Si los escritores clásicos revivieran hoy no serían unos maleducados 2.0 ni utilizarían Internet para dar la tabarra a los lectores, a los amigos o a cualquier otra víctima incauta de la Red. Y si entráramos en el hoy abandonado género epistolar, no veríamos los ingentes correos electrónicos plagados de errores ortográficos mayúsculos, ya que los escritores antañones cuidaban extremadamente su correspondencia particular.
El ultramoderno escritor virtual es un dilettante de la peor especie que va al gimnasio o al spa para alardear de imagen o frecuenta al estilista para dar bien en la webcam. Su casi exclusiva preocupación es que la gente le adore en el Facebook o que los comentarios de la comunidad virtual le sean favorables en el Twitter. Los instrumentos tecnológicos los utiliza para satisfacer compulsivamente su ego y no sus creaciones literarias: adora ser trending topic en cualquier foro literario o que su editor 2.0 entre en éxtasis ante la presencia en la Red de su figura extravagantemente virtual.
El ególatra escritor en red es un relamido “artista” cuyas armas ya no son el austero lápiz, la sinpar pluma y el papel o el humildísimo BIC, sino todo un arsenal de armas tecnológicas (IPhone, Blackberry, Tablet, Netbook…) que lo convierten en una suerte de androide cabalgando por el infinito de lo virtual. Es un autor que ya no busca experiencias vitales sino que frecuenta la estolidez de los cibercafés o la frialdad de los megastores informáticos donde se solaza orgásmicamente con el último MacIntosh.
Para el escritor tecnológico los buscadores son el becerro de oro al que adoran compulsivamente. Google es el nuevo Dios y él es su profeta. Que nadie intente atacarle en la red porque hará caer sobre el discrepante toda suerte de rayos y truenos informáticos que bloqueen el blog o destrocen los hipertextos de tan osado opositor virtual.
Para el escritor virtual llenar cientos de insulsos folios y generar trilogías, heptalogías o decalogías en un tiempo récord es una tentación a la que sucumbe frecuentemente para que sus personajes se conviertan en iconos de la moda que aparezcan en las revistas del corazón o den nombre a series televisivas insulsas. Es un autor que atormenta al posible lector virtual, que lo manipula descaradamente para que en su subconsciente quede impreso a fuego el libro que luego se lo colocará dócilmente al receptor que ya estará abducido por los mensajes subliminales que previamente a través de las redes habrá lanzado al espacio irreal.
El escritor tecnovirtual es un quiromante 2.0 que a través de campañas devastadoras de mensajes de autobombo doblega las mentes de todo el mundo para conseguir el mayor número potencial de siervolectores en un mundo globalizado. Es un impostor literario centrado en macrocampañas de marketing en red que lee bobaliconamente los cincuenta folios que le ha escrito el último modelo de ordenador inteligente que compró en una Apple Store y que se pregunta angustiado: ¿Y cómo demonios acabo yo ahora la novela, que ya tengo virtualmente vendida, si no tengo ni la más pajolera idea de lo que es la literatura y la creatividad es un arcano indescifrable para mí?
- Luis Sánchez de Movellán de la Riva es Doctor en Derecho y Director de la Vniversitas CEU Senioribvs