LUGAR DE CITAS REALES Y NOVELESCAS
Cafés históricos
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| El café Novelty de Salamanca es uno de los históricos a los que habría que sumar muchísimos otros como el Gijón o el Comercial en Madrid, o el Florian en Venecia. |
Por Gabriel Cortina
martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
“Disfrutar un café con leche en la Plaza Mayor” ha sido una de las frases más repetidas del año. ¿Por qué gustan tanto los cafés? Muchas reuniones de negocios se dan cita en estos lugares. Los cafés son espacios para la fantasía novelesca, pero también fuente de inspiración para empresas humanas de todo tipo, negocios y tertulias. Si se ha adelantado a la cita con un cliente, puede entretenerse leyendo lo que sigue a continuación.
“Disfrutar un café con leche en la Plaza Mayor” ha sido una de las frases más repetidas del año. Si bien la candidatura de los Juegos Olímpicos no se pudo lograr, por lo menos nos queda el consuelo de saber que muchos turistas vienen a disfrutar de un café, acompañados de amigos o de una buena lectura, que en estas fechas de invierno es tan deseado. ¿En qué se justifica el argumento ofrecido por la alcaldesa de Madrid? ¿Por qué gustan tanto los cafés? En mi opinión, los cafés son lugares de encuentros. De hecho, muchas reuniones de negocios se dan cita en estos lugares.
Una de las respuestas más completas las he descubierto en el Discurso de recepción de Antonio Bonet Correa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, que tuvo lugar hace 27 años, en diciembre de 1987. Titulado “Los cafés históricos”, se trata de una de las mejores referencias históricas sobre esos lugares de reunión tan peculiares. Lugares que trascienden para convertirse en un hecho cultural e identitario, tan propio de Madrid, por ejemplo, y de otras ciudades europeas.
Afirma Bonet que las terrazas y los chiringuitos de la Castellana, nos devuelven, transformada, la imagen del Madrid clásico y castizo. Cafés históricos que resumen la historia de la mentalidad colectiva, los cambios del gusto y de la arquitectura, las inquietudes políticas y literarias.
El café actual es el descendiente directo de los viejos cafés ilustrados, de las primitivas botillerías románticas, de los clásicos cafés de la Restauración de los cenáculos modernistas y los vanguardistas bares de los años 30. Su vida está ligada a nuestra historia, constituye una de sus dimensiones urbanas. El Discurso termina con esta certera observación: el café, foro público, universidad viva y abierta, a medias entre la confusión y el tumulto de la calle y el orden y severidad de las Academias, tardará en desaparecer. Al menos, mientras haya hombres que, además de saber degustar un oloroso café, una cordial copa y un aromático puro, encuentren placer en la conversación y comunicación con sus semejantes.
El año pasado Ediciones Cátedra publicó un interesante libro titulado como el discurso de Bonet, “Cafés históricos”. Se trata de una obra ampliada por el propio autor, con detalles de los establecimientos más famosos, así como aquellos que están cargados de resonancias del pasado. Históricos, por los hechos que allí ocurrieron o por los personajes que los frecuentaron; también aquellos que ya no existen porque han desaparecido. Allí vemos los cafés del modernismo, de las vanguardias, el modelo suizo, el cantante, el de las tertulias. También el de la prensa escrita, el de la arquitectura o el de la conspiración. Lo acompañan numerosas ilustraciones, fotografías, cuadros de época y cartelería. Encontramos los más importantes establecimientos franceses, los de Viena y Europa central, los de Italia, Portugal, Inglaterra o los Países Bajos; también de Estados Unidos e Hispanoamérica. España ocupa un capítulo propio y en él aparecen los más destacados de las provincias y de la capital. Para aquellos que deseen profundizar, el lector dispone de una amplia antología poética y de una bibliografía sobre los cafés mencionados.
Aquí están todas las respuestas sobre los cafés; también el que Ana Botella, como alcaldesa de Madrid, mencionaba de su Plaza Mayor, aunque considero más propios los de la Plaza de Oriente. Su arquitectura, sus orígenes, su impronta en la sociedad, sus personajes -muchos de ellos novelescos- entre los que se encontraban escritores, pintores o políticos. Seguro que el lector ha estado en alguno de ellos. Así, en la próxima reunión con un posible cliente, tendrá argumentos para comenzar la conversación, que es la mejor forma para iniciar un buen negocio.