EDITORIAL
¿Cartilla de racionamiento?
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
El imaginario colectivo comienza a vislumbrar en el horizonte colas de personas intentando acceder a los economatos con sus cartillas de racionamiento: alimentos y unas pocas medicinas, quizás algún jarabe reconstituyente que quite el apetito de los niños hambrientos.
El imaginario colectivo comienza a vislumbrar en el horizonte colas de personas intentando acceder a los economatos con sus cartillas de racionamiento: alimentos y unas pocas medicinas, quizás algún jarabe reconstituyente que quite el apetito de los niños hambrientos.
Los recortes anunciados por el Gobierno de España que preside Mariano Rajoy no consiguen aplacar las ansias de control financiero que exigen los mercados. Prima de riesgo y bolsa española sucumben ante los embates de una crisis de va a dejar el país asolado. Algunos análisis vaticinan que España no comenzará a crecer y a recuperarse hasta el 2017. Demasiados años y demasiadas legislaturas por delante.
Las últimas previsiones de FUNCAS no acompañan tampoco al optimismo: nuestra economía retrocederá este año hasta el 1,7%, y aún recortará un 1,5% en 2013, incrementándose durante el ejercicio 2013 la tasa de desempleo hasta el 26%.
Simultáneamente, España se pone al borde del rescate de su sistema bancario: las recomendaciones del FMI por boca de Christine Lagarde, acerca de que las inyecciones de capital deberían poder trasladarse directamente a los bancos sin tener que pasar por el Estado Español, dejan la puerta abierta a los rumores sobre una necesidad imperiosa de ser rescatados. La tasa de morosidad de algunas instituciones llegan a situarse muy por encima de la media, sobrepasando el 8% y en crecimiento.
Paro y congelación del consumo dejan la posibilidad de comenzar a valorar si las medidas emprendidas por el nuevo Gobierno del PP desde primeros de este año, han sido las adecuadas, por mucho que se aplaudan desde el exterior. La constricción del consumo con medidas como la subida generalizada de todos los impuestos, creando incluso algunos nuevos como los que penalizan los medicamentos de la Sanidad Pública, el incremento de las tasas universitarias, la subida de la electricidad y los combustibles, el incremento de los márgenes en el Impuesto de Sociedades y todas las demás, van dirigidas más bien a la necesidad de “hacer caja” que a resolver los problemas de la economía de las familias españolas. Apretando la teta de la cabra que no bebe agua, no se saca leche.
Y en esta situación nos dirigimos hacia un pozo sin fondo, los españoles consumirán aún menos, se recaudará menos IVA, las empresas defraudarán más y el círculo se ampliará. Se requieren ahora medidas urgentes que animen la economía de las familias, y la única manera es inyectando un dinero que no existe.
Lo contrario supondrá el fracaso de las políticas económicas que este Gobierno ha impulsado con tanta ilusión y firmeza, pero en solitario.