MUNDO GLOBAL
Cambiar España
Por Francisco Pineda
By
Francisco Pineda Zamorano
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
Esto de cambiar España no va a ser tarea fácil. Los partidos políticos mayoritarios desde la transición se han encargado de atrincherarse en una Ley electoral que les beneficia, dificultando la aparición de nuevas opciones. Unos partidos (PPSOE) que han crecido de tal forma que en sí mismos se han convertido en un monstruo al que alimentar permanentemente con cargos públicos y prebendas internas, como si se tratara de grandes empresas cuyo fin real es mantenerse como tales.
Muy lejos quedaron en su seno las apuestas serias de modificar realmente la vida de los españoles con una planificación del estado que permitiera situarnos en primera línea en el siglo XXI, cayendo en corrupciones absurdas, creando un oligopolio político, una casta que se ha incrustado en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y gobierno central. Ambos de acuerdo en la máxima de que “más allá de nosotros no existe nada”, se han encargado de desmembrar el estado al tiempo que profundizaban en el desencanto de las masas, magnificando la democracia pero sin democratizarla y optando por el alejamiento de lo político y de la política de los electores. A ambos solo le preocupa el porcentaje de votos obtenidos que se traducirá en concejales, alcaldes, diputados, etc., sin importarles la creciente abstención en las tendencias y sondeos.
Cambiar España no va a ser tarea fácil, pero no es una misión imposible. Pasa, fundamentalmente, por dos estadios. El primero relacionado con la pérdida del miedo de la ciudadanía, haciendo valer su poder de jefes, de electores, para alejar de la primera fila tanto al PP como al PSOE. Y segundo, pérdida del miedo que ha de venir acompañada de un gran compromiso y responsabilidad de los nuevos partidos políticos, que deben abrirse a formas de gestión internas mucho más democráticas, menos viciadas por el poder y el aplastamiento de los que se muevan en sus filas. Crear nuevos monstruos o cambiar unos por otros no nos resuelve ninguna papeleta.
Se corre el riesgo de que los partidos alternativa no sepan estar a la altura de las circunstancias y sigan manipulados y manejados por otras pequeñas elites de la política. Contra ello tenemos que luchar de igual forma que contra los dos mayoritarios. Los ciudadanos ya hemos alcanzado la mayoría de edad de la democracia, ya nos hemos graduado y no podemos permitir que la partidocracia continúe arrinconando nuestra responsabilidad y libertad. Es el tiempo del cambio, profundo y real. Si no aprovechamos este momento para poner a cada uno en su sitio seremos cómplices necesarios de la degradación de la vida política en nuestro país.