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PLENA VIGENCIA EN LA ACTUALIDAD

De Voltaire a la NASA

De Voltaire a la NASA

· Por Luis Morales Rotger - Licenciado en Derecho, Consultor de Desarrollo Organizacional y Factor Humano, Coach de Empresa, Conferenciante y Autor del Libro “El MBA Sin Maestros” (Ediciones Obelisco, 2018)

jueves 24 de enero de 2019, 09:02h
A cuenta de la máxima voltaireiana,“Le mieux est l'ennemi du bien” ( ‘lo mejor es enemigo de lo bueno”), Luis Morales aporta una entretenida y lúcida reflexión, en forma de relato, sobre el mundo de la empresa y nos alerta del peligro que supone la vana –a fuer de letal- pretensión de perseguir “ lo mejor” obteniendo a cambio un encarecimiento de costes y una serie de retrasos, tan lesivos como evitables. Dado que uno de los objetivos finales de nuestros lectores es ser tan eficaces como eficientes en un entorno empresarial, recomendamos encarecidamente la lectura de esta primera entrega de una serie completa de artículos, con vocación práctica, que reflejan la esencia filosófica y vital de nuestro colaborador.
Luis Morales Rotger
Luis Morales Rotger

Lo mejor es enemigo de lo bueno. Esa máxima, atribuida al célebre enciclopedista Voltaire, tiene plena vigencia en la actualidad y se demuestra válida para conseguir la eficiencia de todo proyecto en cualquier sector empresarial, incluso en el de la aeronáutica espacial.

Sirva como prueba la siguiente anécdota acaecida en la década de los sesenta del siglo pasado, durante la carrera por la conquista del espacio

“El 12 de abril de 1961, el teniente de la Fuerza Aérea de la URSS, Yuri Alexéyevich Gagarin, realizó en la nave Vostok el primer vuelo tripulado al espacio de la historia. El primer vuelo orbital estadounidense lo hizo John Glenn en la Friendship 7 el 20 de febrero de 1962. La carrera espacial entre las dos superpotencias surgidas al final de la Segunda Guerra Mundial había comenzado.

Ariel Montessori tenía la habilidad de iniciar sus ponencias con un «input» que captara la atención de su auditorio. Ponía en práctica de ese modo lo que él denominaba la técnica de las tres «C» –captar, conservar y convencer– para transmitir las ideas-fuerza del módulo que impartía en el primer curso del MBA.

Luego de un breve silencio durante el que buscó con la mirada, sin conseguirlo, alguna voluntad de intervenir entre los asistentes, prosiguió:

–La semana pasada, al acabar el debate que sostuvimos para establecer la diferencia entre eficacia y eficiencia, os prometí que hoy comentaríamos un ejemplo práctico y altamente esclarecedor. Como habéis podido adivinar, lo voy a extraer de una de las múltiples anécdotas consecuencia de la pugna entre ambas superpotencias por lograr el liderazgo en la conquista del espacio.

Se detuvo un instante para advertir cómo había captado de nuevo el interés de la audiencia, y continuó:

–Uno de los primeros problemas que se detectaron fue que los bolígrafos que necesitaban utilizar los astronautas no funcionaban en condiciones de gravedad cero. Para hallar una solución, la dirección del proyecto de la NASA contrató a la compañía Andersen Consulting ­–ahora Accenture– como asesores, para estudiar y resolver el problema. Necesitaron un par de años y casi 120 millones de dólares americanos para desarrollar un bolígrafo que escribiese con gravedad cero, hacia abajo y hacia arriba, bajo el agua, sobre cualquier superficie, inclusive el cristal y en un rango de temperaturas que iba desde menos de 0 hasta los 300 grados.

Se produjo otro silencio de tensión, antes de que el profesor culminara:

–Los científicos soviéticos, tras media hora de deliberación y sin desviar ni un rublo de lo presupuestado, consiguieron resolver el problema: utilizarían un lápiz.

El estallido de una carcajada atronó en el hemiciclo.

­ –Señores ­–finalizó Ariel­–, de nuevo se demuestra la mayor eficiencia de la simplicidad sobre la sofisticación. Si priorizamos utilizar los recursos de nuestra propia experiencia, nos ahorraremos costosos asesoramientos.”

En el mundo de la empresa perseguir lo mejor comporta a menudo una importante inversión de esfuerzo, tiempo y dinero que da como resultado sobrecostes y retrasos. Si conseguimos evitar que se produzca el célebre axioma “a la parálisis por el análisis” y finalmente logramos nuestro objetivo, habremos sido eficaces pero no eficientes.

Ya que la eficiencia se define como la eficacia al menor coste, el ejemplo anterior nos ilustra como el equipo científico americano buscando la mejor solución fue eficaz, mientras que el trabajo del equipo científico de la extinta U.R.S.S. consiguiendo la más eficiente fue bueno.

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