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¿MOTORES DE LA ECONOMÍA JURÍDICA?

Los bancos, la economía y los seguros
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Los bancos, la economía y los seguros

· Por Manuel de Cristobal, Abogado

miércoles 10 de octubre de 2018, 09:32h
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Últimamente, los Bancos se han convertido en el motor de la economía jurídica. El día que se reconoció que un Banco podía equivocarse y, por ello, arruinarse, se comenzó a pensar que sus actos podían no ser siempre correctos, que la supervisión del Banco de España no era garantía suficiente y, por último, que la Asesoría Jurídica de un Banco no estaba por encima de nada, ni de nadie y que podía redactar contratos erróneos, ilegales, abusivos, etc. en todo o en parte. No es nuestro propósito ensañarnos con los Bancos pero es que, ahora, por primera vez, se leen e interpretan sus contratos a la luz de la razón, no bajo el dogma de “lo ha dicho la Asesoría del Banco”. Esto tiene un nombre, “reajuste económico de una pecera añosa” en la que, durante décadas, nadie podía entrar a tratar con los tiburones que contenía. Ahora, se ha descubierto que los tiburones sólo eran carpas y que se pueden pescar, no con caña a la espera, sino con lanza arpones y en persecución.

Este reajuste económico tiene un precio muy alto porque son incontables las operaciones realizadas durante mucho tiempo. En sólo unos años, se están solventando las cuestiones provocadas durante las últimas dos décadas.

Se partía del principio que todo escrito procedente de la Asesoría del Banco era totalmente correcto y que los Bancos podían ampliar su actividad a sectores próximos, con el fin de conseguir mayor mercado. Un buen día comenzaron a montar empresas de seguros, donde los seguros que se contrataban eran los de sus propias operaciones. Algunos lo llaman autorriesgo pero ¿qué valor asegurativo tiene un autoseguro? Dicen que, a principios de los años ochenta, se expropió un gigantesco grupo de empresas por exceso de autorriesgo. ¿Se acuerdan?

Los Bancos comenzaron a obligar a contratar seguros vinculados a los préstamos hipotecarios que ellos mismos concedían. Los seguros se suscribían con las propias empresas del grupo y el seguro formaba parte del crédito, de modo que se incrementaba el crédito y cobraban más intereses y, para colmo, el precio del seguro era superior frente a las aseguradoras no vinculadas con esa entidad bancaria.

Personalmente, como mediador de seguros desde 1996, a vuela pluma, les recomiendo que consulten:

  • Si la prima contratada en su hipoteca era más alta que la de otras empresas aseguradoras de la zona y de la época (en la mayoría de los casos era un seguro de prima única).
  • Cuántos intereses generó incluir la prima en el préstamo.
  • Cuántos gastos se derivaron de incluir la prima en el préstamo, comenzando por el coste del mayor número de páginas de la escritura notarial y terminando por los impuestos derivados de los intereses, eventualmente comisiones de apertura, etc.

Desde el punto de vista del accionista, no se tardará mucho en exigir responsabilidades a la directiva de las empresas, es decir, del Banco, al ver reducido el beneficio. Pocas veces ocurrirá porque pase lo que pase siempre consiguen incrementar beneficios y el accionista no se queja, pero habrá alguna excepción. También aparecerán demandas del accionista contra la dirección por reducir el prestigio del Banco, que siempre es susceptible de empeorar y no tiene un cero absoluto. Siempre puede tener peor consideración, ser mas despreciado, mas odiado, mas . . .

Desde el punto de vista de la sociedad, de los ciudadanos, los usuarios bancarios, las comisiones que no se pagaron durante años, pues los Bancos obtenían beneficios mediante estas prácticas, serán repercutidas a los ciudadanos: vía comisiones que, ahora, si se pagan o vía impuestos reconvertidos en ayudas a la Banca, etc.

Los Bancos intentan reajustar su negocio a la nueva realidad y, en los últimos años, han ido imponiendo objetivos de productividad a sus empleados, objetivos de muy difícil cumplimiento, hasta el punto que los productos bancarios suelen terminar suscritos por los propios empleados, sus familiares, etc., solamente con el fin de conseguir alcanzar ese objetivo, cobrar la productividad, o, simplemente, conservar el trabajo.

El problema de los objetivos es que, aprovechando la posición privilegiada del Banco, algunos empleados han mentido, engañado o exagerado para conseguir alcanzar los objetivos del mes. A fin de cuentas, todas las cláusulas abusivas, las participaciones preferentes, las obligaciones subordinadas, etc., son sólo engaños, mala información al cliente bancario, etc. Puede que la causa haya estado en los propios canales de propaganda y publicidad del Banco hacia sus empleados, al no informarles adecuadamente de algunos aspectos o imponerles la forma de rellenar los “test de conveniencia” o, en su caso, los “test de idoneidad”, etc. O puede que fueran actos autónomos de los propios empleados para conseguir los objetivos impuestos por el Banco.

Si el engaño para alcanzar tal objetivo conseguía una productividad, no puede ser calificado del mismo modo que si representaba aparecer en el próximo ERE. “Engañé para conservar el trabajo” no es lo mismo que “engañé para cobrar productividad”. El responsable, en el primer caso, es la empresa y, en el segundo, el trabajador.

Conseguir un desplazamiento patrimonial mediante engaño es materia penal. La discusión radica en donde está el límite de la exageración comercial o del autobombo del propio producto, o cuándo se sobrepasa ese límite y se entra en el terreno del engaño, bien como delito propio, bien como delito provocado a través de terceros (los empleados a quienes se ha impuesto un objetivo o se ha dado una información insuficiente o errónea) al generar el engaño por no dar la suficiente, y adecuada información a los clientes.

En conclusión, se abre la veda para reajustar los seguros impuestos por los Bancos en los préstamos hipotecarios, contratados con aseguradoras de sus propios grupos empresariales a un coste superior al precio de mercado.

Tras las preferentes, las subordinadas, las cláusulas suelo, las comisiones de apertura, los gastos de notaría, de gestoría, etc., ahora: Los seguros.

Llegará un día en que debamos preguntarnos si los órganos de control de los Bancos, Aseguradoras, etc. no controlaron o, por el contrario, existió un concierto e inteligencia entre todos los actores para conseguir incrementar los beneficios por encima de lo razonable, recurriendo a prácticas que, en el mejor de los casos, pueden calificarse de poco ortodoxas porque todos hacen lo mismo y todos los controladores han permitido las mismas prácticas, que en este momento son los seguros asociados a préstamos bancarios.

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