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LA ATALAYA DE ELDA

Draghi, desgobierno y felicidad

Draghi, desgobierno y felicidad

· Por Vicente Vera Esteve

By Vicente Vera Esteve
viernes 18 de marzo de 2016, 12:03h
Como estaba previsto nos toca volver a hablar de política, sí, política de rabiosa actualidad. Creo recordar que nunca se ha hablado tanto de esta complicada ciencia social como ahora, a lo largo de este período que dura ya como el vencimiento de una letra de cambio a 90 días. Este inaudito periodo de conversaciones entre partidos políticos para conseguir con éxito una definitiva investidura está provocando una agitación inesperada entre los ciudadanos, es ya un monotema en las conversaciones y tertulias en los bares y cafeterías, en el desayuno o en la merienda así como en los bancos mientras guardamos el turno en la cola para cobra la pensión o el seguro de desempleo o la nomina.



En fin, me da la impresión que ahora se parlamenta más si cabe de chascarrillos de política parlamentaria que de los resultados y encontronazos entre las aficiones futboleras y las disputas por la eficacia de los entrenadores respectivos. Como acostumbran a decir los líderes de las formaciones recién llegadas al circo parlamentario: Son tiempos nuevos. Nueva política. Argumentaba el filosofo Aristóteles que “...el bien supremo es el fin de la Política y ésta pone el máximo empeño en hacer a los ciudadanos de una cierta cualidad y buenos e inclinados a practicar el bien”. Esta reflexión está íntimamente relacionada con el objetivo de la felicidad y la ética de las personas que conviven en una sociedad.

De modo que la vida política y la ciencia de la política tiene como fin la felicidad, queremos decir facilitar el comportamiento ético de las personas. Como concepto teórico me parece correcto, otra cosa es la praxis política y los usos y costumbres en el seno de una democracia burguesa y liberal como la nuestra. Aun así hay Estados que desde hace algún tiempo han creído firmemente en esta línea de pensamiento basada en la felicidad en sentido amplio. Y lo explicaré inmediatamente. Para nosotros los europeos, si queréis los españoles a secas, la felicidad estribaría en crecer al 3,5%, disfrutar de pleno empleo y con una inflación moderada del 2%, seríamos capitanes generales de nuestra república independiente. Naturalmente este sueño será difícil que lo veamos por estos lares en los próximos años. Más bien seguiremos viviendo en un entorno de subsistencia, se mantendrán los salarios devaluados, y si me apuran, aún veremos algunos desahucios y plataformas anticapitalistas y antisistema protestando en las grandes urbes de esta piel de toro.

Esta realidad manifiesta contradice la filosofía aristotélica relativa a la felicidad que deberían trasladarnos los sucesivos gobiernos que tengamos en las próximas legislaturas. Y no cabe aducir ese sofisma tan manido por algunos políticos: la salida de la crisis está a la vuelta de la esquina. Una cosa es predicar y otra dar trigo. Lo de la felicidad nacional lo decía por aquel modelo de economía que se implantó en el reino de Bután, un pequeño país a las faldas del Himalaya y que tiene como vecinos a China e India. El rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck decidió en 1972 modificar el indicador macroeconómico por excelencia que manejan los economistas de todos los países, el Producto Interior Bruto (PIB), por otro mucho más racional, ético y cualitativo.Lo denominó Felicidad Interior Bruta (FIB). Dejaron los bhutaneses a un lado el concepto estrella del crecimiento económico y propiciaron el uso y la práctica de variables tan apreciables como el verdadero desarrollo de la sociedad humana: promoción del desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario, la preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y el establecimiento del buen gobierno. Es decir, nada que no se ambicione en nuestras democracias occidentales. Asumo que este modelo de indicador nos cuesta entenderlo y asumirlo como progresista y favorable para nuestra mentalidad económica, prisionera del crecimiento y del consumo compulsivo.

Hace unos días leía en un diario de los denominados diarios salmón por el color de sus páginas, una noticia que me hizo pensar en todo este ir y venir de políticas económicas, tipo de interés negativo, la expansión fiscal, la debilidad del euro, etc. Al hilo de la celebración de la reunión en el BCE esa semana, en la que el señor del dinero en Europa, Mario Draghi, como siempre manifestaría sus palabras mágicas que garantizarían una renovada estabilidad en los mercados de valores de Londres, Francfort, etc. A resultas de hacer balance sobre la política monetaria expansiva del BCE, desde la entrada en vigor del mecanismo denominado Expansión Cuantitativa (QE), el BCE habría inyectado la friolera de 720.000 millones de € en la compra de activos a los bancos centrales de los países de Europa, inyectando liquidez con la manguera monetaria con el fin de avivar la inflación y reanimar la economía de la eurozona. Y reflexiono con mayor agilidad de lo normal pensando, se puede inyectar semejante cantidad millonaria de euros sin mediar ni una palabra, a los voraces e insaciables bancos,y sin embargo es un grave problema no recuperar el Estado del Bienestar en los países que sufrimos los recortes y consolidación fiscal impuesta por la troika, e incluso lo más inteligente que se les ocurre a estos prebostes de la Unión Europea ha sido dotar a Turquía con 6.000 millones de € y garantizar la acogida de todos los refugiados que no podrán llegar a la Tierra Prometida para empezar una nueva vida alejados de la violencia y la sinrazón moral y política.

Considero profiláctico en estos tiempos de confusión e incertidumbre que nos cultiváramos en la economía política de la felicidad. Como premisa de esta estrategia he de decirles que aquellas sociedades que son más solidarias y tienen menos desigualdades permiten y facilitan el desarrollo de la felicidad mucho más que aquellas que no lo son. Este ha de ser un eficaz mensaje para todos nuestros políticos concentrados en sede parlamentaria. Para ultimar, les recomiendo la película agraciada en la fiesta del cine en Los Angeles (USA), Spotlight (2015) de Thomas McCarthy, para disfrutar del cine de principio a fin, homenaje al periodismo de investigación.Y,en cuanto al objetivo de la felicidad como necesidad vital de país, en una proyección a largo plazo, sugiero tomar algunas lecciones del profesor Tal Ben- Shahar que se ha convertido en un auténtico gurú de la felicidad y ahora es la clase más seguida de EEUU, y de repente está triunfando en todo el mundo contando su técnica para ser feliz, con o sin la ayuda de los políticos. Consuela saber que estamos incluidos en el World Happines Report 2015, ocupando un modesto puesto número 36, eso sí por delante de Japón, Italia, etc. Aún queda mucha felicidad por recorrer.

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