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DERIVAS OMBLIGUISTAS

¿De qué hablan los partidos?

¿De qué hablan los partidos?

· Por Francisco Pineda Zamorano

By Francisco Pineda Zamorano
viernes 05 de agosto de 2016, 09:46h
Llevamos más de 9 meses donde los partidos hablan, exclusivamente, de sí mismos. Igual siempre lo hicieron, pero en este periodo causa hartazgo sus referencias centrípetas alejándose cada vez más de lo que realmente nos puede interesar a la ciudadanía: nuestros problemas. Las purgas internas, las camarillas, los barones territoriales, sus problemas de estructura orgánica, sus medidas internas, los posicionamientos ante las investiduras fallidas y la falta de gobierno. Si creen que eso les interesa a alguien, más allá de a ellos mismos, se equivocan. La proliferación de debates televisivos en varias cadenas publicas y privadas sobre las intencionalidades de cada partido y sus posiciones, sus vergüenzas y luchas fraticidas, llegan a obtener un resultado quizás no deseado: una coraza que comienza a rechazar a una clase política que no habla ni resuelve temas claves como las pensiones, la educación, la sanidad, el empleo de calidad, la vivienda o la dependencia.



Instalados los partidos políticos en esta deriva mediática y ombliguista, cada día perdemos interés por su inopia, alejándonos así de su pretendido debate ciudadano de un país, preocupados por ellos mismos. Sabemos que los partidos son, sobre todo, maquinarias electorales. Y mientras estemos en clave elecciones sus posiciones y mensajes estarán recubiertos de una capa casposa de intencionalidad y rentabilidad. Ahora seguimos atenazados por la posibilidad de unas terceras elecciones generales y por las elecciones vascas y gallegas para el 25 de Septiembre. Ya se ocuparán los partidos de seguir enmarañados en procesos electorales para continuar con su perorata del hastío.

Echamos en falta líderes políticos que apuesten por el debate sobre la realidad que vivimos, que afronten su liderazgo con medidas inteligentes y propuestas sensatas, que trabajen por la participación de la ciudadanía en las soluciones y alternativas comunes que necesitamos. Mientras, lo que nos encontramos, vuelven a ser los sempiternos grupos cerrados que practican el segregacionismo político, cercenando la participación y limitándola a votar en las urnas, a las que llegan a considerar como la expresión suprema del ser en nuestra democracia.

Vamos a tener que cambiar de rumbo, practicar la política directa mucho más frecuentemente en detrimento de la representativa. Asumir las riendas de un diseño participativo que devuelva la política al pueblo y haga recapacitar a los actuales partidos sobre la necesidad de activar un nuevo modelo de entender el funcionamiento institucional en nuestro país. De lo contrario, la fábrica de abstencionistas que actualmente representan los propios partidos políticos, pueden encontrarse con la paradoja de un altísimo porcentaje de la población que se aleje de lo político y de la convocatorias a las urnas. Aunque los porcentajes de votación y abstención a ellos no les importe, ya que seguirán haciendo lo mismo: arrogándose la representatividad que le den los porcentajes de voto obviando cuánta gente vota. Decepcionante.

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