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CRÓNICA DESDE UN PAÍS DE EMPRENDEDORES

Taiwán, el negocio de la conveniencia 企業在台灣

(Foto: Joaquín Cañas)
(Foto: Joaquín Cañas)

Por Joaquín Cañas (Corresponsal de Elmundofinanciero.com en Taiwán)

By Joaquín Cañas (Corresponsal en Taiwán)
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
Taiwán se aparece al viajero y al hombre de negocios como un mundo fascinante. Para muchos de nosotros, ciudadanos de a pie, oír hablar de Taiwán supone todavía algo así como emprender un largo viaje mental hacia un desconocido, opaco, o simplemente ciego lugar situado por ahí cerca de la Mar de la China, el Océano Pacífico, o con suerte un lugar dentro de China, o fuera (no sabemos), cercano a Japón y Corea. La verdad es que Taiwán sigue siendo, a pesar del famoso “made in Taiwan”, un lugar del que no sabemos prácticamente nada. Sabemos de Japón, de Corea, de China… pero ¿Qué hay de aquella isla conocida antiguamente como la Isla de Formosa? Sin darnos cuenta estamos hablando de una pequeña isla, próxima a los 24 millones de habitantes, situada al sureste de China continental, al sur de Corea y Japón, y al norte de Filipinas. Así de sencillo.
Taipéi es una capital donde no falta actividad: goza de unas altísimas cotas de ocupación y gran dinamismo. (Foto: Joaquín Cañas).
Taipéi es una capital donde no falta actividad: goza de unas altísimas cotas de ocupación y gran dinamismo. (Foto: Joaquín Cañas).


Sin embargo, no es mi única intención traer al presente una ubicación, un simple emplazamiento. Quizá sea la vista, el olfato, la intuición, o cada día que paso en Taiwán haciendo vida más allá de mi habitación alquilada en el distrito de Shalu en la ciudad de Taichung, que sólo puedo exclamar: ¡Pero qué diferente, impredecible, inusual y sui géneris se aprecia esta sociedad con respecto a la nuestra! Cada día te sorprendes con algo nuevo, y es que el extranjero, especialmente el occidental, no puede no sorprenderse ante un choque de culturas tan estratosférico. No obstante, quisiera zanjar aquí esa archiconocida cuestión de las superioridades, eso del “abarcamos más y mejor que vosotros” y viceversa, más bien deseo encaminarme hacia un estado mucho más profundo de las cosas, que habla de conveniencias, intuiciones, oportunidades…

Hoy quisiera darme el gusto de adentrarme en el fenómeno de la inmediatez, de lo que calificamos como efectivo, rápido, dinámico, en una palabra el sentido “práctico” del que se alimentan cada día los ciudadanos taiwaneses. En Taiwán hay un negocio que no falla, y además es pisar suelo firme, es el de la conveniencia. Y es que todo está pensado para que resulte conveniente y práctico al ciudadano, al consumidor, al trabajador. Vivir en Taiwán es sinónimo de acostumbrarse a una sociedad que no descansa, que no para de crecer, consumir, crear, intercambiar, innovar. Es una sociedad que se re-inventa continuamente cuando el modelo se agota, precisamente para poder seguir avanzando, porque de eso se trata, de encontrar caminos por los que avanzar para llegar a lugares concretos. No hablo aquí de teorías de meditación, hablo de práctica.

Este mes de septiembre, en una reciente investigación, se situaba a Taiwán dentro de los 30 países con mejor reputación de todo el mundo, dentro del top cinco de países asiáticos. País puntero en los sectores de contenidos digitales y tecnológicos, sectores que suman más del 50% de las exportaciones; puntero en telefonía móvil (marcas como HTC, y especialmente aplicaciones), videojuegos, telecomunicación, computadoras (las compañías fabrican en torno al 85% de portátiles del planeta, el 60% de los tablets), biotecnología y nanotecnología, motos y bicicletas (me darán la razón los amantes del ciclismo)… Por no hablar de la construcción, especialmente en altura, aquí podríamos recordar edificios como el Taipei 101, hasta hace no muchos años el rascacielos más alto del mundo, o el Sky Tower.

Pero, como ya he dicho anteriormente, no creo que sea una cuestión de “sacar pecho, de sacar el cañón más largo”, sino de comprender realmente cuál es el estado de las cosas, el qué tenemos, y de tener bien claras las necesidades, demandas y prioridades del ciudadano. Aquí lo que se hizo fue aplicar el conocimiento aprendido de los americanos que llegaron a la isla en los años setenta, comprar las fábricas que éstos construyeron cuando éstos se marchaban en los ochenta, y explotar todo ese tremendo conocimiento adquirido por medio de los ya instruidos y experimentados ingenieros taiwaneses, hasta sus máximos. Y al final del proceso, lo que nos queda, no es algo malo, sino la suerte de haber aprendido el negocio, un negocio fundamentalmente basado en el impacto del producto, siempre hábil para satisfacer la demanda.

Pero veamos ahora el que bien podría ser el mejor de los ejemplos al respecto, dejando a un lado la tecnología: os presento al 7-eleven. Poco conocido en tierras hispanas, en efecto sólo en México sigue en pie la franquicia, hablamos sin embargo de la cadena más grande de tiendas de conveniencia en el mundo, se dice pronto… Habiendo superado ya en el ranking, junto a Bares-Cafeteria Subway, cadenas como Mc Donald´s, Burguer King o KFC, los 7-eleven son un éxito absoluto en Estados Unidos y en Asia. Y Taiwán, por su parte, se ha convertido en otro de los paraísos del 7-eleven. Desde 1979 y repartidas por todo el país se han ido proyectando sus más de 5.000 tiendas y sólo en lo que va de año la compañía lleva registrados en Taiwán unos ingresos de 138,399,689 NTD (unos tres millones y medio de euros).

No es de exagerar si digo que en Taiwán puedes encontrar una de estas tiendas prácticamente en cada esquina, y que si siguen en pie, será por algo. La gente las quiere, y es precisamente por la velocidad del servicio y la variedad en la oferta: a parte de la comida y bebida, hablamos de cajeros automáticos, fotocopias, pago de facturas (incluso la renta del alquiler), venta de tabaco, tarjetas para transporte y acceso a establecimientos gubernamentales, café, perritos calientes, compra de entradas para el cine, conciertos y otros espectáculos, billetes de tren y autobús, tarjetas de teléfono con acceso a internet, etc… y todo funcionando las 24 horas del día.

Solución: éxito garantizado. A un aceptable precio y ofreciendo un nivel de higiene suficientemente digno, es obvio que todo taiwanés adora el 7-eleven, porque significa rapidez y satisfacción. Así de fácil. De esto ya se daría cuenta años después otra de las grandes franquicias en el sector como es Family Mart, franquicia que concentra la mayor parte del negocio en Asia, empezando por Japón, su origen, pero también muy presente en Taiwán con sus ya más de 2.500 tiendas repartidas. Y detrás les siguen las cadenas Hi-life y Ok Mart, también convenience stores.

En cualquier caso, si lo que uno busca es algo más sofisticado, entonces sólo tendrá que echar mano a la moto o el coche, y dirigirse a un department store, pero a mí que no me quiten la conveniencia del seven, por favor. Claro que el reto siempre va a ser el de igualar aquella balanza entre calidad y conveniencia, pero lo que está claro es que aquí el negocio del servicio rápido no falla y tiene hilo para rato. A fe que si no cambia, será porque están saliendo bien las cosas. Seguiremos de cerca, pues, esos pequeños detalles que hacen de esta sociedad un lugar tan dinámico y especial, tan apañado en aquello que resulta esencial para la vida.
La noche en Taipéi parece no tener fin. Hasta altas horas hay gente por la calle, en cantidades semejantes a las del resto del día, y con permanente actividad comercial. (Foto: Joaquín Cañas).
La noche en Taipéi parece no tener fin. Hasta altas horas hay gente por la calle, en cantidades semejantes a las del resto del día, y con permanente actividad comercial. (Foto: Joaquín Cañas).
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