Desde comienzos de este siglo, o incluso un poco antes del año 2000, el patinete se convirtió en uno de los artículos lúdicos de referencia para un gran número de ciudadanos europeos. También, por supuesto, tal tendencia nos alcanzó en España, y quién no recuerda aquellos años en los que la calle a menudo estaba “infectada” (en el buen sentido de la palabra, claro está) por estos peculiares vehículos de transporte que carecen de motor. Tras unos años en los que su comercialización se expandió, con un incremento paulatino casi cada año en cuanto a las ventas que se registraron para objetos de este tipo, llegó un periodo de no tanta bonanza. Los patinetes, por circunstancias que tal vez algunos de sus creadores ni lleguen a explicarse todavía a día de hoy, dejaron de ser tan rentables para las compañías que trabajan con juguetes, y su demanda se estancó en un principio, para luego reducirse en términos bastante cuantiosos.
Pero ello no significó ni mucho menos el ocaso de este juguete. Puede mirar aquí modelos de patinete con un solo clic desde su ordenador, tablet o Smartphone.
La propia novedad provocó en cierto modo ese tremendo “boom” que experimentaron en la primera década de siglo. Qué duda cabe de que un
producto atractivo, cuando incluye ese componente novedoso, tiene mucho ganado a la hora de posicionarse en el mercado. Y efectivamente, así fue.
Los patinetes, si nos permiten la expresión, se vendieron como churros.
El paso del tiempo sin embargo, les colocó en una situación un tanto más complicada. Especialmente, cuando empezaron a nacer aquellos modelos de patinetes eléctricos que tan de moda se han puesto en los últimos tiempos.
Del mismo modo que sucedió con sus homólogos que carecen de un impulso eléctrico de este tipo, el patinete eléctrico se ubicó en nuestra sociedad con pies firmes.
Pero no todo serían buenas noticias para estas versiones modernas de patinete.
Los usuarios comenzaron a quejarse con el paso del tiempo acerca del funcionamiento de no pocos modelos. En boca de los mismos, se registraban parones de funcionamiento, averías inexplicables, e incluso explosiones. Si bien los modelos que han demostrado ser fiables a ojo del consumidor disponen todavía de buena imagen y óptima posición mercantil, aquellos otros que no han parado de dar problemas (registrados por los propios clientes) han dejado de gozar de esa posición ventajosa con respecto a sus parientes más tradicionales, que en teoría cuentan con una tecnología más austera, pero que presentan otras ventajas como es la práctica de una actividad física continuada cada vez que se saca de paseo.
O, sin ir más lejos, no provoca tantas dudas en cuanto a su funcionamiento. Algo que parece que los consumidores empiecen de nuevo a valorar y contemplar con buenos ojos.
No es casualidad que estas navidades se ha producido un repunte en la venta de estos artículos, y la venta de patinetes clásicos está de nuevo creciendo de forma ostensible si analizamos los distintos volúmenes de ventas del sector.
Toca determinar a 2016 y a los años venideros si este juguete tan recurrido por niños (y no tan niños) sigue ocupando un lugar en nuestras vidas…