PREOCUPACIÓN CRECIENTE POR SU IMPACTO SOCIAL
Los desastres naturales y los políticos
Por Fernando De Salas (Periodista y Académico Correspondiente de la Real Academia de Doctores de España)
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Anabela Carrión (Viajar)
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
Los Desastres Naturales, en la forma de inundaciones copiosas en las últimas semanas, han incidido notoriamente en el Reino Unido, que ha soliviantado a los ciudadanos de cuyas quejas se ha hecho eco S.M. la Reina Isabel II, que supuestamente ha transcendido al Primer Ministro David Cameron el estado insoportable que las inundaciones habían causado en la población.
Los vecinos de Somerset, al sur de Inglaterra, que ha sido la zona más devastada en Reino Unido por las inundaciones, culparon al Gobierno de actuar mal y tarde ante la negligencia en adoptar medidas para hacer frente a la situación existente. Esto ha sido ya informado por los Medios de Comunicación.
Las crónicas han contado que el río Parrett ha permitido que sus aguas, salidas de su cauce, hayan convertido a Burrowbridge en una isla en medio de los humedales de Somerset y han cortado el tráfico en la carretera A372, pero hay más carreteras cortadas y puentes desaparecidos. Esta inundación es un desastre anunciado que alcanza casas y granjas todos los años. Los vecinos ya están acostumbrados, pero no a que duren dos meses y la zona se haya convertido en un inmenso lago que muestra sólo las copas de los árboles.
Como digo, los vecinos están habituados a las inundaciones, pero no a esta duración desmesurada ante la pasividad de las autoridades. El Gobierno y la Agenda de Medio Ambiente dicen que ellos habían querido dragar el río Parrett, pero no hay dinero.
Estas inundaciones no sólo han ocurrido en el sur de Reino Unido, sino al norte de Escocia, en Londres y en la costa de Norfolk a Kent. Tras el diluvio llegó el viento, con rachas de 180 kms por hora, y las autoridades han llegado a declarar alerta roja. Hay más de 370.000 viviendas sin electricidad a causa del tiempo. Los ferrocarriles costeros no funcionan por cuestiones de seguridad. Al parecer han muerto más de 14 personas.
Pero lo novedoso de estas tormentas es su carácter político. La población ha expresado mayoritariamente a los políticos su falta de reacción ante estos Desastres Naturales y Tecnológicos. Y lo han manifestado tan claramente como en una manifestación laboral con carteles contra el Gobierno. Y la protesta ha traspasado los tabiques de palacio y ha llegado a los oídos reales. Se han producido dos consecuencias:
La primera, que las supuestas críticas reales al Presidente del Gobierno, produjo la activa reacción de Cameron, solicitando la participación del Ejército, como sucede prácticamente en todos los 193 Estados del Mundo cuando se ven “atacados” por un Desastre Natural o Tecnológico. Lo primero que hacen los políticos es ordenar a su Ejército que reaccione ante los daños producidos, salve vidas y evite el mayor número posible de daños a la población.
Si ya tiene organizado Gabinete de Crisis, que solicite ayuda a los Estados próximos. Según cómo haya sido de eficaz la actuación ante la Naturaleza, las vigentes autoridades políticas continuarán en la restauración y en el futuro político, pues las urnas no perdonan. Aquellos políticos que mientras gobiernan no se preocupan de que mejoren las instituciones: Gabinetes de Crisis y los “Cascos Verdes”, para que cuando llegue cualquier Desastre Natural y Tecnológico, funcione cada autoridad en su sitio para dirigir la actividad del gobierno, instituciones y los específicos “Cascos Verdes”, que sepan actuar no sólo durante la actividad de la Naturaleza irritada contra los humanos, sino también durante la reconstrucción. Lo que está ocurriendo en Filipinas ante el tifón Haiyán que, con velocidades de 380 kms por hora, ha arrasado, dejando 10.000 muertos, con cinco ciudades de 200.000 habitantes destruidas. Además de enterrar a los muertos y cuidar a los heridos, hay que alimentar y dar cobijo a quienes no tienen nada. Esto es de vergüenza humana.
La segunda reacción la ha provocado la Corona. Los hijos del Príncipe Carlos, heredero al Trono, los Príncipes Enrique y Guillermo, se unieron como voluntarios a uno de los regimientos militares destacados en Dachet, cerca del Castillo de Windsor, una de las residencias de la reina, para ayudar a paliar esta inundación, producida por la crecida del Támesis. La actuación de los Príncipes ayudando a los soldados a colocar sacos terreros en una zona afectada por la crecida, ha sido muy bien acogida por la población, para compensar las críticas que habían recibido por haber asistido a una cacería en España, unos días antes. El 15 de septiembre, en el informe anual de los Jefes de Estados de las Naciones Unidas, “ninguno” de ellos (España incluida) tuvo la sensibilidad de comunicar en sus discursos la necesidad de estar preocupados y preparados sus respectivos países ante las fuerzas de la Naturaleza, que se presentan como Desastres Naturales y Tecnológicos. Dos meses después han visto las consecuencias. Claro, que éstos son problemas internacionales y no de minúscula y pueblerina política interior a corto plazo.
De dragar los ríos, o condonar las deudas de los “seguros verdes”, como acaba de ocurrir en España, permitir instalar viviendas en zonas susceptibles de inundaciones, etc, es una imprevisión imperdonable.
Toda persona si quiere dedicarse a la política, en cualquier país del mundo, no debe olvidar que, además de la economía, la enseñanza, la salud, etc, en su Programa Electoral, también se tendrá que preocupar de los Desastres Naturales y Tecnológicos, tanto él como su Partido Político, y obligar a Naciones Unidas a que también lo haga, al igual que mantiene los “Cascos Azules” para evitar guerras entre Estados, según dispone la Carta de Naciones Unidas (1945), en sus capítulos VI ”Arreglo pacífico de controversias” y VII “Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión”.