Ésa es exactamente la reacción al escuchar a una analfabeta funcional neopodemita asegurar que en España los okupas “no existen” (sic), y que el fenómeno de la inquiokupación es simplemente “un relato de la ultraderecha”. No es que numerosos cargos públicos vivan, como ésta neopodemita, fuera de la realidad, es que están mal acostumbrados a agredir a personas inocentes sin que haya consecuencias, y así se ha provocado en este caso la reacción de indignación total de la Plataforma de Afectados por la Okupación, que representa a miles y miles de familias honradas que tienen la desgracia no sólo de padecer a delincuentes que les han robado su vivienda sino la desgracia paralela de padecer a analfabetas funcionales como esta neopodemita que justifica el delito.
En España, bajo la férula de los tuercebotas que nos gobiernan, se ha normalizado una de las mayores injusticias sociales de las últimas décadas: exactamente el robo de viviendas ajenas. Y lo grave no es el delito en sí, sino la narrativa que lo rodea, como la que ha detallado en forma de rebuzno la referida neopodemita.
Se pretende presentar al okupa poco menos que como víctima y al propietario como un privilegiado, deshumanizado, al que se le puede arrebatar su casa, su ahorro o su herencia sin consecuencias morales, legales o de la índole que fuere.
Es terrible certificar cómo este drama está afectando cada día a familias trabajadoras, a jubilados, a pequeños ahorradores o a padres que con la mejor intención del mundo compraron un piso con décadas de sacrificio para complementar una pensión o ayudar a sus hijos y ahora ven cómo un delincuente se lo arrebata mientras un gobierno canalla y colaboracionista lo justifica.
Ese gobierno canalla, como la analfabeta funcional que sostiene que “no hay okupas” en España, son asquerosamente insensibles ante el infierno económico que sufren miles de familias honradas: pierden el ingreso del alquiler, pero han de seguir pagando los gastos. La hipoteca sigue llegando, también el IBI, la comunidad, los seguros… y esto, cuando muchos de esos propietarios dependen de ese alquiler incluso para vivir.
Seamos francos: cuando el gobierno de tuercebotas que padecemos envía a esas víctimas el mensaje de que deben esperar meses o años para recuperar lo suyo a través de juzgados y tribunales, lo que realmente les está diciendo es: ‘arréglatelas como puedas’.
Pero no es el dinero, siendo grave, lo peor: está el estrés crónico devastador que sufren las víctimas de la ocupación; está una sensación de indefensión que les ahoga; está la ansiedad constante, el insomnio, los ataques de pánico, la hipertensión… las depresiones de quienes terminan medicados, de baja laboral o directamente arruinados física y emocionalmente.
Todo esto existe, todo esto pasa. Como existe y pasa que padecemos, aún, a una banda de mequetrefes al frente de un país, humillando cada día a las víctimas de un fenómeno pavoroso con el que, no cabe ni el menor atisbo de duda, sólo un cambio de gobierno podrá acabar… en horas 24. Negar el daño humano que sufren las víctimas de la okupación no es ignorancia del delito, es complicidad con los delincuentes.