Asegura el informe que en breve tiempo “corremos el peligro de regresar a una época preantibiótica en la que un simple rasguño podría ser fatal”. Los seguidores de la teoría de la conspiración, afirman que se estarían poniendo en marcha la inoculación de virus y bacterias por distintos métodos y medios para obtener un freno comedido a la superpoblación, siendo uno de los métodos más baratos el suministrar los antibióticos para enfermedades menos peligrosas a fin de conseguir la ineficacia en posteriores tratamientos complicados por mutación de las bacterias.
Sobre este asunto, concluye el informe que “hay una resistencia nacional a abordar los riesgos globales que en sí misma comporta un riesgo”. Es decir, orienta sobre la necesidad de que alguien o algo, ante la resistencia de los países, asuma el liderazgo y la acción para frenar los efectos de la complacencia sanitaria. Aquí los conspiradores apuntan que ya existen organismos secretos que, utilizando a ciertas poblaciones pobres y marginales, están poniendo a prueba los efectos de ciertos agentes externos para reducir o frenar el incremento de la población mundial.
Es cierto que en el informe también aparecen otros temas, como la fuga del cambio climático, el aumento significativo de los conocimientos científicos, el uso sin escrúpulos de la geoingeniería o el descubrimiento de vida alienígena. Pero resulta chocante que incluyan en el informe “los altos costos del aumento de la esperanza de vida”, señalando que sufragar los costos asociados con la tercera edad podría convertirse en un grave problema mundial. Como ven estamos en buenas manos.
- Francisco Pineda Zamorano es asesor en Relaciones Internacionales y Cooperación