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NAVIDAD SIN BELÉN

Navidad Postmoderna

Navidad Postmoderna

Por Luis Sánchez de Movellán

By Luis Sánchez de Movellán
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
Llevamos ya unos veranos en los que la imagen del calvo del Gordo de Navidad (este año podemos contemplar la pesadilla de un Raphael caballuno o una Caballé escangallada), se nos aparece en el chiringuito playero o en los campos verdeantes. Y lo que ya nos desespera es ver como después del Jalogüín, aparece la fanfarria consumista prenavideña que a finales de Noviembre queda plenamente consolidada con los escaparates rebosando espumillón, luciendo abstracciones paranavideñas y por las rúas algunos borrachos que no quieren perder comba en el coma etílico.


Entrados ya en la Navidad, si paseamos por las calles podremos observar en muchos establecimientos unos Nacimientos postmodernos en los que han desaparecido el Niño, la Virgen, el buenazo de San José, los ángeles, los pastores y hasta el buey y la mula. Sólo quedan los paisajes montañosos, los desiertos polvorientos o unos paisajes indefinidos. Esta decoración pseudonavideña con solamente corcho, musgo o arena es una concesión a la estupidez de los belenes laicos, de la Navidad del descorche.

Con toda probabilidad son una escenificación de ese buenismo que ha intoxicado a las sociedades occidentales y que pretende no incomodar a quienes practican otras religiones. Son una visibilización del progresismo hortera y kitsch que se ha instalado en Occidente y, más especialmente, en España, donde hemos batido ya todos los récords de estulticia y mamarrachismo. El mundo del laicismo siempre ha sido de una estética bobalicona y bubble gum a más no poder. Siempre para orillar la tradición se ha entregado en brazos de lo cursi, de lo minimalista y de lo chicloso.

En muchas ocasiones, para recordar que estamos en lo que tradicionalmente es la Navidad y que ahora pretenden convertir en vacaciones del solsticio de invierno -¡chúpate esa que es de fresa!- aparece un seboso y colesterólico Papá Noël –quién, por cierto, es una invención de los gringos de la zarzaparrilla de Atlanta- que en un alarde de impostura pretende sustituir a los Reyes Magos. Pero no hay comparación posible entre un gordo, con una sonrisa tonta que tira para atrás, y el misterio de unos sabios de Oriente que supieron rápidamente dónde estaba la Verdad.

Frente a los laicistas mandileros, frente a los cursis sacrílegos, uno no puede por menos que mandarlos a paseo y ponerse a montar un Nacimiento comme il faut, con su Misterio, sus serafines y querubines, sus Reyes Magos, sus ovejas y unos pastores que a buen seguro no habían leído a Gramsci ni a Adorno ni a Habermas, ni falta que les hacía para saber que en Belén de Judá había nacido el Redentor.

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