La muerte sorprendió a Aquilino Duque este septiembre, como vaticinó, joven, en su poema ‘Elegía andaluza’ incluido en su primer libro ‘Calle de la luna’ (1958): «Sé que cuando me muera... que serácualquier día de fines de verano...». Le sobrevive una obra que lo sitúa como uno de los escritores andaluces fundamentales de la segunda mitad del siglo XX, en la que cultivó géneros como la novela, el articulismo, las memorias, el ensayo y, por supuesto, la poesía.
«El lugar de la poesía en mi labor literaria es central y total, ya que para mí la poesía no es un género sino un don o una vocación», afirmaba rotundo. Sin embargo, fue en el terreno de la novela, con obras muy reivindicables, donde logró el galardón literario más importante, el Premio Nacional de Literatura en 1974 por el ‘Mono azul’, una obra sobre la Guerra Civil que Francisco Umbralconsideraba como «resumen de la mejor prosa española».
La naturaleza, con un título imprescindible como ‘El mito de Doñana’ (1977), y los toros también captaron el interés de un escritor que ofreció el pregón taurino de 1998 y ganó en 2015 el VIII premio periodístico taurino Manuel Ramírez de ABC de Sevilla por su artículo «Estado y transición en los toros», publicado en este periódico.
De hecho, las ideas políticas de este autor, que se definía abiertamente como reaccionario y no rehuía las polémicas, así como su alergia a las camarillas literarias son responsables de que le hayan pasado de largo los grandes premios literarios españoles. Buen ejemplo de ello es que desde las instancias oficiales solo haya lamentado su muerte la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico, Patricia del Pozo. Además, Aquilino Duque, como le sucedió a otra compañera de generación como Julia Uceda, fue reconocido tardíamente como autor de referencia.
Los orígenes literarios de Duque y Uceda se remontan a la Generación sevillana del cincuenta, que tomó carta de naturaleza en una velada en el Ateneo en la que participaron también poetas como Manuel Mantero y José María Requena, entre otros. En aquellos años, en los que fundó la revista ‘Aljibe’ (1951) y vieron la luz el mencionado ‘Calle de la luna’ y ‘El campo de la verdad’ (1958), se reveló como un poeta sólido, con una voz propia que seguía la senda neopopularista de Rafael Alberti y el magisterio de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan Ramón Jiménez, como bien señalaba el también poeta Juan Lamillar en el prólogo de ‘La palabra secreta’ (2018), una muy recomendable antología del autor.
Precisamente en su primer poemario figuraba uno de los poemas más celebrados de este escritor y uno de los mejores que han tenido como tema la Semana Santa, ‘El Cachorro en el puente’, con versos tan recordados, cuando no tratados de imitar, como: «Hoy no se pasa: aquí muere Sevilla/mientras tu silueta va en el río/caminando otra vez sobre las aguas...».
En colecciones posteriores, Aquilino Duque iría dotando a su poesía de citas culturalistas y referencias viajeras, que, como señala Lamillar, «preceden y conectan con la poesía que por aquellos años comenzaban a publicar los novísimos». En su poesía última, añadía, el autor fallecido «sin olvidar viajes y lecturas, vuelve a lo esencial, a lo cotidiano», en una escritura dominada por una «calma horaciana».
Esta labor ha tenido una clara influencia en la poesía sevillana, palpable en la obra de Lutgardo García, quien consideró siempre al escritor fallecido como su mentor, y ha continuado también esa «estirpe de Bécquer», recordando el atinado concepto de Fernando Ortiz, que alcanza a también a Jacobo Cortines, el citado Juan Lamillar, Víctor Jiménez y José María Jurado García-Posada, entre otros.