Los slogans de que en Europa nos jugamos mucho no cuelan, no hacen mella en una población absolutamente alejada de las instituciones europeas y de unos partidos que han demostrado con creces que lo único que les interesa es el porcentaje de votos que reciban y el número que diputados que obtengan.
El voto en España se va a realizar en clave interna, es decir, pensando a quién castigar o a quién primar (quizás unido a lo primero), para ir dejando muy claro el descontento con el bipartidismo rancio del PP y del PSOE. Ambos partidos son tan parecidos que más bien conformarían dos sectores dentro de un PRI mexicano. Y la gente ya se ha cansado, no los quiere más.
Aquellos que traduzcan ese sentimiento en despegarse y alejarse de su posibilidad de ir a votar, se equivocan. Porque la abstención favorece en exclusividad a los partidos más votados y les da igual que tengan menos votos si al final son los más votados. Si con la abstención lo que se pretende es demostrar un hartazgo a las instituciones y a la Unión Europea, desafección por un proyecto construido desde arriba sin contar con los de abajo, también se equivocan, pues hay en el arco de todos los partidos que se presentan varias opciones , desde los que defienden un cambio radical de la UE hasta los que propugnan que salgamos de la misma.
Así que si te encuentras entre este gran grupo de personas electoras tendrás que pensar que votar a partidos nuevos, emergentes, con capacidad y nuevos aires, puede ser la mejor opción. La abstención también sacraliza y asienta el sistema, no lo pone en cuestión, a no ser que fuese escandalosa en toda Europa.
Mañana toca decidir y cada quién hará lo que estime conveniente. Pero no les quepa duda que todos los partidos saldrán diciendo que han ganado en sus lecturas maquiavélicas de interpretación de los resultados que todos conocemos.
- Francisco Pineda Zamorano es asesor en Relaciones Internacionales y Cooperación