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LA ATALAYA DE ELDA

BBB +

BBB +

· Por Vicente Vera Esteve

By Vicente Vera Esteve
domingo 01 de noviembre de 2015, 10:11h
Actualizado el: 02 de noviembre de 2015, 17:07h
Estimados lectores, este primer fin de semana de octubre he conseguido tener un subidón de endorfinas, ya saben las hormonas que regulan una mayor o menor felicidad. Una primera buena noticia ha sido conocer la decisión de Standard & Poor´s de conceder a España una mejor calificación de la deuda soberana. Subimos un peldaño más en la tabla de esta compañía calificadora internacional de riesgos, ya nos lo quitó al comienzo de la crisis y ahora nos devuelve ese ascenso motivado por la buena conducta de la economía española. Parece que a juicio de Standard & Poor´s, este país viene haciendo correctamente los deberes y progresa adecuadamente. Solo le preocupa que ante las próximas elecciones se produjera un cambio sustancial por el nuevo gobierno que salga de las urnas, del programa de reformas y consolidación fiscal que sería necesario continuar implementando.
Vicente Vera Esteve
Vicente Vera Esteve



De modo que estamos rebosantes de alegría y estabilidad emocional al ver que saltamos de una nota BBB a una nueva BBB+, vamos por el buen camino y continuamos teniendo acceso al crédito internacional con nuestra prima de riesgo en el umbral de la normalidad. Un segundo acontecimiento que ha provocado una alteración positiva de mi generación de endorfinas ha sido el causado por las sensaciones de felicidad que transmite la soprano ruso-austriaca, inconmensurable ella, Anna Netrebko. Presenciando la representación de la opera verdiana Il trovatore, en directo desde el Metropolitan Opera de Nueva York. Notaba como progresivamente mi actividad hormonal iba in crescendo a medida que el personaje de Leonora clamaba desesperadamente su amor por Manrico.

Es obvio que este estado de agitación hormonal no es permanente y dura lo que dura. Una vez que bajamos a los infiernos de la realidad observo como se va templando esa sensación de placebo y se nos va frunciendo el ceño a medida que penetramos en los círculos complejos del día a día en nuestra economía productiva. Al hilo de esta situación, leemos que en El País una noticia que desde luego ya me gustaría a mi que se tratara de España, pero no es cuestión de conocer los resultados económicos y sociales de vivir en un estado de innovación permanente, y aunque sea difícil creer, ese país no es otro que Suiza. Como es natural lo han estado celebrando a bombo y platillo, ocupar esta primera posición en el ranking mundial de países innovadores es todo un lujo. Desde siempre hemos defendido en esta columna, la necesidad de apostar intensamente por la educación, el desarrollo tecnológico y la innovación.

Suiza ha elegido desde hace ya algún tiempo esta estrategia empresarial como clave para su futuro bienestar. De modo que por todo el trabajo bien hecho en su diseño de la política industrial y educativa, la Oficina para la Propiedad Intelectual Mundial (WIPO) le ha otorgado este premio por mantenerse en el primer puesto del ranking mundial. En España nos pasa aquello que nos cantaba el genial Franco Battiato, en los felices ochenta, todavía andamos buscando un centro de gravedad permanente “que no varíe lo que ahora pienso de las cosas, de la gente, yo necesito un centro dei gravitá permanente”. De modo que mientra seguimos buscando nuestro centro de gravedad, el resto de las economías emergentes o desarrolladas intentan poner los medios para combatir su vulnerabilidad. Conecta con esta actitud el documento publicado por el Servicio de Estudios del Banco de España, en concreto por la Dirección General Adjunta de Asuntos Internacionales.

En dicho magnifico trabajo Imma Alonso y Luís Molina analizan con habilidad una herramienta para el estudio de las vulnerabilidades de las economías. Interpretan mediante el uso de unos indicadores: riesgo soberano, mercados, reales (PIB, inflación tipo de cambio, producción industrial), fiscales, bancarios, riesgo político, estabilidad politica, etc. Utilizando estos indicadores podemos obtener una apreciable información para detectar con antelación los probables o hipotéticos desequilibrios financieros y determinadas crisis sectoriales que podrían poner en peligro la estabilidad económica del país. Esa estabilidad es la que estaba peligrando antes de las elecciones del 27-S. Todos los medios y redes sociales han estado muy pendientes de lo que podría ocurrir en Cataluña si se hubiera producido un resultado más cercano a la mayoría absoluta en cuanto al sí a una independencia radical de los catalanes. Afortunadamente no ha sido así, aunque ahora se ha generado una mayor inquietud por las dificultades para llegar a sensatos y vigorosos acuerdos para gobernar la Generalitat.

Para aquellos que quieran saber más de este tema de actualidad, les recomiendo un libro muy lucido y clarividente del economista e ingeniero Josep Borrell y Joan Llorech, sobre el punto de vista económico de la independencia de Cataluña. Lleva por titulo “Las cuentas y los cuentos de Cataluña”, editado por Anagrama. Expone y detalla de manera sencilla y muy asequible la realidad de lo que nos dicen los políticos, las balanzas fiscales, la realidad de los números, etc. Esencial para entender esto de la independencia, que de repente nos ha complicado la vida a todos. Ahora nos quedan las elecciones generales del 20-D. Otra incertidumbre adicional, entramos en un proceso electoral lleno de incógnitas y conjeturas. Este año si que nos vamos a ganar el turrón, sospecho que vamos a disfrutar con la campaña electoral, al menos vendrá intercalada por los spots publicitarios de los turrones, los juguetes y muñecas, y las burbujas por supuesto.No se que pensarán nuestro vecinos y aliados, pero hasta 2016 no tendremos un país debidamente organizado y gobernado. Ahora que, menos mal que somos país BBB+ y tenemos crédito en el mercado. Confiemos que no sea necesario utilizarlo para pagar la fiesta, vamos a necesitar fondos suficientes para financiar el importante lastre del paro que no ha sido posible reducir ni crear expectativas favorables. Mirémonos en Suiza, pero no en los bancos de inversión sino en su capacidad para crear una economía del conocimiento y la tecnología de la comunicación y otros desarrollos muy diversos. Observen el Global Innovation Index, publicado por los de la WIPO. No tiene desperdicio y ese es el modelo que tendríamos que “copiar” y no otro.

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