Primero fue la hegemonía del eje franco-alemán y en la actualidad es el tema en los países en crisis. Las “protestas” contra las normas y reglas económicas impuestas por Bruselas en la zona del euro para afrontar los desarreglos de déficits y deudas están dirigidas a la Merkel de Alemania. ¿Otra dama de hierro? Su famosa frase “No soy una política de consenso. Soy una política de convicción” parecería definirla en su firmeza en la defensa de sus principios y su insistencia en las reformas que entendía necesarias. “El consenso es la política del débil”.
En el mundo del postmodernismo en que el discurso político parecería desplazar el discurso económico y los temas de debate y discusión se reflejan en acciones de políticas públicas en referencia a matrimonios homosexuales, aborto, eutanasia, igualdad, colectivos trasversales, derechos sociales, consenso, pacifismo, ecologismo, inmigración, multiculturalismo, subsidios, ayudas, Margaret Thatcher fue y sin duda en la actualidad seguiría siendo la diferencia.
La crisis financiera ha vuelto la economía al primer plano. Es la misma situación del año 1979 que encontraría Margaret Thatcher. A su salida deja a Gran Bretaña con las cuentas claras. Para la primer ministro sus acciones se fundamentaban en sus convicciones de libertad, trabajo, esfuerzo y responsabilidad individual frente a la cultura del subsidio. Por eso decía “no existe esa cosa que llamamos sociedad, hay individuos, hombres y mujeres y hay familias”.
En el plano global, y en el entorno de los liderazgos de Ronald Reagan y Juan Pablo II formarían una “troika” política en la búsqueda del derrumbe del Imperio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La Dama vería ese derrumbe. A Margaret Thatcher se le ama y se le odia. Pero sin ninguna duda, su legado para el Reino Unido y para la comunidad global quedará en la historia. Es un antes y un después de Margaret Thatcher.