervive en el limbo imaginario, no sujeto a las reglas de la lógica previsible.
Para Montaigne, la mayor parte de las cosas del mundo ocurren por sí mismas: « acostumbro a dejar al cielo lo fuerte y principal tarea: el resto déjalo a los dioses » (Horacio, carm. 1, 9,9). O también: ya encontrarán los hados su camino (Virgilio, Aen.3, 395). Siranes, el persa, escribió que él es señor de sus ideas y que del éxito de sus empresas lo era la fortuna (Montaigne, 2008:901).
En la innovación, la idea, vulnerable en su nacimiento, necesita de un ímpetu personal que no la haga sucumbir por el medio en donde debe residir. La responsabilidad de su nacimiento se asume por el creativo hasta su final que es su principio, su nacimiento. En las organizaciones es complejo crear porque rompe roles administrativos. La humildad es una fortaleza pero sin embargo nadie quiere asumirla verdaderamente.
En nuestro país, ni la cátedra ni el libro tenían eficiencia social. Nuestro pueblo no admite lo distanciado y solemne. Reina en él puramente lo cotidiano y vulgar. Las formas del aristocratismo «aparte» han sido siempre estériles en esta península. Quien quiera crear algo —y toda creación es aristocracia— tiene que acertar a ser aristócrata en la plazuela (Ortega, 1964:354).
En lo creativo subyace una respuesta filogenética de adaptación al medio para subsistir. Se innova para seguir existiendo. Y ello es reflejo de bondad porque aporta valor de pervivencia, porque como dijo Ortega, no hay maldad creadora: Todo acto perverso es un fenómeno de compensación que busca el ser incapaz de crear un acto espontáneo, auténtico, que brota de su destino.
El adagio popular dice que una mentira hace ciento. La mentira es un ejemplo particular de acción en que el hombre abandona su verdadero ser. Toda verdad del hablar supone la verdad del pensar. Pero no hay verdad en nuestro pensar si no hay una verdad anterior a uno, la verdad de ser, de ser el que auténticamente se es. Y, quién miente en su mismo ser sólo puede sostenerse en la existencia fingiendo un universo falso (1966:79).
Todo lo social está bajo la incertidumbre y el riesgo. También la empresa, pero como aseveró Drucker, el mayor riesgo de todos es no hacer nada (Flaherty, 2001:119). Por eso la innovación es una necesidad constante para evitar riesgos de insolvencia.
La entropía inhibe el cambio en el futuro. Invita al estancamiento porque todos los procesos físicos presentan una tendencia inevitable a desintegrarse a menos que reciban información nueva, aportaciones singulares que impriman dinamismo para no paralizarse y morir. La innovación, desde esta perspectiva, es ritmo, vital, para seguir hacia adelante.
Innovar significa romper con las pautas establecidas. La organización innovadora no puede contar con ningún procedimiento para su coordinación. Por ello, declara Mintberg, deben suprimirse los « adornos » de la estructura burocrática: las divisiones del trabajo, la diferenciación de unidades, los comportamientos formalizados y la importancia de los sistemas de planificación y control (2002:481).
El creativo bordea lo heroico: lo heroico de todo héroe radica siempre en un esfuerzo sobrenatural para resistirse al hábito. La acción heroica es, en todo caso, una aspiración a innovar la vida, a enriquecerla con una nueva manera de obrar. Heroísmo es rompimiento con la tradición, con lo habitual, con la costumbre. El héroe no tiene costumbres; su vida entera es una invención incesante (Ortega y Gasset, 1963:177-8).
«La innovación es considerada actualmente como el ingrediente más importante de cualquier economía moderna -es causa de más de la mitad del crecimiento de América y del Reino Unido-. Es la innovación, más que el capital y el trabajo, lo que hace que el mundo avance […]» («The Economist », de 21-27 de septiembre de 2002).
Las empresas que mantuvieron liderazgo en su sector fueron quienes adaptaron estrategias de innovación de modo continuo. Esa innovación se construyó sobre la explotación de los recursos y capacidades organizativas más distintivas y en las que la alta dirección no perdió el control de lo que sucedía en los diferentes departamentos y/o divisiones (Valdaliso y López, 2007:379). Aunque innovar no solamente se agota en estos aspectos sino que va más allá, a todo cuanto genere valor y supervivencia a la empresa.
- Por Juan B. Lorenzo de Membiela