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PROPAGANDA Y TELEVISIÓN

Somos lo que vemos

Somos lo que vemos

· Por Luis Sánchez de Movellán, Doctor en Derecho, profesor y escritor

By Luis Sánchez de Movellán
martes 09 de febrero de 2016, 08:40h
Todavía existen muchos incautos en España que piensan que la tribu de Podemos son un grupo de chavales desarrapados que, por casualidades de la vida, han aparecido en el escenario político nacional, que vienen a salvar a la Patria. Pero la realidad es bien distinta. Son una maquinaria perfectamente engrasada con unos engranajes ideológico-mediáticos milimétricamente sincronizados, que son fruto de una inteligencia instrumental diseñada para encandilar y manipular a una ingente masa acrítica de españoles en orden a generar unas ilusiones vacuas y aparentes. Son una minoría de agitadores, magníficamente dotados para la comunicación, que están emulando las grandes campañas propagandísticas de la década de los treinta del siglo XX.



Los activistas de Podemos han convertido la comunicación, no en un medio, sino en un fin en sí mismo para conseguir inconfesables fines políticos. Toda acción queda supeditada al rendimiento mediático y propagandístico, en el que todo gesto es pormenorizadamente analizado para columbrar las consecuencias que tendrá en la opinión pública. Los procesos comunicativos no se utilizan para transmitir mensajes verdaderos o proyectos duraderos, sino que son procedimientos instrumentales para conseguir pragmáticamente el poder. El fin (la consecución del poder) justifica los medios (manipulación psicológica de las masas y mentiras repetidas como eslóganes).

Recordemos que los dos hombres que han marcado más profundamente, aunque de manera muy distinta, la reciente historia europea son, antes que hombres de Estado y jefes militares, dos genios de la propaganda que proclamaron la supremacía de esta arma moderna: “Lo principal –dijo Lenin- es la agitación y la propaganda en todas las capas del pueblo”. Hitler, por su parte, afirmó: “La propaganda nos permitió alcanzar y conservar el poder y nos dará la posibilidad de conquistar el mundo”.

Media un abismo entre las concepciones leninista y nacionalsocialista de la propaganda. En la perspectiva leninista, la propaganda es la traducción de la táctica, pero las metas que propone, a pesar de ser fines tácticos, no dejan de ser las realmente perseguidas. El nacionalsocialismo corrompió la concepción leninista de la propaganda. Hizo de ella un arma en sí, de la que se sirvió indiferentemente para todos su fines. La propaganda leninista tiene una base racional, aun cuando se relacione con los instintos y los mitos fundamentales, mientras que la nacionalsocialista es más emocional e histérica, más pasional e irreflexiva.

En la pasada gala de los Premios Goya, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, apareció ataviado con un llamativo smoking, pajarita incluida, y vino a transmitir plásticamente un clarísimo mensaje: al Rey se le puede ir a visitar en vaqueros y en mangas de camisa, pues el Jefe del Estado es un Monarca, el representante de una institución caduca, el jefazo de la casta casposa. Pero la gala goyesca es otra cosa; es la fiesta de los cómicos, de las gentes de la farándula, de los activistas de la cultura progreta. El smoking de Pablo Iglesias es el homenaje, intencionado y avieso, a los apóstoles de la acracia cultural. Es la reverencia a los agentes de la cultura subvencionada. Es la entrega estética a los mercenarios del celuloide y de las tablas, frente a un caduco Jefe del Estado que representa los intereses más putrefactos de la casta, surgida del nefando período de la Transición.

Y, por cierto, también Podemos le ha ganado la partida, una vez más, al patético y atrabiliario Pedro Sánchez, que apareció en la Gala de los Goya, totalmente descorbatado y embutido en un trajecillo de Saldos Arias –grave ofensa a la concurrencia de cómicos allí presente- frente al Lenin de Vallecas que compareció revestido de los ornamentos más sagrados de la etiqueta fachosa, para rendir homenaje a los epígonos de la cultura más “engagée”. De una cultura que, en términos estético-marxistas, sólo tiene sentido si ayuda a la consecución de un determinado proyecto político, si permite la construcción de un proyecto político revolucionario de clase.



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