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EXPLOTACIÓN Y PROSPERIDAD EN EL PAÍS CARIBEÑO

Haití y la sombra de su pasado

Por José E. Mosquera

martes 21 de octubre de 2014, 14:31h
José E. Mosquera
José E. Mosquera
Cuando se habla de la pobreza y el atraso de la república de Haití se señala con el dedo acusador de su postración económica y social al racismo externo, a los saqueos y las expoliaciones del colonialismo francés y el imperialismo Norteamericano. Sin embargo, poco se habla de las responsabilidades que tienen las elites negra y mulata y el racismo interno en aquel retardo.



De manera maniqueísta se culpa a los galos, a los gringos, a la discriminación internacional que generó su gesta libertaria, a las políticas neoliberales y a los embargos económicos. Pero se oculta el papel funesto que han tenido los regimenes monárquicos y dictatoriales corruptos, los desaciertos en las políticas económicas y la ineficiencia estatal; al igual que el segregacionismo y la cultura militarista de los haitianos en la pobreza de su país.

Tanto las causas externas como las internas han sido letales para Haití. Ahora, pese a que negros y mulatos lucharon por la independencia, la política segregacionista que implantó la dictadura de Jean-Jacques Dessalines, su primer gobernante, en beneficio exclusivo de los negros con la expulsión de los blancos, la confiscación de sus bienes, la prohibición de tener propiedad en aquel territorio y la política discriminatoria en contra de sus descendientes, freno en cierto modo el avances de las fuerzas productivas.

En la primera Constitución Política se consagró que “ningún blanco, cualquiera que sea su nacionalidad, pondrá un pie sobre este territorio y no podrá en el futuro, adquirir ninguna propiedad” Estas medidas al igual que otras más radicales que limitaron la tenencia de propiedad solamente para negros, no sólo provocaron un profundo descenso en la generación de riqueza, sino un impacto negativo sobre el desarrollo y el crecimiento económico de Haití y, desde luego una encarnizada lucha por el poder entre negros y mulatos que le costo la vida al propio Dessalines y desencadenó una guerra civil que dividió al país en dos Estados.

Uno en el norte controlado por Henri Christophe, un líder negro que se proclamo rey e instauró una autocracia con poderes absoluto, creo una nobleza parasitaria y una cultura militar y caudillista. El otro en el sur, gobernado por Alexander Pétion, un mulato que pretendió estructurar un Estado liberal, garante de las libertades individuales. Luego de la muerte de ambos, Jean Pierre Boyer, un mulato, logró unificar el país, pero fue quién pactó la leonina indemnización con Francia a cambio del reconocimiento de la independencia. Negociado en donde más allá de los intereses económicos de Francia, también estuvieron en juego los de una cofradía de mulatos descendientes de franceses.

Con la unificación del país no cesaron las rivalidades entre las dos corrientes políticas basadas en el color de la piel. Finalmente naufragaron los ideales liberales de Pétion y triunfó la corriente militarista de Christophe. En consecuencia. se acentuó en la administración del Estado la doctrina militarista y autocrática de Christophe con una infausta tradición política que la mayoría de mandatarios no han gobernado en función del desarrollo de una sociedad multiétnica, sino a favor de perpetuar en el poder la hegemonía y los intereses de una élite negra o mulata.

Élites que han explotado con el mismo rasero a la mayoría de la población pobre y marginada, se han enriquecido a costa del erario y han amasado inmensas fortunas que depositan en el exterior, mientras que el pueblo se debate en medio del hambre y el desempleo.

A pesar de haber sido Haití antes de su independencia una colonia agrícola próspera, las medidas que tomaron sus autócratas en el siglo XIX de aislarse del mundo y prohibir la inversión extranjera llevaron a la ruina la economía haitiana. Por lo tanto, su desarrollo agrícola se rezago al no tener acceso a nuevas tecnologías como consecuencia del aislamiento que impidió la incorporación a un mercado internacional en evolución, contario a lo que ocurrió en República Dominicana.

Haití ha sido un Estado insolvente y en permanentes apuros económicos y, por supuesto con una profunda inestabilidad política que explica el récord de 33 golpes de Estado en sus 206 años de independencia. Su crisis económica no es un asunto nuevo, es un problema que data del siglo XIX y sus vicisitudes financieras han sido tan agobiantes que en la primera década del siglo pasado Alemania amenazó con una invasión militar para recuperar los recursos de varios empréstitos. En conclusión: en Haití el pasado no perdona.
  • José E. Mosquera es periodista y escritor.
  • Twitter: @j15mosquera

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