Para atajar el problema desde la raíz y combatir las carencias educativas en este ámbito, sería muy beneficioso introducir el emprendimiento en el sistema educativo desde los cinco años de edad y a lo largo de todo el recorrido escolar de una forma continua y rigurosa. En vez de enseñar asignaturas tediosas a los niños, se les debería dar desde muy jóvenes unas nociones para aprender a emprender y otras materias creativas obligatorias que fomenten la iniciativa. Todo dirigido a proporcionarles estímulos que les ayuden a pensar en tareas cómo montar una empresa innovadora entre varios, y con el propósito conseguir multiplicar la inteligencia del grupo y el trabajo en equipo. En este sentido, habría que reeducar a los responsables de la educación pública y privada e incitarlos a cambiar su mentalidad, inclinándolos más hacia las nuevas tecnologías y el emprendimiento. Profesores ya formados y convenientemente ayudados por otras personas de diversa índole que se tienen que acercar al sistema educativo para apoyar la intención de los docentes, como expertos, padres, empresarios, e investigadores. Entre todos deberíamos ser capaces de inculcar aspiraciones diferentes a los más pequeños, valorar su creatividad, fomentar su flexibilidad, empujarles a arriesgarse y no tener tanto miedo al fracaso, y enseñarles a ver al empresario como algo positivo.
No cabe duda de la importancia que tiene recibir educación emprendedora desde la escuela y las repercusiones positivas que ello supone en el futuro de estos jóvenes. La Unión Europea lleva al menos desde el año 2000, cuando se aprobó la Estrategia de Lisboa, insistiendo a los países sobre la necesidad de ese tipo de formación, empezando por la Educación Primaria. Hay países como Estados Unidos, Noruega o Gran Bretaña, que llevan decenios destinando importantes cantidades de dinero a sus presupuestos para promover la Educación Emprendedora y que podrían servirnos como ejemplo de partida. Con miras más ambiciosas, en España, deberían implantarse varios programas generalizados que abarcaran desde la edad de 5 años hasta el final del bachillerato, tal como se implantó obligatoriamente la Educación Física en los años 60 a lo largo de todo el sistema educativo. El problema para generalizar la Educación Emprendedora en España, sería convencer tanto a los responsables educativos del Ministerio de Educación como a las 17 Consejerías correspondientes. Tarea que se contempla ardua y difícil.
También más tarde en la universidad sería fundamental el poder continuar con una instrucción de formación emprendedora también obligatoria, pero ya adaptada a las condiciones y necesidades de cada una de las ramas formativas ofrecida, un cambio que parece podría ser demasiado lento. En contraposición a lo que está pasando en nuestras escuelas de negocio, que se están convirtiendo cada vez más rápido en verdaderas impulsoras del emprendimiento y la innovación.
Detectamos también una urgente falta de oferta de prácticas para estudiantes universitarios que necesitan créditos exigidos por el Plan Bolonia. Sería interesante implantar programas de becarios enfocados a proporcionar prácticas de estudio útiles y gratificantes, que establecieran relaciones laborales entre un amplio número de estudiantes destacados y empresas start-ups innovadoras. Unas becas que tratasen por una parte en despertar el emprendimiento y la innovación en la élite de los estudiantes universitarios, y por otra en apoyar a las start-ups innovadoras con potencial de crecimiento en volumen de negocio y plantillas.
Hay una acuciante necesidad para la elaboración de un programa de educación emprendedora aplicable en todas las comunidades autónomas y que englobara desde primaria hasta el bachillerato y la formación profesional. En la actualidad hay bastante desigualdad de una comunidad a otra, además de varios intentos desesperados de muchas organizaciones que tienen programas puntuales, intermitentes y de poca duración que intentan paliar esta carencia generalizada. Existen libros blancos para emprendedores, escuelas de emprendedores extra escolares, programas piloto dentro de las escuelas, jornadas con emprendedores de éxito, premios a jóvenes emprendedores y todo un universo que merece un reconocimiento y aporta su granito de arena, pero que no basta. Entre todos, tenemos que mejorar nuestras competencias en cómo enseñar a emprender y cómo fomentar que nuestros jóvenes emprendan más.
Isabel Echevarría Aburto es Directora de Relaciones Institucionales de la Fundación José Manuel Entrecanales