Lo vivido en los últimos trece meses en Italia deben de ser una excepcionalidad y no una anomalía, un Presidente Monti que surge del apoyo del Parlamento pero que no elegido por los ciudadanos de su País, es una situación que puede darse en una excepcionalidad, crisis aguda política y económica, y las Cámaras se ponen de acuerdo para apoyar un Gobierno técnico o de salvación, con un horizonte definido hasta las siguientes elecciones generales. Convocadas éstas últimas, no procede ya, y debería quedar claro ya, que su actual Presidente Monti, que no se presenta tampoco a las elecciones, deba ser de nuevo Presidente. Monti ha tenido la oportunidad de presentarse con la Coalición de centro del democristiano Casini, de Italia futura del Presidente de Ferrari y del presidente del Congreso Fini, y a optado por no presentarse de acuerdo a su palabra dada hace trece meses, pero si no se somete al veredicto popular no debería volver a ser Presidente aunque las alianzas lo permitieran, ya que de persistir la excepcionalidad podría considerarse una anomalía. La Democracia debe ceñirse mucho más al veredicto de las urnas.
Lo que a mi entender si resulta significativo es que la última reforma electoral de Italia no ha resuelto los problemas de gobernabilidad, y no ha reducido el número de Partidos políticos, como no podía ser de otra forma porque Italia es plural y por tanto debe tener una Ley electoral que represente esa pluralidad del País, sus diversidades regionales o ideológicas deben estar representadas. Que ha sucedido con la actual Ley Electoral, que para poder tener representación ya que es una Ley de corte bipartidista, propicia las coaliciones prelectorales, así hemos visto como El Pueblo de la Libertad de Bersusconi acudía a las urnas en coalición con La Liga Norte y con los ultraderechistas de Fini y la nieta de Musolini la izquierda hizo otra gran coalición que engloba verdes, comunistas y socialistas e incluso partidos democristianos. Los pactos se hacen antes pero los diputados y senadores se distribuyen, y no hay bloques homogéneos sino representaciones dispares. Así hemos vistos las peleas entre aliados, caso de Fini con Berlusconi, Presidente del Parlamento con el entonces Presidente del Gobierno. La ley bipartidista ha resultado ineficaz y hasta tal punto que con ella se ha llegado a una solución excepcional.
Una Ley electoral no va a cambiar la pluralidad de una Nación, e Italia es plural, desde las corrientes democristianas, las liberales, los conservadores, los radicales., los verdes, los socialistas, los comunistas, los nacionalistas de la Liga norte hasta la corriente de Fini antes extrema derecha hoy no se sabe que con el acercamiento a los democristianos de Casani. Las ideologías pueden ser cercanas en algunos caso pero diferentes, Italia se merece una Ley electoral proporcional para que cada partido se le juzgue por su ideología y por su buen hacer, pero lejos de coaliciones oportunistas que no se entienden, como el otrora ultraderechista Fini.
El Presidente Monti es libre como cualquier ciudadano de apoyar a determinados partidos, publica o privadamente, pero no sería bueno que después de ello y sin presentarse Él en persona, buscara apoyos para volver a ser Presidente del Gobierno. Otro caso sería que en su condición de Senador vitalicio, se le propusiese en algún momento como Presidente de la República tras el apoyo suficiente de Partidos. Volviendo al principio, la excepcionalidad debe ser excepción y no norma.
- Juan Zuriarrain es economista y analista político