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VENTANA INDISCRETA

Declarar la guerra a Gibraltar

By José Luis Barceló Mezquita
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jlbarceloelmundofinancierocom/9/9/27
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
Declarar la guerra a Gibraltar
"El asunto de Gibraltar siempre se ha utilizado por los gobiernos españoles como un arma arrojadiza que suele funcionar muy bien cuando lo que se busca es la distracción hacia los verdaderos problemas internos".

El diario La Razón, reconvertido a un amarillismo desconcertante de un tiempo a esta parte, se abría el sábado 19 de mayo en la portada con el titular “Gibraltar en pie de guerra”, informando sobre una actuación de los patrulleros británicos contra unos pescadores que habían traspasado sus aguas territoriales.

Los pequeños barcos de Algeciras habían provocado a la Pérfida Albión acompañados por alguna patrullera de la Guardia Civil, que parece ser que también navegaron algún tiempo por aguas gibraltareñas. El periódico continuaba con comentarios facilones como que el Reino Unido envía la Royal Navy para impresionar a los pesqueros, o que “la colonia advierte de un posible choque militar”. Es posible, La Royal Navy contra los pesqueros. Decir que Gibraltar no tiene aguas territoriales invocando los tratados de 1713, es como decir que el hombre no puede llegar a la Luna con los planos de Leonardo da Vinci. Ya sabemos que Utrecht no reconocía aguas territoriales para Gibraltar, pero después de 1713 ha habido multitud de tratados internacionales, suscritos todos tanto por España como por el Reino Unido, en los que se reconoce el uso de las aguas territoriales y lo que son aguas internacionales. Y precisamente la Bahía de Algeciras es uno de esos lugares facilones de decidir, porque es prácticamente un círculo por el que se traza un diámetro que la divide en dos, y no cabe discusión marítima sobre este asunto, por mucho que Interior dé la orden a las patrulleras de la Guardia Civil de que crucen la frontera acompañando a los pescadores. Eso es una temeridad y una orden ilegal que los agentes cumplen con noble lealtad.

La verdad es que el asunto de Gibraltar siempre se ha utilizado por los gobiernos españoles como un arma arrojadiza que suele funcionar muy bien cuando lo que se busca es la distracción hacia los verdaderos problemas internos. No creo, sinceramente, que Gibraltar esté ahora en el debate de los españoles ni que sea un problema de primera magnitud, como nos pretende hacer creer el Gobierno presidido por Mariano Rajoy.

Otra cosa es que estemos de acuerdo en que dicho territorio, Gibraltar, es una colonia británica anacrónica, la última en territorio europeo y una de las últimas en todo el mundo. Eso no lo discute nadie. Pero de ahí a que estemos “en pie de guerra” con Gibraltar, va un abismo, y que eso suponga una de las primeras prioridades de la política exterior del Gobierno del PP indica el enanismo mental de sus responsables y la cortedad de los planteamientos diplomáticos y de sus objetivos.

La política exterior española está haciendo aguas más que los pescadores de Algeciras. Ha fallado en su diálogo con el gobierno Argentino, tensa ahora innecesariamente las relaciones con el Reino Unido, apuesta todo a una carta con el vecino Sarkozy cuando el que gana es el contrario, y le sale el tiro por la culata con Obama, que no se deja poner las botas en la mesa como hacía Aznar con Bush. Hubiera estado bien la foto de Rajoy fumándose un puro con Obama en el diván, y pensando en declarar la guerra a Gibraltar. Un sueño para Rajoy.

Mi padre, que en paz descanse, le propuso una vez al Caudillo en una de las cinco audiencias que tuvo con él, que declarara la guerra a Gibraltar y que España se dejara invadir. Con eso se resolvería para siempre el llamado “contencioso” de Gibraltar.

Por suerte, Franco no hizo caso a mi padre y hoy la “Pérfida Albión”, mucho que nos pese, es uno de nuestros mejores aliados en el marco de la OTAN. De hecho, y aunque nos parezca sorprendente, Franco no llegó a declarar la guerra nunca a nadie. Esa fue la gran diferencia con los dictadores a los que se le quiere emparentar: Franco fue un militar que ganó una guerra, mientras que Hitler y Mussolini eran unos señores a los que les gustaba vestirse de uniforme y que perdieron la terrible guerra que ellos mismos habían provocado.

Un antepasado mío muy tozudo, el Almirante Antonio Barceló, también convenció a Su Majestad Carlos III para que se las anduviera con Gibraltar a cañonazos, y llegó a inventar varios artilugios de navegación, como lanchas blindadas y buques con enormes cañones a una sola eslora, que se dejaban anclados en la bahía disparando todo el día. Pero no consiguió echar a los ingleses del Peñón.

No seamos tontos y arreglemos el asunto de una vez. Declaremos la guerra a Gibraltar y dejémonos invadir.
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